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14 de diciembre de 2022 0

¿“Tirar la toalla”?  Sin la Agenda 2030 y con ella (III)

(Por José Fermín Garralda) –

La velocidad de vértigo que están tomado las cosas, no nos quita argumentos para actuar, sino que nos los ratifica. Ahora bien, ¿y sin nos quedamos petrificados en la hondura del pozo en nuestros críticos días?

Precisamente, cuando “esto” va estallando, hay que hablar de todo, incluida la cansina e importantísima Agenda 2030. No lo hacemos con ruido, porque la denunciarla, con la palabra y los hechos, vamos inexorablemente a las causas acumuladas del actual y general estallido.

Es imposible que haya un vacío de voces sanas en nuestra sociedad.  Mucha gente está viendo por vez primera. Y, afortunadamente, no sólo estamos nosotros. Por eso, si no  actuamos a medida de nuestras fuerzas, actuarán otros. Si nos retiramos, otros nos sustituirán. ¿Y quiénes? Por nuestra parte, si podemos aportar cinco, pues  aportemos cinco, si dos, aportemos dos, todo menos petrificarnos. Sólo en ello se justifica lo que somos y nuestra organización.

Cada persona y grupo tienen su propio perfil. Si cada cuál no responde a éste en la práctica, sus caracteres peculiares, y hasta del propio ser comienzan a disolverse, como la sal insípida que sólo sirve para ser tirada lejos.

La hipocresía es de lo peor. Es cuando nos engañamos al  confundir la actividad con nuestro estar parados. Y otra cosa: ¿tan difícil es comprender que nuestras web, blog, boletines y revistas en papel… deben reactivarse?

En la acción, nuestros verbos preferidos son: conocer, ser conscientes, escribir para comunicar, reunirse, actuar. ¿Y cómo actuar? Pues de la manera que sea, y cada junta carlista que piense el cómo.

En el caso de la Agenda 2030, propongo colocar escritos con cello en las marquesinas para llegar a las personas del común. Y con un enlace de  contacto. También propongo unir fuerzas con otros para originar sociedades alternativas, grupos de  convivencia y vida, siendo fieles a las instituciones sociales para que sean firmes, promover la objeción de conciencia, salir a la calle con la oración y pancartas, y evitar que unos y otros sigan engañándonos.

He aquí nuestras tres defensas, que son tres argumentos de quien se resiste a ser despersonalizado. 

1- En defensa de la libertad psicológica.

Ante la Agenda 2030, es fuerte el argumento de la libertad psicológica. No deseamos ser marionetas, ni conejillos de Indias, ni una granja piloto de ensayo experimental, cuando el Gobierno de Navarra, al aceptar el pilotaje de la Agenda 2030, establezca procedimientos que sirvan para evaluar el efecto que las diferentes políticas públicas tendrán en la “sostenibilidad”. O bien cuando los expertos (designados, no elegidos, y además de instancias internacionales) marquen la estrategia, fines y medios diseñados  para las distintas partes del mundo. Ni los navarros se han planteado ser granja piloto, ni les han preguntado quienes son mucho más déspotas y mucho menos ilustrados que el antiguo “despotismo ilustrado”.

Vinculado a ello, es fácil resaltar la manipulación de la Agenda, cuando se  distorsiona la realidad desplazando al hombre de ser el señor de la tierra -de la que debe aprovecharse y cuidar-, o cuando se exagera con la llamada sostenibilidad para evitar el fin del mundo.

2- En defensa de la persona frente a la masificación como rebaño.

También es fuerte el argumento de que la sociedad está enferma, pues lo supone la misma Agenda 2030. Más aún, lo dicen todos los críticos, incluida todita la jerarquía católica. Está de moda decirlo, quizás porque es verdad.  Ahora bien, ¿enferma, de qué? Aquí vienen las discrepancias. Nosotros decimos que no se trata de falta de poder, sino de no ver o ver muy mal. Sobre todo de no rezar y vivir juntos, y de  soportar demasiado la tiranía porque hemos estado aislados, se es demasiado interesado en el propio vivir y desde luego se es muy cobarde.

Así pues, hay que mantener la crítica y la contestación, ahora sobre la Agenda 2030, síntesis de las maldades anteriores. Nada hay nuevo salvo el cada vez mayor radicalismo y a nivel mundial. Hay que aglutinarse y actuar, lo y que es casi lo mismo.

