28 de noviembre de 2018 0

Nosotros también tenemos muertos.


Una vez mas nos toca ver el revanchismo ideológico del PSOE, una vez mas vemos como al parecer la historia de España comienza y termina con el General Franco… Resulta pesado para quien escribe entrar en la batalla de la ¨ Memoria Histórica ¨ y ver como una vez mas se falsea la historia y las reacciones que desempeñaron la llama Guerra Civil española. Es de sobra conocido que la II República se alzo con un golpe de estado, con la posterior huida de Alfonso XIII pese a ello vemos como las fuerzas contrarevolucionarias se adaptaron al sistema político el cual no fue fácil debido aquella represión que instauraron los partidos de izquierdas contra los periódicos, sedes y actos que ellos consideraban ilegítimos contra el régimen de la II República.

Hoy nos quieren hacer creer que la II Republica fue un remanso de paz, de valores democráticos y de libertad pero cuando se proclama la II República en España, las instrucciones que llegan de la Santa Sede a los obispos españoles son las de aceptar y colaborar con el Gobierno «para el bien de España». Poco después se desata una dura persecución religiosa. Se vivieron episodios especialmente crueles, como el caso de un religioso al que matan, lo abren en canal y lo cuelgan en el escaparate de una carnicería con un cartel que rezaba «se vende carne de cerdo». Al final de la guerra civil, la Iglesia habló siempre de paz, perdón y reconciliación, y de hecho habló a favor de presos del bando republicano.

Comencemos con este articulo que dividiremos en dos partes, la parte de los mártires de la provincia de Castellón asesinados por miembros del PSOE,PC o milicianos de la CNT.
La segunda parte, cursara de las iglesias que destruyeron,quemaron y profanaron susodichos elementos.

Martires de Castellón

Beatos Francisco Carceller Galindo e Isidoro Bover Oliver, presbíteros y mártires
El 2 de octubre de 1936 fueron llevados al cementerio de Castellón de la Plana,estos dos mártires y allí, ante las tapias, fueron fusilados, exclusivamente por su condición de sacerdotes. Juan Pablo II los beatificó el 1 de octubre de 1995 en el grupo de 13 escolapios y 9 sacerdotes operarios diocesanos martirizados en diversos días y en varios lugares en 1936.

Francisco Carceller Galindo había nacido en Forcall, en la diócesis de Tortosa, provincia de Castellón, el 3 de octubre de 1901 en el seno de una familia muy religiosa. Dos hermanos suyos fueron religiosos agustinos, otros dos fueron escolapios y una hermana fue religiosa dominica. Desde pequeño tuvo mal una pierna y terminó quedándose rígida. Ingresó en la Orden de las Escuelas Pías, y tras hacer la profesión religiosa temporal (10 de agosto de 1919) y la perpetua (8 de diciembre de 1922), y los pertinentes estudios, fue ordenado sacerdote en septiembre de 1925. Su nombre en religión era Francisco de Nuestra Señora de Lourdes. Destinado a varios colegios escolapios de Barcelona: el de San Antón, de 1924 a 1930; y el de Nuestra Señora, de 1930 a 1936, se entregó por completo al ideal de su Orden de transmitir a los jóvenes la piedad y la cultura y fue muy estimado por los alumnos, que comprendían su gran talla como hombre y como sacerdote. Cuando llegó la revolución, estaba en Forcalla con su familia, supo que lo buscaban, se negó a esconderse y afirmó que la mayor gracia que podía Dios hacerle era la del martirio. Era el 29 de agosto y se despidió con entereza de sus padres y familiares. Llevado a la cárcel de Castellón, permaneció allí hasta el día de su martirio.

