28 de marzo de 2020 1 /

Pandemia global: Una interpretación alternativa

Por Marco Rassmussen

Me he visto particularmente sorprendido por ciertos comentarios expresados en las redes sociales al respecto del coronavirus y sus efectos. Soy bastante activo en ellas y, aunque no posteo demasiado, siempre estoy atento a las novedades y, especialmente, a las cuentas que me interesa seguir. Dado el revuelo que ha desatado el tema, me he visto interesado en escribir y compartir este breve análisis.

Al respecto del coronavirus, su declaración como “pandemia global”, las medidas encaradas para hacerle frente y sus efectos políticos, presentaremos tres interpretaciones, por supuesto, interrelacionadas entre sí, brindando, a la vez, una interpretación particular del problema en general, acompañadas de una evaluación sobre las medidas tomadas por los gobiernos al respecto.

Antes de entrar en tema, en primer lugar, realizare esta aclaración que, si bien resulta obvia, no deja de ser importante. Aquí no trataremos sobre asuntos médicos. No soy médico, jamás estudie nada sobre medicina y se muy poco al respecto. No es mi rubro y, como es obvio, no estoy de ningún modo en condición de cuestionar lo que la ciencia médica y sus expertos tienen para decirnos. Este es un blog de politica, así que nos centraremos en el lado de político, el que, como no puede ser de otro modo, cuando de asuntos sociales se trata, resulta central y fundamental. El coronavirus es un asunto médico, sí, pero, dado el estatus adquirido de “pandemia global”, esta atravesado de lleno por la politica, y a eso nos dedicaremos.

La interpretación general: Avance progresista. Por qué no ser optimistas.

Continuando, esto es lo que llamó mi atención. He notado, también entre aquellos con quienes comulgo en lo relativo a las ideas, cierto aire de optimismo, por decirlo así, o, en su defecto, de complacencia o cierta simpatía por el conjunto de medidas adoptadas por los Estados ante la declaración de la “pandemia global”.

Para ser más preciso, sigo mayoritariamente cuentas argentinas, varias españolas, y también algunas de otros lugares de Latinoamérica, así como americanas. En general, la mayor parte de los Estados del mundo, y en especial los primeros dos países, han adoptado una serie de medidas similares centradas en el aislamiento social como respuesta ante la pandemia. La idea es que el peligro principal de la enfermedad no es tanto su letalidad en si – que es de un porcentaje bajo-, sino su relativamente fácil y rápida transmisión infecciosa, por lo que la solución radicaría en reducir al mínimo los contagios, manteniendo a la población en cuarentena, hasta que esté disponible una vacuna.

Bien. Esto no se trata de analizar que tan justas, inmorales o éticas son estas medidas, tampoco nos centraremos demasiado en su efectividad -y quizá sea demasiado pronto para tal análisis. Hay una sola cuestión que nos interesa acá: ¿El final de esta pandemia global nos dejara más o menor soberanía? ¿Nos supeditara mas a la gobernanza global? ¿O el incremento de las capacidades estatales podrían servirnos para escapar, al menos en parte, un poco más a las garras del globalismo?

El optimismo al respecto proviene de permitir que el juicio se vea nublado por la confusión y, aparentemente, surge a raíz de que perciben en estas respuestas un aire de Verdad. Si bien hay algunas con las que concuerdo, y que, considero, debieron tomarse mucho antes, y que deberian mantenerse aun si no hubiese alguna pandemia, como el cierre de las fronteras, por ejemplo, encuentro equivocadas estas reacciones, y las considero un juicio apresurado.

Se puede pensar en la cuarentena como algo positivo porque nos brinda un escape transitorio del mundo del trabajo, permitiéndonos volver a centrarnos en lo importante: Valorar a la familia, proteger a nuestra gente y ser responsables de nuestras acciones, sobre todo, en un mundo donde dichos principios agonizan. Es una oportunidad para el refuerzo de los lazos comunitarios, pero este no es el principal efecto que estamos viendo.

