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Ciudadanos quiere imponer su propio concepto de muerte digna

Ayer, martes 28 de marzo, Ciudadanos y numerosos grupos parlamentarios han admitido a trámite la proposición de ley sobre la muerte digna. El PP ha apoyado la moción junto al PSOE, Unidos Podemos, Unión del Pueblo Navarro (UPN) y Compromís. Se ha abstenido Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) y han votado en contra PNV y PDeCAT. En realidad, todos apoyan la medida pero hay disensiones en si la regulación debería ser autonómica o no. País Vasco, Andalucía, Asturias, Galicia, Canarias, Baleares, Navarra, Aragón y Madrid ya tienen leyes autonómicas al respecto. Todas regulan los cuidados paliativos y el ámbito de la sedación terminal de los enfermos en agonía. Y esta proposición de ley de Ciudadanos no aceptaría todavía la eutanasia. Existe el miedo de que sea la antesala legal al suicidio asistido. Intentaremos clarificar esta encrucijada.

¿Que dice la proposición de ley sobre muerte digna?

A grandes rasgos podemos hablar de 7 puntos interesantes de esta ley. Esto nos ayudará a discernir si la eutanasia está entrando en la legislación española de manera oculta.

  1. Derecho al paciente a recibir sedación al final de la vida.
  2. Derecho del paciente a estar acompañado en el proceso final.
  3. Derecho a recibir los mismos cuidados paliativos en toda España.
  4. Derecho a que estos cuidados paliativos sean domiciliarios.
  5. Derecho a una muerte en intimidad (en un hospital, por ejemplo)
  6. Deber de los profesionales a no dar tratamientos desproporcionados.
  7. Deber atender a la voluntad del paciente por encima de los criterios morales o éticos de los profesionales.

Todos los puntos a grandes rasgos y sin entrar demasiado en el pormenor legal son perfectamente morales, a excepción del último. Poner la voluntad del paciente por encima de los criterios morales o éticos de los profesionales sanitarios es una grave intromisión del Estado en un ámbito que no le compete en absoluto legislar. Nadie matará a un paciente por criterios morales o éticos subjetivos y si lo hace, será procesado por los tribunales al cometer un delito y una inmoralidad objetiva flagrante. ¿Qué se busca legislar con este último punto? Existe el peligro de que se quiera eliminar los criterios éticos, morales y espirituales de los sanitarios en pro de una moral única que proviene del Estado, del establisment y de la opinión pública manipulada por los medios de comunicación. La voluntad del paciente es siempre un factor a tener en cuenta. No obstante, es un disparate establecer un deber jurídico por parte de los médicos hacia la voluntad de los pacientes terminales, ya que pueden estar sufriendo enfermedades metales como la depresión o la ansiedad. ¿Desde cuando sometemos el tratamiento psiquiátrico a los deseos de un paciente deprimido? Hay límites muy claros que se empiezan a desdibujar sin tener que aprobar directamente la eutanasia. ¿Por qué no tenemos en cuenta que un paciente terminal, por su situación delicada, también puede estar aquejado por este tipo de problemas psicológicos? ¿No tienen derecho a una atención psicológica de calidad como el resto de pacientes del sistema?

En definitiva: no hace falta introducir la eutanasia para comenzar el camino hacia el suicidio asistido. Basta con limitar la libertad de los profesionales médicos en el ámbito de sus propias convicciones.

¿Pero verdaderamente se promueven los cuidados paliativos?

Para los católicos es evidente la necesidad de sustituir el ensañamiento terapéutico por los cuidados paliativos en el ámbito sanitario. La letra de la proposición de ley habrá que discutirla en la medida en que se apruebe y se vaya modificando en el proceso. Pero hay que decir que la inexistencia de una atención de calidad a la hora de la muerte no proviene de la ausencia de legislación por la muerte digna, tal y como piensa Ciudadanos. La ausencia de cuidados paliativos proviene de la escasa dotación y la escasa calidad de los servicios públicos. Podríamos comparar la calidad de los hospitales públicos con los centros privados o concertados en materia de muerte digna y los datos avalarían el diagnóstico.

Los políticos pro-muerte, no entienden que el término “muerte digna” no debería significar “acelerar la muerte” sino crear un ámbiente médico favorable para la salud mental y la disminución del dolor. Todo con el objetivo de permitir al paciente un mejor tránsito de una vida a la otra. Es muy importante ese momento para la familia y para el paciente sobre todo. Para ello la ética y la moral nunca deberían faltar en una profesión tan importante socialmente. Los enfermos terminales son los que más necesitan trato humano, ético y espiritual. Son los más vulnerables, junto a los no nacidos y los niños.

No solucionaremos los déficit de atención hospitalaria pública creando derechos abstractos que confieren más poder a las administraciones e introducen conceptos erróneos como la limitación de los criterios morales y éticos de los profesionales.

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