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El precio del gasóleo obliga a amarrar barcos de pesca y asfixia las campañas agrícolas.

9 de octubre de 2026 0 Actualidad

La subida del combustible amenaza la rentabilidad del sector pesquero y encarece las labores del campo, poniendo en dificultades a pescadores y agricultores.

El encarecimiento del gasóleo está poniendo contra las cuerdas a buena parte del sector primario. El aumento de los costes de combustible obliga a más barcos de pesca a permanecer amarrados en puerto, mientras que agricultores dedicados al cultivo de hortalizas y cereales afrontan mayores dificultades para sacar adelante sus campañas.

En el sector pesquero, el combustible representa uno de los principales gastos de explotación. Cuando el precio del gasoil aumenta, salir a faenar resulta menos rentable, especialmente para las embarcaciones que obtienen capturas insuficientes para compensar los costes del viaje. Ante esta situación, algunos armadores optan por reducir las jornadas de trabajo o dejar temporalmente sus barcos en puerto para evitar acumular pérdidas.

Las consecuencias también se extienden a las lonjas, las empresas comercializadoras y los trabajadores que dependen de la actividad pesquera. Una menor actividad en el mar puede reducir la llegada de producto fresco y afectar a toda la cadena económica vinculada a la pesca.

En el campo, el impacto del combustible se deja sentir en prácticamente todas las fases de producción. La preparación de la tierra, la siembra, los tratamientos, el riego que requiere maquinaria y la recolección dependen, en mayor o menor medida, del consumo energético. En las explotaciones de hortalizas, donde los trabajos deben realizarse dentro de plazos concretos, el incremento de los costes reduce unos márgenes de beneficio que ya están condicionados por los precios de venta y el coste de otros insumos.

Los productores de cereales también se enfrentan a una campaña más cara. Las labores de preparación del terreno, la siembra y la cosecha requieren maquinaria pesada y un consumo considerable de gasóleo. Si los gastos aumentan sin que los precios percibidos por los agricultores crezcan al mismo ritmo, la rentabilidad de las explotaciones puede verse seriamente comprometida.

El problema afecta especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que cuentan con menos capacidad para absorber las subidas de los costes. Tanto pescadores como agricultores dependen de factores externos, como la evolución del mercado energético, sobre los que tienen escaso control.

Ante este escenario, los sectores afectados reclaman medidas que permitan aliviar la presión económica y garantizar la continuidad de sus actividades. Entre las posibles soluciones figuran ayudas al combustible, mecanismos de apoyo ante incrementos extraordinarios de los costes y políticas que refuercen la viabilidad de las explotaciones.

La evolución del precio del gasoil será determinante para el futuro inmediato de estas actividades. Mientras los barcos reducen sus salidas y las explotaciones agrícolas ajustan sus gastos, el encarecimiento de la energía vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de dos sectores esenciales para el abastecimiento de alimentos y el mantenimiento de la economía rural y costera.

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