Isidoro Bover Oliver nació el 4 de mayo de 1890 en Vinarós,hijo de una familia muy religiosa. Fue hermano suyo el jesuita P. José María Bover, célebre por sus trabajos bíblicos. Isidoro pasó su infancia con su tío, el párroco de Benicasim. Ingresó con diez años en el colegio de San José, de Tortosa, y se integró en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Dlocesanos el 12 de agosto de 1910. Estudió teología en Tarragona mientras era prefecto de filósofos. Fue ordenado sacerdote en Vinarós el 8 de septiembre de 1912. Seguidamente fue destinado a México, al seminario de Cuernavaca, trasladado luego a Tacubaya. Expulsado de México, como los demás operarios, en octubre de 1924, es destinado a Tortosa, donde estuvo de prefecto hasta 1934 y luego como director espiritual hasta su muerte, escribiendo mientras tanto mucho en las revistas de su Hermandad y dirigiendo «El Correo Josefino». En 1928 se doctoro en teología. Llegada la revolución de 1936 marchó a su pueblo el 22 de julio, donde fue arrestado y llevado a la cárcel de Castellón, donde permaneció hasta el martirio.

Beata Isabel Calduch Rovira, virgen y mártir
Josefina Calduch Rovira nació en Alcalá de Chivert, el 9 de mayo de 1882, en una familia muy religiosa. Sus padres, para acostumbrarla a las obras de caridad, hacían que fuera ella misma la que diera en la casa las limosnas a los pobres. Pensó primero en contraer matrimonio y aceptó el noviazgo con un joven de su pueblo, pero sintió la llamada del claustro y ella misma rompió la relación. Entró en el convento de capuchinas de Castellón el año 1900, profesando el 28 de abril de 1901 con el nombre de sor Isabel.

Pacífica y amable por temperamento, era una religiosa ejemplar y muy observante. Durante dos trienios fue maestra de novicias. Llegada la guerra, hubo de dejar el monasterio y marchar a su pueblo con su hermano sacerdote, dedicándose a la oración. Arrestada el 13 de abril de 1937, fue fusilada al día siguiente en Cuevas de Vinromá. Su hermano, sacerdote, sería también fusilado más tarde. Fue beatificada el 11 de marzo de 2001.

Beato Enrique García Beltrán, religioso y mártir

El beato Enrique García Beltrán nació en Almazora, el 16 de marzo de 1913. Ingresó al noviciado en Ollería en 1928. Había ya recibido el diaconado, y se preparaba para ser ordenado presbítero. Era jovial y dócil, piadoso, muy devoto de San José, y estudioso de la música. Comenzada la persecución se refugió en su casa paterna, y se preparó serenamente para el martirio, que aceptó con generosidad. Fue asesinado en la Pedrera de Castellón, el 16 de agosto de 1936.

Beato Modesto García Martí, presbítero y mártir
Beato Modesto de Albocácer (en el siglo, Modesto García Martí), sacerdote, nació en Albocásser el 17 de enero de 1880 y fue martirizado en el término municipal de su pueblo el 13 de agosto de 1936. Profesó en la Orden Capuchina el 3 de enero de 1897, y fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1903. Ejerció el ministerio sacerdotal sobre todo en Colombia, y al regresar a España se dedicó especialmente a dar tandas de ejercicios espirituales y al confesonario. Cuando se tuvo que cerrar el convento de Ollería (Valencia), del que era superior, el P. Modesto se refugió en casa de una hermana suya junto con otro hermano de ambos que era sacerdote, mosén Miguel. El 13 de agosto de 1936, Modesto y Miguel fueron arrestados por unos milicianos armados, que los obligaron a caminar delante de ellos; después de andar cosa de un cuarto de hora, llegados a un lugar solitario, los acribillaron a tiros por la espalda.

Beato Matías Cardona Meseguer, presbítero y mártir
Nació en Vallibona,el 23 de diciembre de 1902. Fue monaguillo de la iglesia parroquial de su pueblo, y en la catequesis parroquial oyó hablar de la vocación religiosa y decidió ingresar en la Orden de las Escuelas Pías, lo que hizo en Morella con 12 años. La pobreza de su familia pareció hacerle imposible continuar sus estudios. Pero, una vez hecho el servicio militar, ingresó en el noviciado escolapio de Moiá, al término del cual hizo la profesión religiosa. Prosiguió luego sus estudios para el sacerdocio, que recibió el 11 de abril de 1936 en Calahorra. Fue destinado al colegio de San Antón, de Barcelona.

