30 de noviembre de 2018 0

La tradición del calendario de Adviento


Si la Navidad se ha convertido, como quiere una fórmula común, en «una fiesta comercial», el calendario de Adviento es, sin duda, uno de sus signos más elocuentes. Cada año, apenas unos días después de Todos los Santos, los estantes de los supermercados se llenan ya con muñecas de princesas Disney y otros superhéroes americanos. Y si las hermosas imágenes tras las contraventanas de cartón, ya han dejado, y a veces desde hace mucho tiempo, lugar al chocolate, el negocio del calendario del Adviento se ha abierto a muchos otros productos, como las cápsulas de café, botellas de cerveza o incluso productos cosméticos. Este año, en Canadá, una pequeña empresa familiar se ha visto superada por el éxito de sus calendarios de Adviento provisto de bizcochos con…cannabis. ¿Ha dicho usted «espíritu de Navidad»?

Sin embargo, se trata sobre todo de una tradición cristiana, destinada a acompañar a los niños durante el periodo del Adviento. Tiene sus orígenes en el siglo XIX, en las familias protestantes alemanas, en las que cada mañana durante este periodo se les daba a los niños imágenes piadosas. También es alemán el editor Gerhard Lang, que tuvo la idea de comercializar en 1908 los primeros calendarios decorados con pequeños dibujos. En los años 20 hacen su aparición las pequeñas ventanas de cartón. En cuanto a la versión «chocolate», su creación no es tan reciente, pues se remonta a los años 50.

¿Por qué un calendario?

El Adviento es, por excelencia, el tiempo litúrgico de la espera. A partir del cuarto domingo antes de Navidad, los católicos se preparan a «la venida» (es el origen de la palabra Adviento) del Mesías prometido a los hombres desde el pecado original de Adán y Eva, en la noche de Navidad. Se trata de celebrar, seguramente, el nacimiento del Niño Jesús en Belén, pero también su venida en el corazón de los fieles.

La espera durante el Adviento es también una llamada a velar: durante este periodo, los cristianos recuerdan que esperan la vuelta de Jesús entre los hombres, al final de los tiempos. Es, además, lo que recuerdan las lecturas de los domingos de Adviento. «Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento», prevenía Cristo (evangelio de Marcos 13, 33-37). «Preparad el camino al Señor», exhorta el libro de Isaías (40, 1-5). «El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos», subraya, aún más explícitamente, san Pedro en la segunda epístola (3, 8-14). «Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia». En este periodo, el calendario, como la corona de Adviento y sus cuatro velas, una para cada domingo, sirve para dar ritmo a los días y a materializar el tiempo que pasa.

¿En qué ayuda a los niños?

Comprender esta noción del tiempo que pasa, a menudo les es muy difícil de entender a los niños. El calendario de Adviento permite hacerlo concreto, así como el pesebre permite comprender lo que es Navidad, haciendo ver una representación, aunque sea folclórica, de la Natividad. El calendario de Adviento es también, para los niños, un aprender la paciencia: no se abre sino una ventana por día, incluso si la tentación de abrir más está presente. Una dimensión educativa que merece la alabanza de los psicólogos por esta iniciativa.

«El calendario de Adviento es un formidable ritual para enseñar a los niños a esperar la Navidad», estimaba, en una entrevista a La Croix, la psicoanalista Geneviève de Taisne (1). «La apertura cotidiana de las pequeñas ventanas inscribe este periodo en un tiempo linear que se desarrolla lentamente. Un tiempo un poco diferente del nuestro, fraccionado, vaciado. Nosotros nos encontramos permanentemente en el presente, la instantaneidad. El calendario de Adviento, al contrario, sitúa al niño en el futuro, y le permite suspender su deseo. (…) El placer no es inmediato. Esta capacidad de esperar le ayuda a formarse. Y esto es tanto más importante cuanto que la mayor parte de los niños hoy están acostumbrados a tenerlo todo y enseguida», continuaba la psicoanalista, añadiendo que «los niños sienten un verdadero gusto en la espera».

¿Qué aporta a nivel espiritual?

Para Maïte Roche, autora e ilustradora de numerosas obras sobre el despertar religioso, entre los cuales varios calendarios de Adviento, este constituye «una pequeña catequesis paso a paso». «Para los padres que no conocen o conocen poco el Evangelio, esto les permite hacerlo descubrir a los hijos, continúa. Parece que no es nada, pero el Adviento es, de todas las maneras, el momento en el que cada año volvemos a vivir juntos la vida de Cristo». Como una ocasión de retomar la historia desde el principio. El calendario de Adviento comporta también una dimensión familiar importante, según Maïte Roche. Sobre todo porque, además de la imagen, la pequeña ventana cotidiana encierra un versículo bíblico. «Cuando los niños todavía no saben leer, les corresponde a los padres hacerlo, y también explicárselo. Está hecho para crear un vínculo y generar un diálogo».

De manera más «tecnológica», pero en el mismo espíritu, las siete diócesis de la provincia eclesiástica de Reims han lanzado un «calendario de Adviento numérico». En un portal internet especialmente creado para la ocasión (2), cada día de Adviento se publica en la red una pequeña historia. Sin ser abiertamente cristianos, estos pequeños relatos plantean siempre una reflexión sobre el sentido de la Navidad, de la que los padres, después de haber leído la historia a los niños, pueden servirse, con ellos, apoyándose en las oraciones o las preguntas que se sugieren. Una iniciativa que apunta a «volver a dar a la fiesta de Navidad su verdadero sentido». Muy lejos de la deriva comercial del calendario de Adviento, que, falto de sentido, «se contenta con cultivar la insatisfacción con el objetivo de la próxima compra», resume Maïte Roche.

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(1) Autora de «Dieu, la vie, l’amour et la mort. Comment en parler aux enfants et aux adolescents aujourd’hui», Éd. Bayard, 380 p., 18,90 €.

(2) www.lecheminversnoel.fr

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