El error de Don Felipe

Las impúdicas vacaciones de Pedro Sánchez en medio de la crisis nacional abierta por la invasión de Ceuta han enervado con toda razón a los españoles. Su propósito de prolongarlas con unos días más en Andorra tuvo que ser desaconsejado in extremis por el propio entorno del presidente, ante el evidente deterioro de su imagen que el asunto estaba provocando.
La revista “Semana”, en su edición del 26 de agosto -es decir, en las mismas fechas e, igualmente, en lo más agudo de la crisis ceutí- publicaba una foto en su portada de Don Felipe, Doña Letizia y sus hijas, sonrientes y divertidos, con el titular: “Destino Grecia. Las vacaciones secretas de la Familia Real”. En el reportaje interior se mencionaba que “la agenda de trabajo de los Reyes Felipe y Letizia se ha quedado en blanco desde mediados de agosto para que puedan dar inicio a las llamadas vacaciones “privadas”. Y más adelante señalaba que “si nada lo impide, la Familia Real podrá disfrutar de casi dos semanas de vacaciones lejos del foco”.
Dado que “el foco” no ha vuelto a mostrarnos a Don Felipe en la segunda quincena de agosto, es de suponer que, efectivamente, la Familia Real haya podido llevar a cabo sus planes.
Los mismos medios afines al PP que se han cebado con Sánchez por sus vacaciones en medio de la peor crisis nacional de los últimos cuarenta años, han tenido mucho cuidado en no decir ni una palabra sobre la holganza de la Familia Real por tierras del Egeo. Y es que, como pedía un querido amigo -de credenciales muy distinguidas y fervoroso patriota y pepero-, “es fundamental en estos momentos apoyar al rey”. Criticar al rey, o meterse con Don Felipe, es para estos sectores atacar a España, en un momento de extraordinaria debilidad de la nación, y favorecer el que llegara a proclamarse la República.
La inmensa mayoría de los españoles hubieran querido ver a Don Felipe al frente de la reacción nacional ante la intolerable invasión marroquí de una ciudad española, y hubieran querido verle viajando a Ceuta para proclamar la innegociable españolidad de la plaza y apoyar a su población. Sin embargo, el nominal jefe del Estado y mando supremo de las Fuerzas Armadas, ha cogido un Falcon y se ha ido a tierras griegas a seguir disfrutando del veraneo con su mujer e hijas.
La ministra portavoz del Gobierno ha declarado que el rey es dueño de su agenda y de ir a Ceuta si quiere, a lo que el matón presidencial, el ministro Puente, salió inmediatamente al paso señalando que la agenda del rey la marca el Gobierno.
Y don Felipe, entre estas dos posibles interpretaciones del grado de autonomía que pueda conferirle la Constitución, ha optado por la sumisión más absoluta al Gobierno y por irse, como su jefe Sánchez, también él de vacaciones.
Siento decirlo de una manera tan cruda, pero estos son los hechos.
La monarquía diseñada por la Constitución de 1978 carece de los atributos necesarios para que pueda considerarse una verdadera monarquía, dado que el rey carece de poder real alguno. Aún así, es por varios motivos preferible a esa república federal y plurinacional que parece ser su alternativa. A condición de que acredite su utilidad cuando las circunstancias de la vida nacional lo requieran, como es el caso de la gravísima situación creada por la invasión de Ceuta.
Lo que no puede ser es que el temor de muchos españoles conservadores a la caída de la monarquía, hábilmente manejado por quienes son sus enemigos, se convierta en el cloroformo con el que se anestesia la reacción de un pueblo contra los elementos que conducen a su destrucción.
Porque, de ser así, ¿a quién estaría sirviendo en la práctica el rey Don Felipe?