Al llegar el 18 de julio, inicio de la guerra civil, tuvo que dejar la casa religiosa y se refugió en casa de una tía suya, pasó luego a la de un amigo y, por fin, creyó que donde estaría más seguro sería en su pueblo, a donde llegó el 31 de julio, y fue acogido en casa de su hermana Dolores. Pero, avisado por el alcalde de que corría peligro, se marchó en la mañana del día 17 a la hacienda Casa Cardona. Amenazados su hermana y cuñado si no decían dónde estaba el sacerdote, lo dijeron y allí fueron a buscarle. Conducido al comité de Vallibona, fue encerrado en la cárcel con otro sacerdote. Su hermana lo pudo visitar y llevar comida, pero el día 20 de agosto sacaron a ambos sacerdotes y los llevaron al lugar llamado Pigro del Coll y allí los fusilaron. El P. Matías mientras lo llevaban pronunció palabras de perdón para sus asesinos. A la hora de recibir la descarga abrió los brazos en cruz. Ambos sacerdotes fueron enterrados en el cementerio local. Juan Pablo II le beatificó el 1 de octubre de 1995 en el grupo de 13 escolapios martirizados en diversos días y en varios lugares, de 1936.

José Pascual Carda Saporta, presbítero y mártir

Nace en Villarreal el 29 de octubre de 1893 en una familia muy religiosa. En ese ambiente germina pronto su vocación sacerdotal, e ingresa en el colegio de San José de Tortosa, donde ya estaba su hermano Blas, que también moriría mártir en 1936. Se adhirió a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús. Era aún subdiácono cuando es enviado al seminario de Tarragona como prefecto, y se ordena sacerdote el 25 de mayo de 1918. De ahí marcha al seminario menor de Belchite, de la archidiócesis de Zaragoza, en el que está cuatro años. Vuelve entonces al seminario de Tarragona, esta vez de prefecto de teólogos, y dos años más tarde lo mandan a México, costándole mucho sacrificio dejar España. Pero se aclimató bien a su nuevo destino y llegó a querer mucho a su gente, a la que sirvió en el Templo de San Felipe de Jesús de la capital mexicana, como confesor y predicador, hasta que el gobierno expulsó a los Operarios en febrero de 1926 y entonces volvió a España. Es destinado a Valencia como director espiritual del colegio de vocaciones y en octubre de aquel mismo año 1926 es destinado a Toledo y, un poco más tarde, al seminario de Valladolid como director espiritual. A los dos años va a Zaragoza y en septiembre de 1929 es nombrado rector del seminario de Belchite; al año siguiente se malogra una nueva ida suya a México, desde donde le obligaron a volverse.

Destinado en Valencia, allí vive la trágica noche del 11 de mayo de 1931 cuando tantas iglesias y casas religiosas son dadas al fuego y al saqueo. Se marcha a Burgos y está allí hasta 1934 cuando es nombrado rector del seminario de Ciudad Real. En junio de 1936 estaba dando ejercicios espirituales en Tortosa y al conocer los sucesos del 18 de julio, inicio de la Guerra Civil, volvió rápidamente a Ciudad Real. Como debió dejar el seminario, consiguió pasaporte para su pueblo, pero al bajar del tren el 26 de agosto le esperaban los milicianos y lo llevaron detenido al exconvento de dominicas. El 4 de septiembre lo sacaron en una camioneta y lo fusilaron en las cercanías de Oropesa. A los que iban a fusilarle les dio su reloj y les agradeció el que le dieran el martirio. Fue beatificado por Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995 en el grupo de nueve sacerdotes operarios diocesanos martirizados en diversos días del año 1936.