No olvidemos algo fundamental. Las medidas de aislamiento social forzoso, tales como las cuarentenas masivas, son medidas completamente individualistas al mejor estilo hobbesiano: Estamos en guerra, y todo lo que importa es la supervivencia del individuo. Esto, el individualismo hobbesiano, es parte integrante fundamental de la Síntesis progresista, la Idea del Poder, y está más vigente que nunca, siendo una prueba de que estas soluciones son, antes que nada, un refuerzo del sistema vigente.

El aislamiento social, al menos este tipo de aislamiento social, más que cualquier otra cosa, estimula el individualismo mediante la explotación el narcisismo. Es la oportunidad soñada por todos esos lacayos que estarán deseosos de entregar a sus vecinos con tal de recibir un mínimo de atención que les sirva para inflar el pecho diciendo “mira que gran ciudadano soy”, llenando así sus grandes egos. Desdeñable. Estos falsos héroes morales disfrazan de solidaridad y justifican mediante “responsabilidad social” lo que realmente es solo “alcahuetismo” y, en el fondo, envidia por no animarse a hacer lo que tanto critican.

Una sociedad “buchona” no es una sociedad unida. Si los vecinos se venden, se delatan entre ellos, entonces no hay ninguna comunidad. La comunidad está en la ayuda y asistencia desinteresada al prójimo, no en la entrega del prójimo para la complacencia propia. Ahí no hay comunidad, ahí hay sólo átomos. Comunidad es cuando mi bien es el bienestar del otro, no cuando el mal ajeno es una oportunidad para mi satisfacción.

Otro error es considerar a las medidas de cuarentena o de cierre de fronteras como un avance o refuerzo de la soberanía nacional. Todo lo contrario. Pero no nos quedamos aquí. Si bien puede parecer que este avance de la autoridad del Estado nos permitirá a largo plazo mayor independencia politica, esto, en realidad, convertirá a nuestro Estado argentino en un mejor alcahuete del hegemon americano. El resultado de estas medidas de incremento en las capacidades estatales es y será completamente coincidente con los intereses del globalismo: La consolidación y formalización de un Gran Hermano Global.

Veamos. Luego de décadas de no haber hecho realmente mucho, en ausencia de guerras y grandes conflictos o crisis, los Estados pueden haber olvidado cómo hacer su trabajo. Por esta razón, el Poder puede estar desconfiando de sus fuerzas, por lo que necesita revisar su estado. Toda crisis, especialmente si es global, es una gran oportunidad para que los Estados se readapten y actualicen sus estrategias y capacidades. Particularmente, una es importante: Control y administración de la población. Esto tiene nombre y apellido: Más burocracia.

Es evidente el deterioro que, con los años de desuso, los Estados han mostrado en su capacidad de realizar las tareas fundamentales propias de su condición. Y es que, al menos desde la Segunda Guerra Mundial, los Estados de Occidente no son nada más que niñeras tutelares contratadas por el gran Patrón. Enormes máquinas burocráticas extractivas, cuya única función, la que aún reservan para sí, es la gestión relativa de su aparato fiscal.

El matón del barrio, el gran hegemon americano, aprovechará esta oportunidad para poner a punto a sus lacayos. Considero que la mejor prueba es la forma en que los sistemas de medios occidentales -ya veremos más de esto-, los comunicadores de la gobernanza global, de las instrucciones americanas, han realizado una muy fuerte campaña para instalar y generar la emergencia. Esto debería, al menos, despertarnos dudas.

En mi opinión, no es nada más que eso. Aquí no hay ni habrá lugar para el nacionalismo, soberanismo, populismo, no hay nada de eso acá. Esto es más de lo mismo. Globalismo puro y duro. Ahora la élite liberal ha conseguido la excusa que tanto necesitaba pero que no tenía para profundizar en su tarea orwelliana.

