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21 de abril de 2026 0

(2) Intensidad en los trabajos, sin estrés y con amplitud de miras, preparando la unidad de 1986 (1980-1985).

(Por José Fermín Garralda)-

Cartelada de 1985, colocada con el mismo entusiasmo que los del NO a la Constitución en 1978.

5. Cartelada de 1985. Pocos después, en mayo de 1985, y de la misma manera y formato que los carteles contra la Constitución colocados en la calle en 1978, se “empapelaron” las paredes de varias ciudades –lo que mostraba coordinación y presencia múltiple- , con otros carteles que denunciaban los impuestos abusivos: “Miseria de jubilados, engorde de diputados”, “Menos derroche, menos impuestos”, “Europeos en los impuestos, africanos en los servicios”, “Paga, vota y calla”. Esta vez, además de firmar Unión Carlista, se ponían las aspas en el extremo izquierdo. El lector observará que nuestros males son antiguos, y que sólo faltaba este: “Gasto en putas, bacanales y visitar paraísos fiscales en Falcon”

Para diseñar los contenidos de dichos carteles, Navarra hizo su propuesta, sumada a las efectuadas desde Valencia, Barcelona, Bilbao y Madrid. En la propuesta navarra, estuvo presente la idea dinámica y el sesgo popular de don Miguel Garisoain, y, quizás para animar el diseño final, decía así: “Miseria de “jubilaus”, / engorde de “diputaus”. Confucio”, “Pensiones,/ aborto y/ paro…,/ y a pasar por el aro. Cervantes”, “Entre Boyer y Morán/ ¿Cuánto nos sacarán? Fidel”, “IVA y reconversión/ el desastre de la nación. Anónimo”, “Vota, paga, y no protestes. Séneca”, “A vaciar el bolsillo/ que vienen los impuestillos, Papá Pitufo”, “Prensa y televisión/ mentiras y confusión. Tagore”, “Nos estamos cabreando (el pueblo)”. Bien, esta es la jerga que a veces se derrochaba para no perder nunca el sentido del humor y hacer una política con sonrisa. Se tomaba el habla y mordacidad de la calle, y se rebajaba el estiramiento de los nuevos políticos de salón que deseaban transformar España en su cortijo.

6. Cartelada de agua para la Ribera de Navarra. En otra ocasión, los jóvenes de Unión Carlista de Navarra “empapelaron” la calle con unos carteles muy grandes con un tema, ideado a satisfacción de don Miguel, que interesaba mucho a Navarra. El cartel dibujaba en trazo grueso de color rojo, el contorno de Navarra sobre fondo blanco; dentro del mapa, un grifo bien dibujado podía soltar vino sobre Navarra procedente de un gran racimo de uva negra. Así se amenazaba con cortar el consumo del vino a aquellos que, jugando a “vascos”, sin embargo querían restringir el agua que debía regar la Ribera del viejo Reino de Navarra. A su vez se mostraba que la Ribera no se riega con vino de secano sino con agua de la que hay suficiente en la zona media y norte de Navarra. Algo muy actual, ¿no cree el lector? Ya costó, ya, hacer el canal de Navarra del que todos estamos tan agradecidos. Y aún queda más. El mensaje era claro y sobrepasaba el problema del agua.

Carteles de Unión Carlista denunciando la Constitución de 1978

7. Unidad en Barcelona en 1985. Según “Desperta Ferro” (nº 13-14, VII-X, 1989), el 31-I-1984 Fomento Autonómico Español (FAE) en Cataluña convocaba a todos los carlistas catalanes a la unidad, y había entrado en contacto con don Juan Casañas Balcells, dirigente de Unión Carlista. El 8-XII-1984 se constituyó la Comisión Gestora para la Unidad del Carlismo en Cataluña. El 2-II-1985, dicha Comisión Gestora realizaba varias reflexiones y propuestas en nombre de Unión Carlista, FAE y la Comunión Tradicionalista, inaugurándose así, el 8-III-1985, el Círculo de Unión Carlista en Barcelona (calle Condal nº 9). El 2 de julio la Comisión daba por concluido su cometido.

Un ejemplo de unión fue el Aplec carlista en Poblet el 16-VI-1985, al que fuimos los de Unión Carlista de Navarra, y el discurso final pronunciado por Eladio Huguet Salvat, conmemorando el masivo e histórico  Aplec del 2-VI-1935 donde por aquel entonces se congregaron 30.000 carlistas.

A la vez que se recogía el texto de dicha Comisión Gestora del 2 de febrero, el redactor del boletín “Acción Carlista” de Navarra declaró que dicha unión era “Un ejemplo a imitar y seguir” (1er. Tr. 1985, p. 2). Sí, en Barcelona preexistían tres sectores activos, que trabajaban para la unión, mientras que en Pamplona sólo estaba activa Unión Carlista junto individualidades y familias que no pertenecían a organización alguna. Siguiendo el ejemplo catalán, en breve se buscó crear una Comisión Gestora para agrupar y unir a los carlistas navarros que estaban en sus casas.

8. Comisión Gestora para la unidad del Carlismo en Navarra.

Esta Comisión se planteó pero no se llevó a efecto.

De ella informaba la revista “Acción Carlista” (nº 3, 3er Tr. 1985, p. 1) -creada por los de Unión Carlista en Navarra-, que también convocaba  al Cerro de los Ángeles para el 6 de octubre.

De hecho, y a diferencia de Barcelona, esta Comisión navarra sólo la iban a formar –de crearse- afiliados de Unión Carlista, porque sólo estos estaban activos y deseaban contactar con todos los carlistas auténticos de Navarra que ansiaban la unidad. Ellos buscaron pero nadie salió a recibirles: tal era la desmovilización. De ésta manera, la Comisión fue un intento que tan sólo mostró la  buena voluntad que albergaba a los que trabajaban por la unidad, abierta a todos y sin restricciones salvo la de situarse dentro del Ideario de siempre.