Beato Recaredo Centelles Abad, presbítero y mártir

Nace en Vall de Uxó, el 23 de mayo de 1904. Educado cristianamente en su casa y en la escuela de su pueblo, resultó un seminarista y un estudiante modelo. El 12 de agosto de 1928, siendo ya clérigo, decidió ingresar en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Corazón de Jesús. Fue ordenado presbítero el 25 de mayo de 1929. Tras estar un tiempo en Tarragona como prefecto del seminario, volvió a Tortosa, donde fue vicedirector de la casa de formación, prefecto del colegio de San José y rector del seminario menor, cargo que desempeñaba cuando le llegó el martirio.

En cuanto estalló la guerra, el 18 de julio de 1936, procuró ante todo que los alumnos marcharan con seguridad a sus casas. Sus familiares vinieron por él, lo llevaron a su pueblo y lo ocultaron en casa de un hermano, donde se dedicó a la oración, preparándose para el posible martirio y animando a las monjas clarisas, allí refugiadas también. El día 2 de octubre fue asesinado su hermano Vicente (también beatificado), que pudo enviar antes una emocionante carta con la que Recaredo se dispuso aun más al martirio. Preparó a la familia para la fiesta de Cristo Rey con un triduo. Y el día de Cristo Rey, 25 de octubre, llegaron por él. Como no abrieron en el acto echaron abajo la puerta, dispararon contra su cuñado y se los llevaron a los dos. Salió de la casa recogido y sereno y con otras personas más fue llevado al cementerio nuevo de Nules y fusilado. No cayó muerto y uno de los milicianos, al ir a darle el tiro de gracia, le dijo que los bendijera. Como había caído sobre el brazo derecho pidió le dieran la vuelta. Pudo entonces bendecirles con la mano derecha y seguidamente recibió un tiro en un ojo que acabó con su vida. Juan Pablo II lo beatificó el 1 de octubre de 1995.

Beato Tobías Borras Romeu, religioso y mártir
El Beato Tobías se llamaba Francisco Borrás Romeu (algunas fuentes dicen Román) nació en San Jorge, en la provincia valenciana de Castellón, el 14 de abril de 1861. Cuando era muy joven, con unos 23 años, se casó, pero el matrimonio duró apenas, ya que su esposa murió de cólera en la epidemia que asoló a España en los ’80 del siglo XIX.

Es entonces cuando ingresa como religioso a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, donde se consagra a los enfermos en distintos centros del país, para ser destinado finalmente al hospital de enfermos mentales que la Orden tenía en Ciempozuelos, Madrid. Allí es arrestado junto con los demás hermanos el 7 de agosto de 1936.

Posiblemente por su edad fue dejado libre, y no formó parte del grupo de sus compañeros asesinado en Paracuellos en noviembre de 1936. Desde Ciempozuelos se trasladó a la casa de la Orden en Valencia, pero allí habían sido asesinados también todos los hermanos. Él fue detenido, no negó su condición de religioso, y por ello fue asesinado el 11 de febrero de 1937.

Cuando se emitió el decreto de beatificación había cierta confusión con la fecha de su martirio, y por eso en algunas biografías figura como muerto el 24 de noviembre de 1936, pero la última edición del Martirologio Romano ha despejado la cuestión inscribiéndolo en su fecha real.

Beatos Juan Jesús Adradas Gonzalo y catorce compañeros, mártires

En Paracuellos del Jarama, cerca de Madrid, en España, beatos Juan Jesús (Mariano) Adradas Gonzalo, presbítero, y catorce compañeros, mártires y religiosos de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, que durante la persecución contra la fe fueron coronados tras gloriosa pasión. He aquí sus nombres: beatos Guillermo (Vicente) Llop Gayá, Clemente Díaz Sahagún, Lázaro (Juan María) Múgica Goiburu, Martiniano (Antonio) Meléndez Sánchez, Pedro María Alcalde Negredo, Julián Plazaola Artola, Hilario (Antonio) Delgado Vílchez, religiosos profesos; Pedro de Alcántara Bemalte Calzado, Juan Alcalde y Alcalde, Isidro Martínez Izquierdo, Angel Sastre Corporales, novicios; José Mora Velasco, presbítero y postulante; José Ruiz Cuesta, postulante; y Eduardo Bautista Jiménez.

