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22 de abril de 2024 0

Si el poder fuera servir…

(Por Javier Garisoain ) –

Me preguntan a ver cómo entendemos los carlistas, dentro de nuestra concepción foral de la política, el problema del reparto regional de competencias en educación, o en sanidad, o en materia de orden público. Va todo en una misma pregunta, mezclando asuntos que aparentemente no tienen mucho que ver como son las políticas sanitarias, las educativas y las policiales. En realidad sí tiene sentido porque todo ello son servicios por los que debe velar la autoridad. Servicio, esa es la palabra. 

La cuestión es, ¿cómo se reparten esos servicios o cuidados en los distintos órdenes territoriales? La clave desde el punto de vista tradicionalista está en los principios de subsidiaridad y solidaridad: Todo aquello que pueda solucionar una entidad inferior no tiene por qué exigir la intervención de la entidad superior. Y todo aquello que no pueda solucionar el ente inferior requerirá una intervención del superior. Con este esquema da igual que hablemos de bacterias, de baja comprensión lectora o de delincuentes. Lo que podríamos llamar el talante fuerista exige liberar -y cristianizar- el concepto de soberanía de forma que el que ostenta la autoridad no sea tanto el que ordena y manda sino el que sirve. El gobernante cristiano, ya sea un padre de familia, un alcalde, un diputado o el rey, no está donde está para hacer lo que otros ya están haciendo sino para servir -subsidiariamente- haciendo aquello que es necesario y se ha quedado sin hacer.

En el sistema moderno, el de la ideología liberal y sus derivadas, como sucedía en los sistemas pre-cristianos, la autoridad se convierte en mero poder. Ya no está donde está para servir sino para extender, como un pulpo, su influencia, capricho y voluntad allí donde lleguen sus tentáculos. Por eso el mundo de la política, cuando prescinde de Dios, como pasa con los gansters, las mafias, los narcos o las maras, se reduce a una lucha de poderes contrapuestos. En ese mundo no hay fueros que valgan porque el poderoso llegará allí donde no encuentre la resistencia de otro poderoso.

Me dirán que eso de una autoridad dispuesta a servir más que a mangonear es un sueño utópico e imposible. Bueno, pues esa es nuestra historia, la de la Cristiandad, la de un mundo imperfecto que se empeñó en seguir ese ideal “imposible” que anunció Jesús en el Evangelio: Mateo 20: 25-26: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor”

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