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La derrota de Joe Biden, una esperanza para el nasciturus

Donald Trump, en la Marcha por la Vida de 2020, celebrada en Washington | CNN

(Ahorainformacion.es) – La semana pasada, una monja católica (y coronel del ejército estadounidense) llamada Deirdre Byrne marcaba (para bien) el tono de la Convención Nacional Republicana que proclamaba a Donald Trump como candidato presidencial de los comicios del próximo mes de noviembre. Esta señora, consagrada de las Hermanitas Hospitalarias del Sagrado Corazón, brindó al movimiento pro-vida un concepto grandioso. Dijo ser pro-vida, pero pro-vida eterna.

Para quienes defendemos sin titubeos la santidad de la vida humana (desde la fecundación hasta la muerte natural), estas declaraciones fueron una gran alegría cuando la política de los países occidentales está sucumbiendo ante la cultura de la muerte.

Donald Trump parece haber reforzado su compromiso pro-vida y en defensa de la religión en esta campaña electoral. En este sentido ha presentado una docena de propuestas que cumpliría en caso de ser reelegido por segunda vez. En ellas se habla de la importancia de respetar el derecho de los cristianos a profesar libremente su fe, y hay varios puntos pro-vida como impedir que se fuerce a grupos cristianos a financiar abortos por medio de programas sanitarios. Pero sin duda lo más importante sería la nominación continuada de jueces pro-vida para el Tribunal Supremo y otros de rango inferior (que podría llegar a suponer el fin de la ley Roe v. Wade abortista).

Trump habla abiertamente de proteger la vida del no nacido por todos los medios posibles. De hecho cabe recordar que en sus cuatro años de gobierno ha prohibido el apoyo estatal a grupos que financian abortos en el extranjero. También ha extendido los mecanismos legales de reconocimiento del derecho a la objeción de conciencia (no necesariamente religiosa) incluso por parte del contribuyente.

Además, la Administración Trump tumbó una resolución de las Naciones Unidas que pretendía financiar abortos bajo el pretexto del combate de la “violencia sexual” (a esto se suma la ruptura con la Organización Mundial de la Salud por sus compromisos ideológicos alineados a la tiranía comunista china).

Por todo ello los defensores del derecho a la vida no pueden sino desear que Donald Trump tenga la oportunidad de sacar adelante estas medidas. Lo mejor que puede ocurrir es que Joe Biden sea derrotado, ya que es una pieza clave del mundialismo, dispuesto a seguir con su compromiso pro-muerte y anti-familia.

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