29 de octubre de 2019 1

Volvieron unos y volvieron otros

… de muy distinta manera

Volvían los del bando vencedor. Volvían los vencidos después de pasar por los campos de concentración. En algunos casos aislados, los vencedores se tomaron la justicia por su mano. Algunos pensaron que los vencidos tenían que pagar sus abusos pasados mediante la recepción de una somanta. La oposición de sus padres y la actuación de la Guardia Civil, cortó tales excesos.

Aparte de esos casos lamentables, los vencidos fueron recibidos con alegría en los pueblos. Recuerdo la llegada de Añúa (un parroquiano de nuestra casa) que fue celebrada con una ovación tan pronto entro en nuestro establecimiento.

También regresó, después de cumplida la pena de destierro, la familia de un dirigente nacionalista. En una tertulia de señoras del otro bando surgió el comentario: “ya vuelven esos”. La reacción en contra fue general: “vuelven a su casa y a su negocio”. Elaboraban un acreditado producto de confitería que había dado fama a la localidad.

Nuestro café necesitaba de un nuevo pintado. En mi familia estábamos deseando que volviera de la prisión el pintor que lo había hecho la primera vez. Por fin vino y reparó los desperfectos que el tiempo había dejado en el pintado primitivo.

Con alegría también recibimos al médico que, por sus ideas izquierdistas, había estimado conveniente alejarse del pueblo. Pudo atender a sus pacientes.

Poco antes de comenzar nuestros estudios superiores, habían sido repuestos en sus cátedras dos profesores.

Y ya, transcurrida más de una década regresó de América un exiliado. Nos tocó presenciar su encuentro con el que había sido jefe del Requeté. Se fundieron en un abrazo.

La tónica general, salvo los excesos que hemos consignado, fue recibirles con alegría y cariño. La guerra había quedado atrás. Y no sólo la guerra, sino los años anteriores con sus luchas políticas que se concretaban en odios personales. Venían a vivir en su medio natural. Venían a cumplir una función social. Venían a llenar el hueco que su marcha había dejado.

Recordamos los tiempos de la Tra(ns)ición. Causó escándalo democrático una portada de la revista Fuerza Nueva. Una fotografía a toda página del socialista Llopis, bastante desfavorecido, con la frase “ya vuelven”.

El temor que expresaba la portada estaba justificado. En España habíamos pasado cuarenta años sin ellos. No nos hacían falta para nada. No nos habríamos asustado si su vuelta hubiera supuesto el natural deseo de pasar sus últimos años en la tierra que los vio nacer. Otros muchos habían vuelto ya sin tanta publicidad, antes del comienzo de la Tra(ns)ición. Pero no, venían a hacer política (Aunque en el caso de Llopis su actuación fuera nula).

Volvían para seguir haciendo lo que cuarenta años antes habían hecho tan mal que fue necesaria una guerra para echarlos. Y los herederos de la victoria de 1939 ¡los llamaron para ello!

Hablamos por el resultado final de la operación. No juzgamos la actitud de cada uno. Podían estar arrepentidos de la forma cómo habían actuado. Pero creer, de buena fe, que sus intenciones habían sido buenas. Podían esperar que, cambiando su conducta, la democracia sería viable.

Quienes no tienen perdón, por su conducta, fueron los que les llamaron. No comprendemos que un epígono de los vencedores de 1939, obrase de buena fe al restaurar la democracia en 1978. Salvo que adoleciera de una importante carencia de sentido común. La democracia no es el oasis de paz y convivencia que nos pintan sus defensores. La democracia es la guerra civil incruenta. Tardará cuarenta años en manifestarse en forma de incendios y destrozos. Pero esa es su esencia. Lo fue en 1931. Lo está siendo ahora. ¿O no lo vemos?

A aquellos los recibimos con cariño. A éstos le hemos recibido con recelo. Aquellos hacían falta, llenaban un hueco que habían dejado. Los cuarenta años transcurridos habían demostrado que ninguna falta nos hacían los otros. De ahí nuestro diferente estado de ánimo ante la llegada de unos y otros. No usábamos distinta vara de medir. Es que su talla era muy diferente.