Eugenio Laguarda

Estos fueron algunos martires beatificados en el año 2001 beatificados por Juan Pablo II. Dentro de esos nombres no se encontraba el de Eugenio Laguarda, sacerdote que intentaron fusilar unos milicianos pero no consiguieron hacer su fechoria. Este sacerdote fallecio en el año 2005 en la localidad valenciana de Bonrepos.

Aquí plasmamos su testimonio donde no deja dudas de la persecución que se vivió por parte del Frente Popular:

Los hechos que recuerda el padre Laguarda en este testimonio publicado por el semanario de la arquidiócesis de Madrid, Alfa y Omega , tuvieron lugar el 17 de junio de 1938 * * *

¨Yo era muy joven. Siendo ya sacerdote, me enviaron a un pueblo de la provincia de Castellón. A los 15 meses de estar en aquel pueblo, Zucaina, vino la guerra.

Yo me enteraba de las noticias y escondí todas las imágenes de la parroquia en casas particulares, en pajares. Salía de mi casa, pero iba a la iglesia sin tocar la campana: habían matado a muchos curas de los pueblos.

Un día vinieron a matarme, una cuadrilla que iba matando de pueblo en pueblo. Cuando llegaron a Zucaina, encontraron a unos chiquitos, jugando en la plaza, y les preguntaron: “¿Habéis visto al cura?”; les dijeron que no sabían. Y se fueron a un bar pensando que ya no estaba el cura. El señor del bar se enfadó con ellos: “¿Por qué tenéis que matar al cura? Si este cura es muy buena persona”. Dijeron: “¡Basta que sea un cura para que lo matemos! Y se fueron”.

Me enviaron un recado para que supiera lo que había ocurrido, y me preparé esa noche para esconderme en una masía (casa de campo del Levante español), que estaba a más de una hora y media del pueblo, andando. El dueño de la masía era el tío Bernabé, un señor mayor. Estaba amaneciendo cuando llegué. Y, le dije al tío Bernabé: “Ya sabe a lo que vengo, a esconderme”. Y él me contestó: “Es un compromiso muy grande tenerle aquí, nos pueden matar a todos”. Le dije: “Mire, tío Bernabé, yo no le he dicho a nadie que venía aquí. Así que, si ustedes no dicen nada a nadie, no pasará nada”.

Ya estaba amaneciendo el día. Entonces, la mujer, al escucharnos, llamó a su marido desde la cama: “Bernabé, Bernabé, ¿quién es?”. Dijo él: “El cura”. Preguntó la mujer: “¿El cura? Pero si los han matado a todos. ¿Qué quería el cura?”.

Respondió el tío Bernabé: “Que le tengamos aquí escondido hasta que pase todo esto. Le he dicho que puede quedarse siete u ocho días, pero nada más, porque es un compromiso muy grande”. Y dijo ella: “¡Nada de eso, no unos días, sino todo el tiempo que haga falta!”. Y como en las casas mandan las mujeres más que el marido, me acogieron.

Nadie sabía que estaba allí, pero, como pensaban meter dos compañías de soldados en aquella masía, me marché por las montañas, camino de Valencia. Y al pasar cerca de Segorbe, me cogió una pareja de soldados. Iban buscando a un preso que se había escapado. Y me preguntaron: “¿Dónde va usted?”. Dije: “A Valencia”. Y enseguida pensaron mal de mí. “¡Dinos la verdad! ¿Quién eres?”. Entonces, dije que era sacerdote.

Me cogieron de los brazos, me registraron y encontraron el breviario. Uno de ellos me pegó un culatazo en la cara, me rompió la nariz y me dejó el ojo izquierdo sin vista durante tres meses. Caí en tierra. Me pegaban y me hacían levantarme, hasta que ya no pude. Y, entonces, uno de ellos me dio un tiro en la cabeza. La bala me entró por debajo del ojo izquierdo, me atravesó el paladar, la lengua, el cuello y quedó alojada en el pulmón. El otro le dijo que me volviera a dar otro tiro, porque estaba vivo, pero ya no me lo dio. Me echaron a un barranquito cerca de la carretera. Yo oía cómo se iban, riéndose de cómo yo rezaba a la Virgen.

