21 de noviembre de 2018 0

La masonería sigue siendo pecado grave

 Carlos Pérez- Roldán Suanzes- Carpegna

Son numerosos los juicios negativos explicitados por la Iglesia contra la masonería, los masones y las asociaciones masónicas. Los principios de la masonería son irreconciliables con la doctrina universal y constante de la Iglesia.

Vivimos en una época en la que se rechaza cualquier postura que encuentre fundamentos éticos, filosóficos, o históricos; en la actualidad la mera voluntad hace norma, y la mera voluntad pretende unificar posturas que en mismas son opuestas y excluyentes. Por ello se hace necesario recordar que el catolicismo y la masonería son incompatibles.

Esta conciliación de los opuestos es lo que algunas corrientes pretenden hacer con el catolicismo y la masonería, al decirnos que ambos caminos, el de nuestro Señor Jesucristo y el del naturalismo descarnado, nos llevan al mismo fin; pero la verdad es otro: han sido, y siguen siendo, numerosos los juicios negativos explicitados por la Iglesia contra la masonería, los masones y las asociaciones masónicas. Los principios de la masonería han sido, son y serán irreconciliables con la doctrina universal y constante de la Iglesia.

Hoy, como ayer, la pertenencia a la masonería sigue estando prohibida por la Iglesia, pero no por mero capricho, sino por necesidad lógica, por cuanto la verdad sostenida por la Iglesia entra en contradicción con las supuestas verdades masónicas.

En este sentido ya se pronunció la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la Declaración sobre la masonería emitida el  26 de noviembre de 1983. Dicho documento, firmado por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, se emitió ante las dudas interesadas de algunos sectores eclesiásticos que quisieron ver la desaparición de la mención expresa de la masonería en el nuevo Código de Derecho Canónico, como un signo de cambio, y una puerta abierta para conciliar lo irreconciliable.

En la declaración sobre la masonería la Congregación para la Doctrina de la Fe fue bien clara al decir textualmente que “no ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.”

Igualmente, la Congregación para la Doctrina de la Fe advertía que “no entra en la competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación de cuanto se ha establecido”.

No obstante, algunos mal intencionados siguen considerando la posibilidad de colaborar con la masonería, y con los masones, y siguen considerando que la masonería es un instrumento de desarrollo y promoción humana del que se puede hacer uso sin peligro para la fe y la salvación.

No obstante, poco más de un año después (el 11 de marzo de 1985) la Congregación para la Doctrina de la Fe, y por si alguna duda cupiera, emitió un nuevo documento llamado “Reflexiones sobre la declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe
referente a las asociaciones masónicas. Fe cristiana y masonería son inconciliables”, para aclarar el estado de la cuestión.

En esencia, estas reflexiones recuerdan a los fieles que desde los primeros documentos que se pronunciaron sobre la masonería (y muy especialmente la Encíclica Humanum genus de León XIII), el juicio negativo que ha merecido la masonería y los masones ha sido constante a la largo de los años.

La Congregación para la Doctrina de la Fe nos recuerda que el ideario masónico sostiene ideas filosóficas y conceptos morales opuestos a la doctrina católica, y que muy especialmente la masonería sostiene unnaturalismo racionalista que inspiraba sus planes y actividades contra la Iglesia.

Si bien es cierto que en las décadas de los 70 y de los 80 del pasado siglo el tema de la masonería volvió a cobrar importancia para la Iglesia, no lo fue por un cambio doctrinal, sino que dicha relevancia fue motivada por el interés de algunas personalidades católicas en iniciar diálogo con representantes de algunas logias que se decían no hostiles a la Iglesia.

El documento, igualmente, recordaba los engaños frecuentes de la masonería, que históricamente se ha presentado como una corriente filosófica respetuosa con todas la religiones y creencias. Ha sido una constante histórica que los masones se presentaran al mundo como hombres de diálogo, sin intención de imponer ningún “principio”, en sentido de posición filosófica o religiosa vinculante para todos sus afiliados.

En este sentido la Congregación para la Doctrina de la Fe nos recuerda que “la comunidad de los “albañiles libres” y sus obligaciones morales se presentan como un sistema progresivo de símbolos de carácter sumamente comprometido. La rígida disciplina del arcano que lo domina refuerza aún más el peso de la interacción de signos e ideas. Este clima de secreto comporta, además, para los afiliados, el riesgo de llegar a ser instrumentos de estrategias que les son desconocidas.”

Igualmente, el documento recuerda que “para un cristiano católico no es posible vivir su relación con Dios en una doble modalidad, o sea, diversificándola en una forma humanitaria-sopraconfesional y en otra interna-cristiana. No puede mantener relaciones de dos especies con Dios, ni expresar su relación con el Creador con formas simbólicas de dos especies”.

Igualmente, la Congregación para la Doctrina de la Fe, pone el acento en la imposibilidad de profesar el relativismo como doctrina, doctrina que es esencial e irrenunciable para la masonería.

El descuido doctrinal en que muchos católicos han vivido en los últimos años ha posibilitado que muchos creyentes (y algunos con responsabilidades eclesiásticas) hayan caído rendidos ante ciertas falsas convicciones dominantes en la mentalidad contemporánea, al considera que la verdad no puede conocerse, y que por tanto la Iglesia no puede ser depositaria de una verdad que no existe.

La finalidad de las reflexiones realizadas en 1985 es volver a recordar a los fieles que la afiliación masónica constituye un pecado grave, y recordar que los afiliados a una asociación masónica no pueden acercarse a lasanta comunión.

La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe concluía su documento con una exhortación que sigue siendo necesaria proclamar hoy en día “Sólo Jesucristo es realmente el Maestro de la Verdad y sólo en El pueden encontrar los cristianos luz y fuerza para vivir según el designio de Dios, trabajando por el bien verdadero de sus hermanos.”

 

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