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27 de diciembre de 2016 0 / /

El discurso de Navidad del jefe del estado

(C.I.Q.) – Don Felipe ha expuesto certeramente la situación de España. Es la ventaja que tiene el estar por encima de los partidos políticos: puede ver las cosas como son.

Del mismo destacaremos cómo la parte positiva que dice haber visto en la España actual, se refiere a la sociedad. Mientras que los suaves reproches (que aunque suaves han sido recibidos con desagrado por aquellos a quienes afectan) se han dirigido a los partidos políticos. Una inevitable crítica al sistema actual. Estamos completamente de acuerdo con él en esa crítica.

Los lectores se extrañarán que no escribamos “el Rey”. No podemos, porque no es verdadero Rey. El verdadero Rey tiene, además de Corona, Cetro y Espada. No se limita a conocer los males, apoyado por un pueblo, que de él espera protección. Usa el cetro y la Espada para remediarlos. Así pusieron orden los Reyes Católicos en la caótica Castilla del siglo XV.

El sistema liberal ha limitado al Monarca a un papel decorativo. Pues, excelencia de la Monarquía, en ese papel decorativo está demostrando que vale más que todos los políticos que le rodean. Por los menos dice la verdad.

Su mensaje ha sido bien recibido por unos partidos políticos y rechazado por otros. No comprendemos la postura de estos últimos. Si no ha dicho más que la verdad, dentro del sistema democrático vigente, ¿qué es lo que rechazan? Están rechazando la misma democracia que dicen profesar.

Por eso es de lógica elemental que los otros partidos le hayan apoyado. Es lo menos que pueden hacer, dado que también se confiesan democráticos.

Los primeros partidos, los que rechazan el mensaje, demuestran que son democráticos de boquilla. Y como no son democráticos deberían de ser excluidos del sistema actual. La libertad de expresión, que continuamente invocan, no puede ser tan amplia que les permita actitudes de rechazo a la democracia que invocan.

Nosotros rechazamos el sistema democrático por principio. Pero lo que vemos nos mueve a reafirmarnos en el rechazo. No creemos en la democracia. Tampoco creen en ella los que de ella se aprovechan. Estamos ante una prueba bien clara de ello.

Pero volvamos a los partidos que han aceptado el mensaje. Han demostrado ser democráticos. Pero ¿llevarían sus convicciones democráticas hasta el punto de declarar como no democráticos a los otros partidos? Estamos seguros que no.

Y esa es una más de las contradicciones de la democracia.

Lamentamos que las buenas intenciones de Don Felipe no vayan a tener ninguna eficacia práctica. Por culpa del sistema que nos oprime y de los políticos que lo manejan.

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