PIB per cápita: el espejismo del crecimiento
(Por Jose Bustinza) –
Hoy me he acordado de un artículo en una revista de negocios que traducía como «maricón el último» -así, sin los temores timoratos de nuestra época- un término usado en inglés de negocios para describir un momento particular pero no insólito en el ciclo de la empresa.
El artículo refería esa situación que se da en sectores en decadencia -pensemos en el transporte con caballos- donde aquellas empresas más avisadas, que prevén que la continua disminución de la demanda lleve a la desaparición, abandonan el sector dejando a sus competidores la ilusión de un momentaneo crecimiento; alguno de los que permanece puede decidir aumentar la inversión, adquirir más carros y caballos, creyendo que su negocio aumenta por otra razón distinta al abandono de su competencia. El final es brutal.La advertencia era clara: el empresario prudente debe vigilar tanto su empresa como el sector. Ese “estrabismo” puede ser la defensa contra el desastre. La moraleja: los datos pueden mentir.
Hace unos días se divulgó la especie de que nuestro país ha superado en PIB per cápita a Japón. Enhorabuena… creo.
¿Per cápita? Quizá ahí resida la trampa.
Esta aparente victoria tiene letra pequeña. La depreciación del yen—un 40 % desde 2021—ha reducido drásticamente el PIB japonés medido en dólares, lo que distorsiona las comparaciones internacionales. Hay más razones, la OCDE advierte que España sufrirá la mayor caída en la tasa de empleo sobre población activa dentro de sus países miembros, con un descenso de 10,3 puntos porcentuales hasta 2060, frente a una media del 2 % Es la larga sombra de esa lápida que se levantó hace cuarenta años, la ley del aborto.
Con una pirámide poblacional desequilibrada, sin niños y con muchos ancianos y una edad de jubilación al alza, la proporción de población activa respecto al total tiende a la unidad. Sin niños ni mayores todos seríamos mano de obra, así nuestro PIB per cápita aumentará. Quizá el escenario soñado de nuestros actuales próceres sea aquel tiempo de la primera revolución industrial en que la famila al completo acudía al tajo. Celebran con igual entusiasmo los incrementos del empleo, sin advertir que la carestía obliga.
Que los políticos celebren este éxito frente a Japón es análogo a aquel empresario que compra carros y caballos cuando su sector desaparece. Un espejismo de crecimiento. Celebrar nuestra desaparición.
