El circo de cuatro pistas

El circo de 4 pistas
Pelotacracia (2 de 32)
( Por Manuel Gutiérrez Algaba )–
Un aspecto consustancial del liberalismo es el sostenimiento de una presión cultural que deviene en ser parte de la nueva religión laica de la sociedad. El liberalismo necesita del runruneo incesante de las noticias y de los periódicos, de la prensa e, incluso, de la «intelectualidad», ya sea de salón, ya sea de autores de libros, ya sea de referentes «sagrados», especie de sucedáneos de santos y de obispos.
A medida que avanzó el liberalismo avanzó, profundizó en su capacidad de «espectáculo» total. A mediados del siglo XIX, se inventaron los deportes de masas, a lo largo del siglo XX la radio y la televisión fueron la puntilla a la Religión Católica, que quedaba constreñida a los domingos y a lugares muy concretos, mientras que las nuevas consignas liberales se machacaban todos los días a todas las horas. Por supuesto, el cine, los videojuegos, internet, … todo ello ha ido creando una «densidad» cultural de tal tamaño que empequeñece a la Verdad, y no porque ésta haya perdido vigencia, sino porque ha perdido «protagonismo».
El liberalismo inventó también otro espectáculo, el político, el parlamentarismo. Si bien es cierto que los parlamentos más antiguos, los leoneses, datan del siglo XIII o XII, los parlamentos liberales, como la democracia liberal, no tienen nada que ver con aquellos. El parlamentarismo liberal es, sobre todo, espectáculo. El caso más perfecto es el parlamento inglés, donde no es infrecuente ver como cuchichean, gritan y hacen aspavientos, en una alarde de supuesta libertad y democracia. El espectacular parlamentarismo inglés se apoyó desde el principio en la prensa, para dar resonancia al espectáculo y la fanfarria. Todo este «teatro» no tenía implicaciones políticas. Eran los amos de la City, los banqueros, los que conquistaron Inglaterra en 1688, desde Holanda, quienes con el poder del dinero y las sociedades parasitaban la otrora nación católica de Inglaterra. En Inglaterra jamás hubo ni democracia, ni representación política, ni soberanía popular, ni nada, al contrario, se instituyó el sistema liberal, esclavista, que esclavizó primero a la propia población, tanto niños como adultos, creando la figura del «proletario», del padre de familia convertido en tutor de niños esclavos, creando la figura de las «compañías de Indias», verdaderas asociaciones de piratas y comerciantes de esclavos africanos.
El liberalismo, como suele ser común en él, habla la mentira e invierte los términos, el liberalismo es realmente esclavismo y en la actualidad casi todo el globo está esclavizado al tiempo que «distraído» en un circo de cuatro pistas.
La primera pista la constituyen los deportes de masas mundiales, fútbol, baloncesto, junto con la música mundial. Esta pista entretiene y aliena políticamente a centenares de millones de esclavos.
En la segunda pista tenemos los sistemas pelotacráticos, con los partidos políticos, los falsos parlamentos, los tribunales constitucionales, el «derecho», el «estado de derecho» y demás aderezos. En esa segunda pista conviven los «medios de comunicación», que son los que dan vidilla y sensación de existencia a esos actores geniales que son los políticos. Es más, más de un humorista y actor se ha sumado a esa pista, como Ronald Reagan y en España tenemos también, como siempre, nuestros casos esperpénticos. Esta pista atrae a no pocos forofos de dichos actores o de dichos partidos que gritan : «abajo los rojos», «abajo los fachas», «arriba los verdes»,… y cosas así, muy, muy parecido a los gritos de la pista de los futboleros. Por supuesto, el público suele alternar el entretenimiento de dichas pistas.
En la tercera pista tenemos a la cultura popular:la «ciencia, cine, literatura, poesía del sistema, humoristas,… No es raro el humorista oficial que normaliza alguna de las aberraciones de los políticos, criticándolos al mismo tiempo que endulzándolos, normalizándolos, haciéndolos inevitables. También en esta pista tenemos a los intelectuales y periodistas de mayor empaque, a los analistas, a los periodistas de investigación, o de falsa investigación. Estos «intelectuales» entretienen a los sectores del público más «inteligentes», a quienes no se conforman con «poco», como diría el Loco de la Colina, sino que necesitan un «entretenimiento» más cultivado, aunque siempre dentro de un control, siempre dentro de la esclavitud reinante, siempre dentro de los dogmas sacrosantos que va imponiendo el sistema liberal en la ciencia, cultura o en la historia. Y siempre respetando a los verdaderos amos, bajo pena de cárcel.
En la cuarta pista, esta es nueva, la cultura de internet, la omnipresente, omnisciente, como la falsa inteligencia artificial, ni inteligente ni artificial. Aquí vemos bullir millones de canales de micro televisión, aquí se está produciendo un cambio. Ahora, el espectador salta a la pista y hace también de entretenedor, lo llaman «influencer», creador de contenidos, e, incluso, otras veces, diversos grados de prostitución. Pero se sigue la máxima del liberalismo de estar en un frenesí de entretenimiento, al tiempo que se sufre una esclavitud creciente, una pobreza creciente, un apartamiento de los medios de producción, del medio natural, que ahora se encuentra «protegido», se encuentra vedado a las personas.
En este estado de cosas, con toda la población pendiente de alguna o varias de las pistas del circo, la única manera de recuperarlos es saltar a la pista, con el peligro de parecer un «payaso» más, un futbolista más, un tiktokero más, un influencer de barbas raídas más. ¿Saltar para qué? No para entretenerlos, no para «culturizarlos» como se hace en la tercera pista, no para jugar a las pelotacracias, como se hace en la segunda. Se trata de saltar a la palestra, a la atención del público para intentar hacerlos abandonar el circo, para que reflexionen sobre su vida, sobre su esclavitud, sobre lo absurdo de abdicar su atención y sus afanes en la contemplación de espectáculos degradantes. Se trata de reconducirlos por el camino de la Verdad, de la Vida, también de la lucha, puesto que hay que liberarse de las cadenas de este sistema que exige trabajar continuamente y, además, poner todo su pensamiento, todo su voluntad en entretenimientos vacíos y degradantes.
El otro día escuchaba a una conocida influencer disidente reflexionar sobre si un influencer debía llamar a la acción y a la organización para resistir al sistema. La pregunta huelga, dado que este sistema, entre otras cosas, quiere una «reducción poblacional», es decir, una enorme matanza, y rebelarse contra él, de forma organizada es un deber ético y una consecuencia lógica y razonable. Pero, claro, la influencer está imbuida, colonizada mentalmente por los valores y resplandores del circo, de las pistas y le cuesta trabajo desconectar mentalmente. Por ello, también es prioritario tanto catolizar como enseñar a la gente a pensar, de modo que vea con claridad cada una de las pistas del circo. Ahora existen muchos católicos, muchos carlistas, que, si bien, ya detectan muchas de las distracciones, siguen cayendo en las más afines, en las que hacen de espejo con sus propias inclinaciones, sin darse cuenta de que están en el circo, de que es una ilusión tal amistad con los actores y artistas que absorben su tiempo y, sobre todo, les impiden actuar con caridad y organizarse para liberarse de esa esclavitud. Muchos son periodistas egregios, magnos escritores, soterrados nigromantes de la atención, de la indolencia, de la comodidad del esclavo que prefiere reír y asentir antes que escapar del circo.
Disfrutar del circo, revolcarse en sus lodos sardónicos, no es el plan de Dios para nosotros. Volvamos con Quién tenemos que estar.
Viva Cristo Rey.
