8 de septiembre de 2017 0

¡Se trata de España!

Este movimiento que se está produciendo en Cataluña, “proceso” le llaman los separatistas, auténtico golpe de estado por entregas al que estamos asistiendo atónitos los españoles de bien amantes y defensores de España y por tanto de Cataluña como tierra irrenunciablemente española, es etiquetado por el sistema que lo permite como ataque a la constitución que (dicen) “nos hemos dado” y a la democracia a la que tanto adoran como si de un ídolo mágico que todo lo puede y todo lo cura se tratara.

¿Ataque a la constitución? ¿No se conocen el artículo VIII? Si, hombre, ese que habla de las nacionalidades. Y qué otra cosa es una nacionalidad que el subterfugio, la argucia, el ardid, el eufemismo evidente de nación admitida entusiásticamente por todos los partidos del sistema. ¿Y qué busca una nación? Es obvio, un estado, un estado propio y, lógicamente, independiente. Si esta constitución, a la que ahora apelan desesperadamente pero que no cumplen ni siquiera en estos momentos trascendentales y graves (léase el artículo 155) admite la existencia de naciones (aunque las llame eufemísticamente nacionalidades)….¿cómo se nos presenta este ataque a España y a su unidad como un simple ataque a la constitución? ¡Ah!, que no, es un ataque a la legalidad constitucional, nos dicen a continuación, si se quiere ser independientes basta con cambiar la constitución. Una vez conseguido tal cosa, no hay problema alguno ni de legalidad ni de legitimidad, porque sería todo perfectamente constitucional. Todo muy lógico.

¿Ataque a la democracia? ¿Pero no hemos quedado en que en democracia, democráticamente, todo se puede votar y todo se puede llevar a cabo siempre que la mitad más uno de los electores así lo quiera? ¿Y qué quieren hacer los separatistas? Votar, claro. ¿Dónde está el ataque a la democracia? Que no, que no, que es un ataque a la legalidad democrática, nos siguen insistiendo. ¡Ah!, ya. Y si la legalidad democrática dijera otra cosa, se les daría la independencia y en paz.

No señores, no. Entérense de una maldita vez. Estos gravísimos acontecimientos a los que asistimos impávidos e impotentes, llenos de rabia y de indignación, no tanto por el intento separatista que, al fin y al cabo, están en su papel, sino por la inacción cobarde y traidora de un gobierno felón, desleal y desertor de sus obligaciones, estos acontecimientos digo, son un ataque a España, a la patria española, única e indivisible, forjada durante siglos, muy anterior y muy por encima de democracias, constituciones y legalidades provisionales o del momento histórico cual sea. Por tanto se trata de España, de su unidad irrevocable e irrenunciable y de la libertad de miles, decenas de miles, cientos de miles de catalanes que se sienten y quieren seguir siendo catalanes y españoles, españoles y catalanes. Y a España no se la defiende con querellas o con recursos de leguleyo que hacen reír a carcajadas a quienes no reconocen más legitimidad y más legalidad que la suya propia. Se la defiende con patriotismo, con coraje, con valentía, y si es necesario (y creo que lo acabará siendo precisamente por la pasividad, la indolencia y la apatía de un gobierno de “rajaos”) con la violencia. Fue vergonzoso y patético ver como los diputados llamados “constitucionalistas” abandonaban el parlamento catalán cuando se procedió a votar la ley del referéndum. Diputados cómplices por omisión. Esa votación nunca se debió haber producido. Con la ley y la razón de su parte lo tenían que haber impedido. Con la violencia, repito, si hubiera hecho falta.

Por cierto, esta inacción cuasi suicida  no es  solo del gobierno o de los diputados “constitucionalistas”·. Existe un jefe de estado, al que intitulan “rey”, supuesto garante de la unidad de España, que al parecer ni siente ni padece, puesto que no se le conoce movimiento alguno para parar este despropósito y devolver las aguas a su cauce. Es que no tiene poder de ningún tipo, vuelven a decirnos los pepito grillo del sistema. Tampoco lo tenía su muy constitucional y democrático papá y no tuvo problema en ordenar, sí, ordenar, al ejército el 23F que no secundara el golpe en marcha. ¿No es el “proceso” de Cataluña un golpe de estado público y notorio? ¿A qué espera para ordenar al ejército que se movilice, más aún teniendo en cuenta que sería una medida perfectamente constitucional, dado que la constitución mandata a las F.F.A.A. la defensa de la unidad de España? Artículo 8.1 de la constitución: “las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional“. Pues bien, si el inquilino de la Zarzuela no tiene los bemoles suficientes para ordenarlo, ha de ser el ejército, o parte de él, el que, por patriotismo, no patriotismo constitucional, sino patriotismo de verdad, pare el golpe de una vez y de un plumazo y acabe con este estado de cosas inadmisible que nos tiene a los buenos españoles con el corazón en un puño.

Y si el ejército tampoco tuviera sangre patriótica en las venas nos toca a nosotros, patriotas españoles, catalanes orgullosos de ser españoles, pocos o muchos, no importa el número, enfrentarnos al separatismo y vencerlo una vez más.

Porque ¡SE TRATA DE ESPAÑA!

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