La actual masificación -la expresión “aldea global” lo indica, pues nadie puede convivir ni amar a los que no conoce- estaba anunciada hace más de cinco décadas:

El hombre se masifica cuando su libertad y su igualdad se tornan enfermizas. A medida que se libera de creencias religiosas, del orden natural de su estructura social, usos y costumbres, abdica de sus responsabilidades y riesgos, y proclama sus derechos… se entrega al totalitarismo estatal. Al obtener la igualdad social, es conducido como ganado por quienes detentan el poder político, cada vez más absorbente y parasitario.

La estructura natural, biológica, es sustituida en la sociedad de masas por una mecanización impuesta desde arriba”.

¿Sabemos de cuándo es este texto? Pues muy antiguo, tanto que para los “progres” resultará profético. Es de 1968 (Juan Vallet de Goytisolo, Sociedad de masas y Derecho, Madrid, Ed. Taurus, 658 pp.). Los de mi quinta teníamos diez años. A medida que nos retrotraemos en el tiempo, hablaron de ello carlistas como Vázquez de Mella, antes que él Aparisi Guijarro, y antes Pedro de la Hoz, éste último en tiempos de ese liberal clarividente llamado Alexis Tocqueville La democracia en América (1835 y 1840).

Según J.-P. Mayer, lo que en 1840 con Tocqueville parecía lejano, en 1967 se convertía en presente o inmediato porvenir. Y hoy, está ante nuestros ojos: la dictadura ha llegado, y más por ser totalitaria.

Ante esto, en vez de consensos que empantanan los males, no queda sino hablar de la Verdad y las libertades. Esto lo ven los muchos que aún mantienen el  sentido común. Eso no quita que, si se trata de hablar de la profundidad del ser humano, la Verdad es la que nos hace libres, sin que el poder civil –por bueno que sea pues no debe ser totalitario- pueda dar solución a todas las aspiraciones humanas. Eso de Un mundo feliz, sólo puede ser en la vida eterna.

Pero hoy se considera todo al revés. La libertad ilimitada y absoluta del querer individual se torna al fin en esclavitud desde el poder civil, porque busca  modelar todo el interior del hombre y, además, en contra de su naturaleza y el ámbito sobrenatural.

3- En defensa del ser natural y la armonía sobre la Tecnocracia.

Así mismo,  otro argumento fuerte frente a la Agenda 2030, es que con la técnica, si se le deja, se puede dirigir todo. Esto al hombre no le gusta, pues el fin de semana las grandes ciudades se despueblan, y la gente busca cuando puede la naturaleza y una vida armónica.

Por lo mismo, hoy y cada vez más, la gente mira la tecnocracia con la mayor alarma. Se admira la técnica como producto de la poderosa razón, pero todos temen que nos distraiga o “descoloque”, despersonalice, agobie y controle como los viejos Faraones y Césares.

La tecnocracia facilita el abuso y excesivo formalismo, pues hace tiempo ha perdido sus bases científicas al reducirse a cómo se hacen las cosas pero sin saber qué es la sociedad y sobre todo cuál es la finalidad última.

En relación con el orgullo de creerse una gran inteligencia, muchos advierten la pedantería y prepotencia perdonavidas del tecnócrata, cuya frialdad hace que, para adornarse y llegar fácil a la sociedad, utilice con artificio a los “influencer”, tan diferentes a las clásicas estrellas.

Esta pedantería se proyecta en la terminología utilizada, críptica y vacía, como si ella misma descubriese un “nuevo mundo”. Es el lenguaje mitificado. Pues bien, nos disgusta que la voluntad de acción y dominio totalitario sobre la sociedad se oculte o disfrace bajo una terminología y propósitos abstractos, nomenclaturas de planes y garantías, estrategias, herramientas de análisis de los efectos, proposiciones y objetivos mil, 169 metas y 232 indicadores, implementaciones, mecanismos de seguimiento, revisiones a escala.

Nos disgusta que se aparente participación social, foros abiertos, un Gobierno todavía más abierto, cuando han logrado desinteresar a la sociedad, dormirla, alienarla, masificarla.

También nos disgusta que se utilice “lo mágico” de muchas expresiones cotidianas, buscando lo atractivo y una publicidad subliminal. Los socialistas y comunistas son hábiles en expresiones tontas y cursis.

Estamos en la sociedad del paripé. El Estado y los políticos que lo ocupan parecen dueños de todo. Y nos cuentan su cuento. Ante sus tonterías, respuestas claras y contundentes, raíces.

Pues bueno, tenemos argumentos para hacernos oír. Si no lo hacemos nosotros, otros lo harán. Y no será la primera vez que gente de la Comunión coquetee en otras filas más allá de los contenidos. Pero ojo, no tiren la toalla.

 

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