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15 de marzo de 2021 1 /

Por eso somos monárquicos

(Por Carlos Ibáñez) –

Los duques de Sussex han concedido una entrevista a una periodista americana. Todas las cadenas de televisión la están difundiendo, ya entera o en sus partes más importantes. El Duque ha llegado a quejarse de que su familia no es libre. Que está atrapada por el sistema. Por el sistema monárquico, se entiende.

El Duque ha descubierto el Mediterráneo. Los monárquicos defendemos la Monarquía por eso. Porque, en ella, una familia se ha consagrado al servicio del bien común. Ello trae una serie de ventajas, para los gobernados, que en otras ocasiones hemos expuesto y no vamos a repetir. Pertenecer a una casa real impone una serie de obligaciones y sacrificios muy fuertes. Los monárquicos lo sabemos. Por ello amamos al Rey y a sus familiares. Por eso los carlistas han derramado, en muchas ocasiones su sangre por el Rey. Porque identificamos al Rey y a su familia con la Patria. Nuestra lealtad y amor no nacen de una idea que calificaríamos de supersticiosa, si no fuéramos conscientes de los beneficios que, para el bien común, reporta la familia objeto de tales amor y lealtad.

Las circunstancias históricas han dado lugar a que nuestros Carlos no tengan hoy un sucesor. Por eso muchas veces hemos manifestado el dolor que nos causa no poder personalizar nuestro grito de “¡Viva el Rey”! Y es que el Rey, cuando lo es de verdad, merece el amor de sus súbditos y los sacrificios que se toman por su defensa. Porque la vida de un Rey Legítimo es un continuo servicio a la sociedad.

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Un comentario en “Por eso somos monárquicos

  1. identicon

    Luís B. de PortoCavallo

    Esto es lo que sucede cuando infaustas DINASTÍAS USURPADORAS se perpetúan en el poder, desde la pérdida de legitimidad de ejercicio por Enrique VIII
    Los martirios de católicos, desamortizaciones y destrucciones de monasterios se acrecentaron con la hija Bastarda (Isabel), de la “Mala Perra” (como el propio pueblo inglés denominaba a Ana Bolena), usurpadora de su hermana mayor María Tudor.
    Después con las conspiraciones de los “Cecil” (padre e hijo) para ajusticiar a María Estuardo y poner en el trono a Jacobo (al que San Roberto Belarmino, S.I. y P. Francisco Suarez, S.I., a petición del Papa, declaran hereje, inmoral e ilícitas sus prácticas y juramentos de “fidelidad”), se llega al punto en que Cronwell y Fairfax cortan la cabeza a su hijo, el rey Carlos, cien años antes que la revolución francesa hiciera lo propio.
    Más recientemente, son tan poco honorables, que renuncian a su verdadera ascendencia (Sajonia Coburgo Gotha), porque “sonaba” demasiado germánico, inventándose eso de Windsor. No hay que olvidar que Jorge V, el kaiser Guillermo y el zar Nicolás eran primos, que además, físicamente, eran casi idénticos.
    Así que no es por esto por lo que somos monárquicos, dado que ésa no es precisamente un ejemplo de lo que debe ser una monarquía. Es más, es, precisamente, el modelo de la corrupción por la cual la monarquía se convierte en finalidad en sí misma, y no en servidor de Dios en la Tierra.

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