Cuando se perdieron sus voces, intenté subir a la carretera y, al ponerme de pie, me caí. Estaba muy grave. Me dije: “Es preciso subir a la carretera”. Subí a gatas, cogiéndome a la hierba, poquito a poco, y, por fin, llegué a la carretera. Enseguida se formó un charco de sangre. La gente pasaba de largo y, por fin, pasó un autobús. Eran las doce de la noche. Como la carretera era algo estrecha y el autobús era ancho, pararon y bajaron. Les dije que era sacerdote y que me habían martirizado. No sabían qué hacer; por fin, me cargaron al autobús y me llevaron hacia Castellón para dejarme en un hospital. Estaba muy herido.

Y al pasar por Náquera, a la una de la mañana, estaban los dos matones sentados en la carretera; pararon el autobús y hablaron con el chófer. Yo iba en los asientos de los pasajeros, muriéndome: “¿Dónde vas ahora?”, preguntaron al chófer. “Voy al hospital, a llevar a un herido que he recogido allí arriba. Un sacerdote”. Ellos gritaron: “¡Es el sacerdote que nosotros hemos matado! ¿Aún vive? Hay que acabar con él”. Pero, por fin, el chófer se impuso, los dos matones se quedaron allí, y me llevó a Castellón. Enseguida me recibieron en el hospital.

Cuando terminó la guerra, juzgaron a esos dos matones y los condenaron a muerte. Y, estando ya en Zucaina, vinieron a verme el padre de uno y la madre del otro, y se arrodillaron en cruz delante de mí, diciéndome: “Padrecito, tenga compasión de nuestros hijos, que están en la cárcel y los van a matar por lo que le hicieron a usted”.

Enseguida, cogí un papel y escribí al juez, diciéndole que yo estaba bien y que quería que les quitaran la pena de muerte. Y, al ver el documento con mi firma, les conmutaron la pena. No sé si aún vivirán, ha pasado mucho tiempo. Estoy muy agradecido a Jesús porque me salvó la vida. Ahora, me llaman el muerto resucitado.

El lector puede observar gracias al testimonio del padre Eugenio la misericordia y la bondad que emana de el, perdonando la vida de sus asesinos. ¡ Que diferencia con la tortura y crueldad,sin juicio justo y sin piedad con la que asesinaban en la zona roja!

Iglesias destruidas en la provincia de Castellón.

Es imposible enumerar los asaltos republicanos contra obras o templos religiosos, ya que no cabe en un articulo, y la enumeración completa es casi físicamente imposible, pues prácticamente todos los pueblos sufrieron el asalto de milicianos milicianas republicanos, por lo que lo que a continuación sigue es sólo una muestra de lo que ocurrió en la zona republicana respecto a cientos de muestras culturales y religiosas, por acción de los milicianos y milicianas republicanos, sin que NUNCA hubiera un detenido o juzgado por los irreparables daños cometidos a nuestra historia cultural y artística. ¿Sería tan silenciado si hubiera sido obra del bando nacional? Aún hoy se silencia o dulcifica con expresiones como “el incendio que hubo en el 36“, o “el incendio que se produjo en el 36”, pero nunca se habla de quién lo provocó y el por qué. Insisto que ni están todos los municipios que sufrieron estas salvajes destrucciones, ni tampoco están en cada municipio todos los monumentos que sufrieron un daño.

MÁS DEL 90% de las imágenes patronales de los pueblos y ciudades de la provincia de Castellón fueron destruidas:

ALCALÁ DE CHIVERT.-

I glesia-Torre del Campanario (S.XVIII). – En el asalto de partidarios de la República desaparecieron la mayoría de los altares y lienzos.

ALQUERÍAS DEL NIÑO PERDIDO

.- Ntra.Sra. del Niño Perdido. En 1936 milicianos republicanos serraron las cabezas de la Virgen y el niño, colocándose en 1939 a la imagen actual que talló Pascual Amorós.

