2 de enero de 2019 0 / / / /

Año nuevo, libre Brasil

Es habitual decir que ante el año nuevo, vida nueva. Más de uno se marca propósitos que puede cumplir o no cumplir. Cada cual sigue siendo como es (muy generoso, bastante estúpido, tan inteligente como siempre, igual de distraído). Pero no voy a centrarme en filosofías ante la despedida del “año viejo”, sino a abordar lo que ha ocurrido en un determinado país hermano iberoamericano.

Ayer, día 1 de enero, aparte de celebrar la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en Brasil, se celebraba la toma de posesión del conservador Jair Bolsonaro, que arrasó en los comicios presidenciales del pasado mes de octubre (obteniendo en segunda vuelta el respaldo de más del 55 por ciento de votantes, siendo la participación electoral de alrededor de un 78%).

Podrían responder a lo anterior dudando de su significancia, pero es que, dejando aparte simpatías personales o territoriales, bajo una prensa mainstream totalmente histérica -al no haber gozado de credibilidad sus continuas falacias intimidatorias-, se va a romper con el llamado “socialismo del siglo XXI” (igual de inmoral, inhumano y liberticida) y poner fin a la entente de tiranías comunistas conocida como Foro de San Paulo.

El nuevo presidente es un convencido defensor del libre mercado y el laissez faire, aunque se conforme con reducir el Estado a su mínima expresión (grosso modo). Cuenta con asesores económicos de la talla de Paulo Guedes (este será el nuevo Ministro de Economía), perteneciente a la Escuela de Chicago y defensor de la tesis según la cual, sin el también llamado Estado moderno, nos iría mejor.

Eso sí, tampoco es un mero economicista (hay defensores de la libertad que solo se centran en los aspectos económicos, cuando la vía cultural es importante e influyente, tal y como entendieron, por desgracia, los marxistas, inspirándose en Antonio Gramsci), sino un férreo defensor de la dignidad humana, la familia, la subsidiariedad y el cristianismo. En cualquier caso, su discurso, a abordar a continuación, como prueba servirá.

Comienza su discurso, tras dirigirse a la ciudadanía brasileña verbalmente, reiterando en dos ocasiones su agradecimiento a Dios por seguir vivo (es más, posteriormente, le vuelve a invocar para afirmar que estará por encima de todos, no limitándose solo a comprometerse con la priorización de los intereses de Brasil, en una estrategia similar al America First del mandatario estadounidense Donald Trump).

Acto seguido, manifiesta tener la misión de restaurar y hacer resurgir su país, su patria, “liberándola definitivamente del jugo de la corrupción, la criminalidad, la irresponsabilidad económica y la sumisión ideológica“. La corrupción es consecuencia de la expansión e incrementalidad del poder político, mientras que las políticas socialistas, a fracasar cuando se acaba el dinero de los demás, se ejecutan bajo una nociva irresponsabilidad, endeudicida y empobrecedora.

Respecto la criminalidad, hay que decir que, lamentablemente, Brasil dista mucho de ser un país seguro en mayor parte. Ante ello, Bolsonaro ha entendido que no solo basta con dotaciones de recursos a los cuerpos policiales y militares, sino también con garantizar el derecho a la defensa propia, permitiendo a los ciudadanos portar armas -siempre y cuando no se posean antecedentes policiales o penales-. La defensa de la vida, la libertad y la propiedad es un derecho natural.

Continuando con el discurso, se deja de manifiesto lo siguiente: “vamos a unir al pueblo, a valorar a la familia, a respetar las tradiciones y nuestra tradición judeo-cristiana, a combatir la ideología de género y a conservar nuestros valores [para que Brasil vuelva a ser un país libre de amarras ideológicas]“. La familia es una base para una sociedad libre y floreciente, buscando la ideología de género destruir toda institución natural y cercenar las libertades.

En materia económica, se remarca el compromiso con el libre mercado y la garantía de que “las reglas, los contratos y las propiedades serán respetadas“. En base a ello, se emprenderán reformas en pos de la salud financiera y del afianzamiento de “la confianza necesaria para permitir abrir [los] mercados al comercio internacional, estimulando la competitividad, la productividad y el crecimiento“. También se acabará con el monstruo burocrático.

Según The Heritage Foundation, hablamos de una economía muy restringida. El gasto público sigue siendo bastante exacerbado, mientras que la “salud fiscal” es cuasi nula (elevados niveles de déficit presupuestario y deuda pública). La legislación laboral propicia un mercado de trabajo bastante rígido mientras que los empresarios e inversores se topan con muchos obstáculos. Es más, la banca estatal controla el 50% de préstamos concedidos al sector privado.

Por cierto, también habrá un compromiso tanto con la seguridad fronteriza como con la soberanía nacional de Brasil (al mismo tiempo que se busca dividir el poder de modo que no se anule la soberanía y autonomía de los distintos Estados y municipios que componen este país). Cabe recordar que hay un compromiso en base al cual se busca sacar al país de la ONU (entidad marxista) así como del corporativista e intervencionista Acuerdo de Paris (el ecologismo es socialismo).

Con esto, creo que ya se ha dicho lo suficiente respecto a su discurso. Ahora, cabe destacar que el presidente brasileño cuenta con un 75% de aprobación popular según un reciente sondeo de la Confederación Nacional de la Industria (CNI). Según la economista paleo-libertaria Vanessa Vallejo, “tienen muy claro qué es lo que quiere conseguir y qué camino tomará para lograr su cometido. Hablando claro y fuerte de capitalismo, y siendo conservador en lo social, el próximo presidente brasilero ha conseguido una aprobación del 75%“.

Pero no basta con decir que “la gente está harta” y que el establishment cada vez es menos creíble. La indignación ha sido palpable, sin duda. Pero desde hace unos años, ha habido un activismo lo suficientemente dinámico que está tratando de que los principios de la libertad calen en mayores proporciones de brasileños. Las redes sociales, intelectuales como Olavo de Carvalho y la irrupción del movimiento pro libertatem (junto a Polonia y Estados Unidos, hablamos de uno de los países donde está más activo) han jugado un papel importante en la defensa moral de la propiedad privada, la familia y el libre mercado.

En otras palabras, se puede afirmar que hay cierta actividad en la sociedad civil, que es el factor más determinante a la hora de marcar el futuro de una sociedad, de una región, de un país, … Bolsonaro cuenta con una alta tasa de aprobación y muchos brasileños ven una esperanza, pero es que hay agentes cívicos que están convenciéndoles de que el laissez-faire y la tradición son claves para el progreso de Brasil, aparte de velar por el cumplimiento de los compromisos electorales.

Pero es que a su vez, parece que se está gestando una nada tibia reacción anti-comunista. Si bien Bolsonaro no se ha doblegado (repudia totalmente el comunismo) ni considera acertado coleguear con seres deplorables y totalitarios como Nicolás Maduro y Enrique Díaz-Canel, entre los brasileños comienza a haber una serie de actitudes de repudio sociológico hacia esa ideología criminal. Como prueba de ello, la retirada de estatuas del Ché Guevara, un mercenario y homófobo asesino de disidentes políticos y personas no heterosexuales.

Por lo tanto, ya para concluir, se puede decir que 2019 ha supuesto el fin de la era socialista en Brasil. Se le ha dado la oportunidad a una figura que defiende la libertad y entiende que el colectivismo no deja de ser un problema en sí. Aunque sea imperfecto, apuesta por una defensa de la libertad, la vida, la familia y la tradición, sin estridencias de vacuidad nacionalista, sino apelando a valores religiosos y a un notorio anticolectivismo.

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