LA GENERACIÓN PERDIDA

El térino de «generación perdida» suele aplicarse a aquella gran debacle intelectual, también humana, que supuso la Primera Guerra Mundial. Si buscamos afinidades con el carlismo, el caso más evidente es el de Ramón del Valle Inclán. Quizás Ramiro de Maeztu, forzando un poco el concepto, pudiera incluirse entre los perdidos de la «Generación Perdida». Obviamente, nos estamos refiriendo al caso español o, inevitablemente, hispano. La generación de «los poetas malditos» fue, en cambio, más propia del París de finales del siglo XIX. Es necesario acudir a fuentes extranjeras para encontrar a personajes como Barbey d´Aurevilly. Alguien lo definió como «un dandy ultranacionalista y monárquico» «que rezaba el rosario» y que intentaba practicar una especie de psicología inversa que llegaba a la conclusión de acudir a la gracia divina y al orden tradicional. En cualquier caso, sigue siendo Valle Inclán el que reúne las dos características de pertenecer a una cierta generación perdida y a otra, no menos cierta, de poetas malditos. Las Sonatas a Tirano Banderas podrían, hoy día, ser reeditadas cambiando algunos nombres (obviamente esto es imposible pues atentarían contra los derechos de propiedad intelectual) pero parecerían, ni más ni menos, una crónica de nuestra diaria actividad política. Si continuamos retorciendo el concepto de generación perdida nos encontramos con Gaspar Melchor de Jovellanos. Para meditar en nuestra torcida época, nada mejor que observar su retrato, obra de Goya, en 1798. Es un retrato tan expresivo que, en mi opinión, muchos acabaremos teniéndolo en nuestro escritorio. Podríamos seguir con Don Francisco de Quevedo pero sería alargar demasiado esta breve reseña. Los españoles que llegamos a la mayoría de edad en los ya lejanos años de la mal llamada Transición Política somos, queramos o no, víctimas de unos personajes malditos (desde luego poco amantes de la poesia salvo que sea poético el ruido de los doblones de oro engrosando el arca) y, nosotros mismos, somos una generación extraviada y perdida entre océanos de inmundicia.
Miguel Ángel Pavón Biedma