BENICASIM.

– Iglesia parroquial (S.XVIII). – Asaltada en el 36, entre otras cosas interesantes, se perdió el lienzo que representaba a San Martín, de José Camarón y Boronat (1731-1803), por lo que el que ahora hay es una sustitución de 1945 de mala calidad. El templo fue confiscado por los republicanos españoles que lo usaron de almacén, para lo que destruyeron los altares laterales y el púlpito. De paso dañaron muchos lienzos, que intentaron ser restaurados tras la guerra.

BURRIANA.

– Ex convento de la Merced.- En el asalto republicano se perdió entre otras cosas un lienzo del siglo XVII que representaba la efigie de fray Gabriel Ripollés.

Iglesia parroquial del Salvador (S.XIV).– Asalto en que se pierde la portada dedicada a Madona Santa María cuya imagen presidía el parteluz. Los milicianos y milicianas asaltantes expoliaron, es decir, robaron, el templo y destruyeron entre otras cosas, el retablo renacentista. La voladura de la Torre de Campanas por las tropas republicanas en su huida hacia Nules la noche del 5 de julio de 1938 produjo el hundimiento de las bóvedas de la nave y la cúpula de la Capilla de la comunión. La voladura se hizo con 32 cajas de dinamita que habían situado a las órdenes de un artificiero mejicano, entre el segundo y tercer cuerpo de la torre de las campanas. En estas destrucciones también se dañaron las viviendas vecinas a los templos.

CASTELLÓN DE LA PLANA.

– Iglesia de Sta. María La Mayor (S.XIII).- Templo gótico, de medianas proporciones, realizado en sillería, que fue DEMOLIDO por acuerdo del ayuntamiento republicano de 17 de noviembre de 1936 basado en una injustificable finalidad de finalidad moral, y del que tan sólo restan, tras el intento de reconstrucción monumental, escasas muestras, como alguna clave de bóveda y las tres puertas de acceso. El templo había sido declarado Monumento Histórico Artístico Nacional por la propia República (3/6/1934). En Castellón se destrozó la venerada imagen de la virgen del Lidón.

CATÍ

– Hospital y su capilla.- Asaltados en 1936 se perdió una escultura valiosa de la Santísima Trinidad.

CAUDIEL.

– Ntra.Sra. del Niño Perdido. Fue destruida el 11 de agosto de 1936, siendo la actual tallada en 1936 por Pío Mollar.

NULES.

– Templo de los Carmelitas Descalzos (S.XVII).- Fue asaltada por los milicianos por lo que se restauró la iglesia en 1943 por el Departamento de Regiones Devastadas.

Campanario del templo de San Bartolomé.- El 7 de julio de 1938, las tropas republicanas prendieron fuego a una gran carga de dinamita que, previamente, habían situado en el refugio que comunicaba por debajo del Campanario del templo, la plaza Mayor con la de la Soledad. La explosión elevó verticalmente la torre, estrellándose los cascotes y piedras sobre la bóveda que se derruyó en su totalidad, así como diversas viviendas próximas.

SAN MATEO.

– Iglesia de San Mateo (S.XIII).- Fue asaltada y destruida por los republicanos en 1936.

SEGORBE.

– Seminario y colegio Jesuitas (S.XVII).- Fue asaltado y destruidos los altares, tallas y cuadros. Además destruyeron el sepulcro del fundador y patrocinador Pedro Miralles.

TORREBLANCA.

– Calvario (S.XIV).- Fue asaltada por lo que la actual imagen del Cristo del Calvario de madera es obra de Carmelo Vicent por haber sido destruida la original en 1936.

TRAIGUERA.

– Real Santuario de la Virgen de la Salud (S.XVI) Asaltada también por los milicianos y milicianas y destruido por lo que la actual imagen de la Virgen de pie con el niño sobre el brazo izquierdo, mostrando ambos en la mano una manzana es una copia del original destruido por los republicanos.

