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El separatismo catalán llama a la guerra

Desde el principio los CDR nacieron como un remedo de Jarrai para llevar la kale borroka a las calles de Cataluña. Desde el principio los CDR y sus inspiradores deberían haber sido detenidos e ilegalizados. En las últimas semanas la escalada de violencia viene creciendo de una forma progresiva y, si de hecho no ha habido más violencia, en realidad ha sido porque se han tolerado pasivamente sus desmanes. Unos desmanes que ante esa pasividad cada vez han ido siendo más osados y, en las últimas horas, han llevado incluso al corte de una arteria principal de Cataluña como la AP-7, durante 15 horas. La pasividad de los Mossos ha venido precedida de un extraño debate sobre si estos no deberían haber cargado para evitar que los CDR apalizaran el pasado jueves a los catalanes que celebraban el día de la Constitución en Gerona. El actual presidente de la Generalidad, muchos de cuyos familiares según propia confesión pertenecen a los CDR, reprochó a los Mossos que evitaran el linchamiento de los antiseparatistas (por supuesto calificados de fascistas) y exigió una amplia depuración en la cúpula de los Mossos.

Todo lo anterior, siendo muy grave, es menos preocupante que la apelación de los responsables de la Generalidad el pasado sábado en Bruselas a la vía violenta para declarar unilateralmente la independencia.

Quim Torra expresó durante la presentación del llamado Consejo de la República en la capital belga que “Los catalanes hemos perdido el miedo. No nos dan miedo. No hay marcha atrás en el camino a la libertad. Los eslovenos decidieron seguir adelante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para vivir libres”.

En 1991 Eslovenia declaró unilateralmente su independencia dando lugar a un estallido violento de 10 días de duración en el que hubo docenas de muertos.

Reafirmando las palabras de Torra, en ese mismo acto el exconseller Toni Comín añadió, por si quedaba alguna duda, que “El tramo que nos queda hasta llegar al final, no tenemos que engañarnos más, será dramático. Ha llegado la hora de pagar el precio alto, injusto, pero inevitable de nuestra libertad”.

La gravedad de lo declarado por Torra no debe ser una excentricidad de este confidencial cuando hasta el diario El País ha hecho la única lectura posible de unas declaraciones tan inequívocas, y es que nos encontramos ante un auténtico llamamiento a la guerra para declarar la independencia. Lo extraño, si acaso, es la poca repercusión que todavía han tenido semejantes declaraciones.

Eslovenia era un territorio de la antigua Yugoslavía que en diciembre de 1990 convocó un referéndum de independencia. Es esa consulta participaron el 93% de los eslovenos y el 94% votó a favor de la independencia. La realidad de Cataluña, donde el voto popular de los separatistas es el 47%, no tiene por tanto y para empezar nada que ver con Eslovenia.

Lamentablemente, un paralelismo que sí podría hacerse es que Eslovenia disponía de una fuerza de Defensa Territorial similar a los Mososs, la cual fue el brazo armado de la declaración de independencia que llegó en junio, unos meses después del referéndum.

Tras 10 días de conflicto con las tropas enviadas por el gobierno central de Yugoslavia, se alcanzó un acuerdo que de hecho supuso la independencia de Eslovenia. Las tropas yugoslavas se vieron incapaces de controlar la rebelión sin desencadenar un conflicto a gran escala que, de todos modos, es a lo que muy poco después quedó abocada la antigua Yugoslavia, eso sí con una Eslovenia ya independizada.

Cuatro semejanzas menos una importante, el factor croata, para perder una guerra

Como elementos importantes para poder explicar la impotencia del ejército yugoslavo cabría citar al menos cuatro motivos bastante evidentes. Primero que las fuerzas del ejército yugoeslavo fueron tomadas totalmente por sorpresa, pese a lo previsible de la rebelión, de modo que las escasas unidades presentes en Eslovenia (como las del Ejército español en Cataluña) fueron cercadas, desarticuladas y su material incautado. Segundo que las fuerzas de la Defensa Territorial de Eslovenia se habían venido armando y preparando para el golpe de fuerza, de modo que tenían perfectamente planificado el bloqueo de las rutas por las que podían llegar los refuerzos del ejército, aprovechando los accidentes geográficos y usando el armamento propio, más el adquirido y el arrebatado en los cuarteles y depósitos del propio ejército yugoslavo. Tercero que a la vez que la rebelión de Eslovenia al gobierno yugoslavo se le acumuló al mismo tiempo la mucho más grave y étnicamente compleja rebelión de Croacia. En cuarto lugar, como anteriormente apuntábamos, ante la evidencia de que desbaratar a la Defensa Territorial de los rebeldes no podría hacerse sin un despliegue a gran escala asumiendo un número importante de víctimas civiles y militares, al gobierno yugoslavo le falló la determinación y asumió la independencia de Eslovenia como un hecho consumado, tal y como el presidente de la Generalidad parece pensar que haría nuestro gobierno.

Si efectivamente se produce o no un estallido violento dependerá por tanto de la cordura de los líderes catalanes, pero también de la forma en que estos perciban al gobierno de España. En este sentido cabe preguntarse hasta qué punto el gobierno de Pedro Sánchez estaría dispuesto a sofocar militarmente, con todas sus consecuencias, una revuelta apoyada por 17.000 mossos armados, menos los que se negaran a prestar obediencia a la Generalidad, y considerando que Torra ya está planteando una purga entre los mandos que ya de por sí se habrán encargado los separatistas que mayoritariamente apoyen sus planteamientos. Una aplicación preventiva del 155 y una intervención inmediata de los Mossos estarían más que justificadas en estos momentos ante la gravedad de las palabras de los líderes del separatismo.

La Generalidad, por otro lado, si realmente está pensando en una intentona separatista violenta al estilo esloveno, sabe que el momento para hacerlo es antes de que Pedro Sánchez pudiera perder el gobierno. Es más probable que un gobierno socialista titubeara ante un estallido violento a que lo hiciera un gobierno con una mayoría parlamentaria de PP, Ciudadanos y VOX. Por supuesto Podemos e IU se colocarían de parte del separatismo y sacarían a sus bases a la calle para sabotear la retaguardia española. La población catalana no separatista, por su parte, también se movilizaría poniendo a prueba hasta dónde estarían dispuestos a llegar contra su propia población los separatistas. A diferencia de Eslovenia, España no podría abandonar al 53% de la población catalana a manos de los CDR quizá previamente armados por el gobierno separatista.

Si los líderes del separatismo no están locos, como mínimo hablan como los locos

Ante todo lo anterior da la impresión de que, acaso acertadamente, no pensamos que nada semejante pueda pasar en la España y la Europa del año 2018, y no nos estamos preocupando (y reaccionando) en la medida en que exigirían las circunstancias, cerrando tal vez los ojos ante una amenaza que, como otras muchas en el pasado de la humanidad,asumimos que no puede salir adelante por falta de suficientes locos en el censo, y que al final todo se solventará por sí sólo sin necesidad de acontecimientos dramáticos. Esperemos estar acertando con el diagnóstico y que Torra sea un farolero y no un loco. Pero tal vez deberíamos esperar lo primero y prepararnos para lo segundo, por si acaso.

 

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