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4 de septiembre de 2004 0

Todo lo que se puede hacer

En las últimas semanas se ha planteado en el foro el debate sobre el futuro del carlismo. Algo así como “Quo vadis carlismo”. Es bueno que haya debate, es bueno que haya alternativas y propuestas, que se planteen nuevas ideas. En un momento de incertidumbre y de opiniones encontradas hay que despabilar a la imaginación y ponerla a trabajar.

El gran debate es “¿qué lugar ocupa el carlismo el siglo XXI?”, o incluso, como dice mucha gente (incluso en este foro) ¿tiene sentido el carlismo en el siglo XXI?

Nuestra primera preocupación es esta: ¿somos carlistas? esto es, ¿comulgamos con el Dios-Patria-Fueros-Rey? Si no es así, bueno es que nos replanteemos nuestro carlismo. Porque nuestra misión debe ser servir a un ideal, no utilizarlo para adaptarlo a lo que nosotros pensamos que debería ser lo correcto, por muy legítimo que sea esto.

Modificar un ideario para adaptarlo a los tiempos que corren es algo así como decir que se desea actualizar la monarquía presentandola bajo un nuevo aspecto: la república, esto es, capitulando de nuestras convicciones para ser políticamente correctos.

Si lo creemos así entonces lo honesto es que reconozcamos que no somos carlistas y busquemos nuestra opción política en otra parte. Modificar el cuatrilema para “adaptarlo” a los tiempos modernos no supone otra cosa que traicionarlo, aun con la mejor de las intenciones.

Le sucede esto al carlismo con bastante frecuencia (como se puede ver en este mismo foro) por la fuerte carga histórica y heróica que conlleva, que lleva a muchos a amar románticamente a la imagen que tienen del carlismo, y adaptarla luego a sus propias ideas (el caso extremo sería el del así llamado “partido carlista”). Con todo respeto, eso no es carlismo.

Una vez aclarado nuestro apego al cuatrilema y nuestro servicio al mismo (no servirnos de él), queda la segunda gran pregunta ¿qué podemos hacer para presentar el carlismo a una sociedad ajena por completo a sus ideales? Esto sí es adaptarlo a la época actual (esta sí es nuestra obligación), sin necesidad de cambiar nada de sus ideas fundamentales. Y es posible hacerlo.

Esto es así por un simple proceso de razonamiento: si yo creo en el cuatrilema en los tiempos que corren es que pienso que es lo mejor para esta sociedad, ergo si creo lo mejor para mis compatriotas, mi misión no es cambiar sus principios para que se adapten mejor a las ideas dominantes, sino convencer a mis semejantes de que van por mal camino y que existe una alternativa mejor. Otra cosa denotaría falta de fe en lo que defiendo.

Camino infinitamente más duro y empinado, este de explicar hoy en día a una España atea, apátrida, estatalizada lo que es Dios-Patria-Fueros-Rey, que el de convertirse en un partido político al uso, sea “católico”, sea “nacional”.

¿vamos así a convencer a la inmensa mayoría de españoles y cambiar así a la sociedad? ¿vamos a llegar así al poder como preguntaba el otro día un iluso o despistado? No, no es esa nuestra misión. Como providencialistas tenemos fe en Dios. Sabemos que la sociedad va mal. Un día las consecuencias de los funestos principios en los que se basa esta sociedad materialista y hedonista se verán. Entonces la sociedad volverá sus ojos hacia los valores eternos que nos hicieron grandes y respetables, volverá sus ojos a Cristo, y querrá que su sociedad y su Estado vuelvan a estar inspirados en sus principios. Y allí estará el carlismo. Y esa es nuestra misión, mantener esa llama viva y procurar que algún día se convierta en un gran incendio que purifique España (que nadie vea connotaciónes pirómanas o bélicas).

Así que, parafraseando a Kennedy, debemos preguntarnos, no que puede hacer el carlismo por mis convicciones, sino que puedo hacer yo por el carlismo. En las juventudes de CTC somos pocos, personas normales como las demás, con trabajos, familia, aficiones, amigos, aspiraciones, no somos ratones de biblioteca ni nostálgicos que dormimos abrazados a una boina. Pero dedicamos parte de nuestro tiempo (cada uno el que puede) a mantener viva esa llama, a arrimar el hombro para que el carlismo siga existiendo y lo conozca cada vez más gente. Organizando conferencias, coloquios, excursiones, actos políticos, propaganda. Con nuestros humildes medios. Agradecemos todas las ideas que vengan, pero también necesitamos hombros que arrimen.

Alguien decía que el carlismo se encamina a ser una fundación histórica. No sé, tal vez él u otros de este foro debatan sobre el carlismo desde un punto de vista académico. Pero nosotros lo vivimos, y mientras haya una sola persona que viva el carlismo, el carlismo existirá.

Un saludo.

D-P-F-R. Viva Cristo Rey del Mundo.

Escrito en el Foro Carlista

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