VILLAFAMÉS.

– Iglesia de la Asunción (S.XVI) Asaltada por los milicianos que la destruyeron sus altares, conservando el retablo mayor.

VILLARREAL.

– San Pascual Bailón (S.XVII) fue destruido el sepulcro relicario el 13 de agosto de 1936 y sus venerables restos arrojados miserablemente por milicianos republicanos a una hoguera.

VINAROZ.-

Iglesia de la Asunción (S.XVII) Asaltada en 1936 por lo que la imagen de Ntra. Sra. de la Asunción hubo de ser renovada, dañándose también mobiliario de la iglesia, entre ellos el retablo renacentista de Pere Dospa y una dolorosa de Esteve Bonet, así como los retablos y pinturas que han sido renovados por piezas de escaso valor artístico.

Iglesia de San Agustín (S.XVI).- El templo fue destruido en 1936 por los republicanos hasta el punto de que sólo se pudo usar para el culto eventualmente dándose la última misa en 1975.

ZORITA DEL MAESTRAZGO.

– Santuario (S.XVI).- Fue asaltado en 1936 en cuyo asalto se destruyeron todos los antiguos altares y la primitiva imagen de la virgen, todo lo cual tuvo que sustituirse por modernos.

Como el lector habrá podido observar faltan cientos de testimonios de mártires de la provincia de Castellón pero es imposible resumir en un solo articulo todos los crímenes que desataron la Guerra Civil, pero resulta paradójico que hoy en día nos quieran vender que los golpistas de 1931 fueron unos demócratas de pro cuando los datos aportados demuestran todo lo contrario. Merecería un articulo aparte como se menciono al principio, el cierre de diarios tradicionalistas como ¨ La Provincia Nueva de Castellón¨.

También hemos obviado la represión que sufrió el carlismo durante la II República y que se debería hacer un segundo articulo sobre el tema para tener un acercamiento a los efectos de la represión revolucionaria de 1936-38 sobre el carlismo de la provincia, con más de quinientos asesinados (un 50% del total).

Es de destacar la gran presencia del carlismo en todas las comarcas de Castellón: cuarenta y seis Juntas Locales, cincuenta Delegaciones Locales, quince Juntas de Juventudes, diez Juntas del Requeté (con cinco Tercios -3700 requetés- organizados), treinta y dos de La Margarita y veintiún Círculos Tradicionalistas (en Alcalà de Xivert, Alcora, Almassora, Alquerías del Niño Perdido, Altura, Artana, Atzeneta, Benicarló, Benicasim, Burriana, Càlig, Castellón, Cinctorres, Morella, Nules, Sant Mateu, Segorbe, Vall d´Uixò, Vallibona, Vilafranca del Cid y Vila-real).

Aún siendo todas estas entidades tradicionalistas importantes, sin duda los Círculos ejercieron una impresionante labor de socialización política a través de sus variadas actividades: en ellos se fomentaban los lazos de unión entre correligionarios y eran un medio para conseguir la transmisión de los ideales carlistas a la sociedad. Eran centros de recreo y en ellos se jugaba a cartas, al dominó o al billar, pero también eran centros instructivos, formativos y de difusión de los principios tradicionalistas, y para ello se realizaban y fomentaban actividades de todo tipo: obras de teatro, recitación de poesías, actos religiosos, interpretaciones musicales, actos políticos, etc.

Mucho se ha hablado y escrito del carlismo sobre su vertiente militar y guerrera, de sus partidas armadas y sus cabecillas, de sus generales y soldados, de sus batallas, de la sangre vertida en la lucha; pero muy poco de su organización política, de sus entidades, de sus actividades en tiempo de paz, de su participación en elecciones o de su capacidad de movilización y socialización política.
Falta mucho por descubrir y recuperar de la historia política y social del carlismo de los años de la II República en Castellón y en el Reino de Valencia en general. Queda abierto un amplio campo para trabajar y poder rescatar del olvido la memoria y la historia carlista de aquellos años, así como a sus protagonistas.

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