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Es 20 veces más probable que una mujer muera atragantada que asesinada por su pareja en España

En un mundo normal tendría que ser innecesario comenzar esta exposición subrayando que matar a una mujer es un crimen abyecto que debe ser castigado con toda severidad y probablemente de forma más severa que en la actualidad; igual que matar a un hombre, por otro lado.

Otra cosa es que en 9 de cada 10 casos de asesinato por parte de la pareja el autor sea un hombre, pero esto no significa que la pena por matar a una mujer deba ser mayor sino, simplemente, que habrá 9 veces más de hombres que mujeres encarcelados por matar a sus parejas, pero la vida de un hombre y una mujer deben valer lo mismo y la pena por matar a un hombre o una mujer también debería ser la misma.

No es menos cierto, sin embargo, que en el 90% de los casos en que un hombre es asesinado el autor también es otro hombre. O que el 90% de los robos con violencia y en general de los delitos con fuerza los cometen los hombres. Sin embargo no se nos ocurre decir que si un hombre es asesinado por otro hombre o un sujeto atraca a alguien con un pincho de cocina la culpa es del heteropatriarcado o las estructuras de género. Dicho todo esto vamos al dato de los atragantamientos.

Cada año mueren en España alrededor de 50 mujeres asesinadas por sus parejas. Obviamente una sola muerte ya sería demasiado. Sin embargo, a la luz de otros datos cabría preguntarse si esas 50 muertes no reciben una repercusión mediática desmedida, o generan unas teorías descabelladas, ni siquiera además tanto para evitar esas muertes (que no se han reducido significativmente en los últimos años) como para justificar y propagar cierto discurso completamente político e ideológico.

Que el número de mujeres asesinadas por sus parejas no se reduce significativamente en los últimos años a pesar de las leyes, los recursos y las subvenciones a multitud de organizaciones feministas, es un hecho estadístico. Pero si alguien cuestiona las leyes, los recursos y las subvenciones, le acusan nada menos que de estar a favor de la violencia contra la mujer, aunque si el número de crímenes no baja con todas esas leyes, recursos y subvenciones, malamente se puede pensar que muere nadie poniéndolas en cuestión. Que ponerlas en cuestión no significa tampoco ser menos severo con los culpables, acaso al contrario, sino simplemente reenfocar el problema precisamente porque no se observa ninguna mejora con todas esas medidas que iban a solucionar el problema y que era un machista y un partidario de la violencia contra la mujer quien se opusiera a ellas.

Por otra parte las estadísticas señalan que, frente a las alrededor de 50 mujeres que son asesinadas cada año por sus parejas, hay unos 2.000 españoles que mueren atragantados, por una obstrucción accidental de las vías aéreas. Puesto que de esa cifra la mitad son mujeres, el hecho es que resulta unas 20 veces más probable para una mujer morir atragantada que morir asesinada por su pareja. ¿No habría que dedicar entonces 20 veces más recursos, fondos, campañas y subvenciones a prevenir la muerte por atragantamiento? ¿Y no es ésta una causa de muerte que a lo mejor sí se podría reducir significativamente si se le dedicaran tantos recursos como a la violencia de género? ¿Habrá un complot del capitalismo para que tanta gente muera por atragantamiento?


Más justificado el temor mortal a las albóndigas que a los hombres en general.

Dicho lo anterior, morir por atragantamiento es algo muy improbable. Casi nadie muere por atragantamiento. No es por tanto que las pocas mujeres españolas que sobreviven a los atragantamientos estén siendo masacradas por sus parejas, sino que muy pocas mujeres mueren al año por atragantamiento (un 0,00004%, aprox.), pero menos aún asesinadas por su pareja (un 0,000002%).

Todo esto no es para quitar gravedad a los casos de las mujeres que efectivamente son asesinadas por sus parejas, sino para contextualizar cierto discurso generado alrededor de esas muertes (una por cada 500.000 habitantes, aproximadamente) con el fin de demonizar a los hombres, estigamtizar con carácter general a todo el género masculino y construir eslóganes como no es asesinato es machismo, el heteropatriarcado nos mata, el capitalismo es feminicida, etc.

Se genera además de este modo un absurdo discurso del odio y una división que no reduce el número de muertes, pero propaga un determinado discurso político que crece de manera oportunista al calor de estos asesinatos. No hay un grupo terrorista compuesto por la mitad de la humanidad dedicado a matar a las mujeres. El género masculino no es una banda terrorista. Las mujeres que mueren asesinadas por su pareja no son víctimas de una violencia organizada. Hay otras tantas mujeres asesinadas cada año, pero no por su pareja, de las que apenas se habla. En contra de la violencia hacia la mujer, por lo demás, claro que estamos todos. Y contra la violencia hacia los niños. Y hacia los mayores. Contra la violencia hacia las personas estamos todos los bien nacidos.

Es casi 20 veces más probable que una mujer muera atragantada que asesinada por su pareja

 

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