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27 de mayo de 2025 0

Necrológica: Mariano Ozores, adiós a un hombre de cine

 

 

 

(Por José Antonio Bielsa) –

 

Con la muerte de Mariano Ozores se cierra indudablemente una etapa de la historia de nuestro cine, tal vez no precisamente grata (al menos para el espectador atento a los movimientos del espíritu, ya no digamos para el cinéfilo curtido), pero bien significativa de la sustancia popular de otros tiempos mucho más libres y gozosos que hogaño.

Si hubiera que valorar en términos netamente crematísticos la producción de Ozores, ésta se ubicaría entre las más grandes aportaciones de la industria española: tal fue su éxito sin desmayo, el cual sólo podrá explicarse en clave sociológica; no es poco mérito, ciertamente, y el propio Ozores lo rubricó en sus convencidas memorias.

Así y todo, Ozores encierra dos misterios no precisamente resolubles a la luz de una coyuntura meramente comercial: el primero, y más sangrante, fue el de su abdicación del arte cinematográfico en plenos años 60, cuando el director todavía aspiraba a ser un cineasta con oficio, y ahí tenemos como botón de muestra filmes tan válidos como «La hora incógnita» (1964), una de sus escasas películas con interés, sobre tema atómico; y el segundo, y más doloroso en el plano de la recepción crítica, fue el de su progresivo hundimiento en las coordenadas de un infracine sin razón de ser, hoy virtualmente insufrible en su recochineo vergonzante, con piezas arqueológicas del calibre de «Agítese antes de usarla» (1983), entre otros bodrios de parejo tenor.

La concesión del premio Goya de honor 2016 a Ozores suponía antes que nada un homenaje más que justificado al industrial, al incombustible hacedor de películas, pero también -y de refilón- a sus formidables hermanos, José Luis y Antonio, actores de pura cepa. Este premio tenía con todo un sabor amargo, máxime cuando hacía puente y engarce con el premio análogo de 2005 concedido al actor José Luis López Vázquez -un gran actor en cualquier caso, y al decir del mismísimo George Cukor, el más grande de su generación-: rebobinando en el tiempo, fue aquella noche (la de la entrega a López Vázquez, decimos) harto significativa, pues tenía entre los presentes al propio Ozores como una de las personalidades encargadas en entregarle al gran actor «el cabezón» en cuestión. Momentos embarazosos tuvieron lugar durante la susodicha recepción: López Vázquez efectuaría la lectura de agradecimientos de rigor, mencionando una retahíla de nombres de directores, Berlanga, Saura, Olea, etc., más ¡ay! excluyendo de la misma a don Mariano, con quien tantas veces había trabajado; ítem más, un López Vázquez contrariado, dirigiéndose solemnemente a Ozores, hacía «profesión de oficio» al excluirlo de la lista sin un ápice de ironía. ¿Qué significaba todo aquello? Lo que quería decir, y nada más: que Ozores jamás había dirigido realmente al todoterreno López Vázquez, sino que le había «dejado hacer», por así decir, materializando una horrenda galería de personajes entre grotescos y reprimidos, siempre sobreactuados, al que tan habitual era el protagonista de «La prima Angélica» y «Mi querida señorita» cuando actuaba a sus anchas.

Si nos dilatamos en esta anécdota es para calibrar en su justo alcance la problemática figura de don Mariano, quien sin duda terminó por ser un pésimo cineasta, pero un magnífico industrial del ramo. Con toda razón, la posteridad le ha sido adversa.

De sus casi cien películas, apenas podrían salvarse de la quema media docena de títulos: su ópera prima «Las dos y media y… veneno», «Salto mortal», la ya mencionada «La hora incógnita», el denostado documental «Morir en España», y alguna que otra comedia sin numen. El resto, sobre todo su producción de los años 80 y 90, no resiste hoy un visionado, tal es su fatal inconcreción, su pésimo gusto, su a menudo insultante discurso, de un oportunismo feroz. Este cine, imposible de exportar aunque todavía goce de altos índices de audiencia en sus pases televisivos, sigue teniendo su legión de partidarios y panegiristas, quienes acostumbran destacar por sobre los demás un filme como «Los bingueros»… Preferimos por nuestra parte revisar ese infecto réquiem a la nefasta Transición que fue «¡Que vienen los socialistas!», raudamente empaquetado apenas el PSOE asaltó el Poder.

Descanse en Paz.

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