Digamos que toda iniciativa en Pamplona y Navarra, anterior y posterior a 1986, la tuvieron los afiliados de Unión Carlista. Nadie del antiguo “javierismo”, ni la que fue AJT… dieron señales de vida. Estaban como desaparecidos, aunque habían mantenido El Pensamiento Navarro con toda dignidad y vigor hasta su cierre en 1982. Por otra parte, y como suele ocurrir, sólo algunos de dichos afiliados de Unión Carlista hicieron de punta de lanza.

También se crearon Comisiones Gestoras en  Santander para organizar la Comunión en la Montaña (Acción Carlista AC, 2ª época, nº 3, 1988), y en Valladolid (AC, nº 1, XII-1993). En 1990 se constituirá una junta regional Carlista en La Rioja (AC, nº 15, IX-X-1990), y otra en Burgos (AC, nº 16, XI-XII-1990)

  1. Proyecto fallido de “Sociedad Tradicionalista Navarra” en 1985.

Don Miguel Garisoain y don Ignacio de Orbe –barón de Montevilla- fueron el alma de la unión entre los carlistas de Navarra que intentaron antes de 1986.

Primero se organizaó a los carlistas de Pamplona, constituyéndose una Junta Local de Unión Carlista en octubre de 1984 hasta mayo de 1986. Enseguida, ante el vacío organizativo en Navarra, dicha Junta Local se llamó Junta Regional de Navarra, claro que de Unión Carlista, que eran los únicos activos que promovían la unidad.

Mientras se mantenía el Círculo Familiar Virgen del Camino –que no era político sino religioso y cultural-, el 28-I-1985 don Miguel Garisoain proyectó una “Sociedad Tradicionalista Navarra” que aunase a todos los carlistas navarros con independencia de su origen, incluyendo a todos los carlistas leales al lema de siempre, con independencia de sus fidelidades relativas a la Autoridad.

Esta era una manera de cumplir todo lo conducente a la unión planteada  en un anterior Acto de Morella (1984), y en las declaraciones del representante de Unión Carlista en el acto organizado por Comunión Tradicionalista en El Cerro de los Ángeles de dicho año 1984.

Según Don Miguel, en Acta de Morella de 1984, se instaba:

“a cuantos ocupan puestos de responsabilidad en organizaciones políticas carlistas legalizadas, a no ahorrar esfuerzos para lograr una organización unitaria del carlismo en España, y el discurso del representante de Unión Carlista en el acto político que organizado por Comunión Tradicionalista se celebró el pasado octubre en El Cerro de los Ángeles y en el que con toda claridad se nos explicaba el por qué y para qué de la unidad de los carlistas”.

Cartel de gran tamaño colocado en varias ciudades hacia el mes de junio de 1976.
Cartel de gran tamaño colocado en varias ciudades hacia el mes de junio de 1976.

Así, el diseño de “Sociedad Tradicionalista”, redactado por don Miguel, decía:

“¿Y en Navarra qué? ¿Pervive en nuestra tierra el Ideal de la Tradición con fuerza tal como para unirnos por encima de las actuaciones personales o de grupo de pasados años y capaz de entusiasmar a cuantos no lo conocen?

Pensamos que sí y que en Navarra podemos y debemos unirnos todos los carlistas en una única organización social y política proyectada de inmediato a la sociedad navarra”

En efecto, había que unir fuerzas para no caer en el vacío y desaparecer, y se debía lograr una sola voz, organización y acción. No se podían apuntalar políticas liberal-conservadoras -hubo afines que se pasaron a AP de Fraga- sino ofrecer una solución, y, desde luego, “acabar con la enorme inutilidad de nuestro ‘voto útil’”. Para la creación de dicha “Sociedad Tradicionalista”, don Miguel marcaba un estricto calendario de actuación entre los meses de febrero y septiembre. Y finalizaba así:

“Como lo sentimos lo expresamos. ¡O Tradición, ó Revolución!

Si Dios es el gran exiliado de España, si nuestra Patria se hunde en el cenagal de la política, si nuestras libertades sociales son hoy apenas aspiraciones soñadas en medio de la opresión estatal que padecemos, si diez millones de votos justifican el poder, cuando la única Autoridad que mueve las voluntades es el miedo, si somos conscientes de que la pasividad nos hace cómplices de la Revolución… ¿A qué esperamos?” (Pamplona, 28-I-1985)

El diseño de “Sociedad Tradicionalista” consideraba que en Navarra no era momento de crear un nuevo partido político. ¿Por qué?

Porque “vendría a aumentar la confusión reinante, al tiempo que volvería a plantear la contradicción entre nuestro ideal de una sociedad plural en sus manifestaciones, sin la exclusividad de los partidos políticos, y la oferta de afiliación y voto a nuestro partido y a unos hombres concretos, los nuestros”.

El proyecto de Sociedad Tradicionalista (28-I-1985) estaba lleno de sentido común y concreción en sus 3 folios, presentándose como posible y realizable. Todo en él se dirigía a la unión, al igual que la fiesta de la juventud carlista de Pamplona de 1984. En esos momentos, los jóvenes sentíamos el esfuerzo de don Miguel, don Ignacio y otros mayores, trabajando por la unidad de los carlistas. Lo transmitían verbalmente y vis a vis: mostraban el objetivo, orientaban todo hacia él, y traslucían mucha ilusión -“¡O Tradición, o Revolución!”-, a pesar de  algunos desencantos y fracasos parciales que daban fuerza para seguir adelante.

Era comprensible que lo extraordinario como era la unidad costase muchos esfuerzos.

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