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Un comentario en “Volvieron unos y volvieron otros

  1. Antonio Jesús Sanabria Santiago

    LO QUE EL PARLAMENTARISMO PARTITOCRÁTICO PROCLAMA CON ENGAÑO, TIENE UNA BASE REAL CON LA QUE CONFUNDIR. EL TRADICIONALISMO NO ES ABSOLUTISTA.
    PODEMOS DECIR QUE PROPUGNA LAS TRES FORMAS CONVINADAS EN SU SENTIDO ANTROPOLÓGICO NATURAL DE CADA UNA DE ELLAS.
    RECORDEMOS QUE EN LAS SOCIEDADES PRIMITIVAS LIBRES Y PACÍFICAS, EL JEFE NO ERA ELEGIDO NI SE IMPONÍA. ERA SEGUIDO AQUÉL QUE SABÍA PONER A CADA UNO DONDE MÁS ÚTIL FUESE Y MEJOR SE SINTIERA AL SERVICIO DE TODOS. EL CONSEJO DE ANCIANOS EVITABA CUALQUIER DISFUNCIÓN INDIVIDUALISTA DE LA JEFATURA. ALGUIEN CAPAZ DE PONER EN MARCHA LA ARISTOCRACIA ETIMOLÓGICA, EL MEJOR CADA UNO EN LO SUYO.
    ESE ES NUESTRO APRECIO POR NUESTROS REYES COMO ALFONSO X, ISABEL LA CATÓLICA, LOS AUSTRIAS EN GENERAL Y LOS DE LA DINASTÍA CARLISTA.
    LA COMPLEJIDAD Y EXTENSIÓN DE NUSTRA ORGANIZACIÓN SOCIAL IMPONE SUPERAR LA SIMPLICIDAD DEL CONSEJO DE ANCIANOS, PERO NO LA INTENCIONALIDAD Y EL CONTENIDO DEL MECANISMO DE EQUILIBRIO Y PARTICIPACIÓN QUE SUPONÍA.
    PARA ESO ESTÁ LA DEMOCRACIA ORGÁNICA, DONDE ESTÉ REPRESENTADO LO QUE SE HACE Y VIVE, NO LO QUE APARENTEMENTE SE PIENSA Y CLAMOROSAMENTE SE PROCLAMA MEDIANTE L A INUNDACIÓN DE ONDAS LUMINOSAS Y SONORAS, HABILMENTE DIRIGIDAS A LA DESORIENTACIÓN DE LAS CONCIENCIAS, PREVIOS SONDEOS DE OPINIÓN.

    PORQUE LA REALIDAD ES ÚNICA PARA TODOS Y LAS IDEAS SON DE CADA UNO, LA IMPRESIÓN QUE A CADA CUAL PRODUCE AQUELLA REALIDAD, INCLUIDAS ESAS PROPIAS IMPRESIONES QUE PRODUCEN NUEVAS SENSACIIONES Y SENTIMIENTOS IMPRESOS.
    LOS PARTIDOS DEBEN LIMITARSE A QUE SEAN GRUPOS DE OPINIÓN, A SUS PROPIAS EXPENSAS, SIN FUNCIÓN REPRESENTATIVA ALGUNA.
    LO REAL, LO QUE TIENE QUE ESTAR REPRESENTADO EN LA COMBINACIÓN DE UNA AUTORIDAD LIGÍTIMA Y JUSTA, SON LAS DISITINTAS ACTIVIDADES, LLAMADAS AL CONSENSO, PARA COMPLEMENTARSE Y NO PARA MERMARSE RECÍPROCAMMENTE, EN BENEFICIO DEL CONJUNTO SOCIAL EN EL QUE ACTÚA, DE LA HUMANIDAD Y DE LA CREACIÓN.
    PAZ Y BIEN

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