Cuidado, querido lector. Esto no es apología al libtardismo. No es un planteo idealista o declaración de principios. Es una realidad observable. Realmente no hay ningún espacio para la particularidad acá, para determinar nuestro camino como argentinos, ni lo habrá. Simplemente estamos tomando el mismo camino que el resto de Estados lliberales.

Ahora, puede objetarse que esto se debe a que esta es la respuesta inmediata natural de todo Estado ante el peligro de su seguridad -y ya profundizaremos en esto. Siendo así, solo cabría esperar algún lugar para marcar nuestra particularidad recién una vez superada la crisis. Si algo realmente cambiase y, por ejemplo, ganáramos soberanía, deberíamos poder diverger respecto de Occidente. Sin embargo, lamento frustrar toda esperanza, el camino será el mismo ¿Por qué? ¿Por qué no podemos hacer nada al respecto, aun teniendo una crisis clogal como oportunidad?

Porque el sistema sigue siendo el mismo: Progresismo/globalismo. Cuanto este supuesto y ventilado “apocalipsis” termine, seguiremos siendo una colonia americana tutelada por una niñera local, solo que esta será más grande, gorda y malhumorada. Nuestro sometimiento al globalismo, que no es otra cosa que la hegemonía americana, no cambiara.

No hay nada que justifique pensar que algo podría cambiar. Los únicos signos positivos que vislumbramos (comunidad, fe, fortaleza) son pruebas de que aún no hemos sido totalmente destruidos por el Poder corrupto; pero no son signos de cambio, sino pruebas de que el deseado muerto aún sigue vivo en la agonía.

Nada ha cambiado. Veamos. La democracia sigue allí, arrasando con todo. En ningún país Occidental siquiera se concibe la idea de postergar, digamos, unos diez o quince años las elecciones, al menos para probar algo distinto.

Los sistemas de medios, tanto los viejos como los nuevos -televisión, diarios y radios, así como redes e internet- siguen completamente vigentes. De hecho, han salido reforzados de todo esto ¿Cuál cree que podría ser el resultado de varias semanas, quizá hasta meses, teniendo a la población frente a la pantalla? No quiero siquiera pensarlo. Si antes éramos presas fáciles, hoy los propagandistas cazan en el zoológico.

Los sistemas educativos tampoco están en cuestión. La educación es una y solo una, la misma y única en todo Occidente: Educación liberal. Lo único que, en todo caso, se reconsidera es el modo de implementación, que si presencial o virtual. Vamos ¿Esa es toda la profundidad del análisis? Superficialidad pura.

Como vemos, si nos ponemos a analizar, cada uno de los instrumentos de la gobernanza global, la democracia en sí misma, siguen intactos, y nada se piensa hoy al respecto de su obsolescencia y sus nocivos resultados para nuestra gente.

Lo único que quizá corre riesgo de cierto cambio es el sostén del orden económico impoluto, el “socialismo para ricos” que vivimos -¿Esto es así?-. Podría decirse también que las medidas no son del agrado de nuestra querida progresía ¿Cómo vas a parar la economía abrupta y desorganizadamente y sin un plan de acción posterior? ¿Acaso quieres dejar a la gente sin trabajo? ¿Quieres qué sucumbamos de hambre? Por supuesto, el buen progresista jamás apoyaría esto ¿Verdad? Bueno, de hecho, un progresista diría en este momento algo así como “debemos salvaguardar la vida humana a expensas de la economía” -obviamente, sin jamás advertir que sin economía no comemos-. Simplemente se cierra la economía mediante la cuarentena y se envía dinero a todos a través de la mano Mágica del Estado (fisco, maquinita y deuda). Puedo ver claramente a un humanitarista reclamando esto, y también puedo ver a alguien que desea destruir a mi país queriendo esto. El truco está en notar la diferencia. Déjame decirte un pequeño secreto, no la hay.

En resumidas cuentas, esto puede entenderse como una adaptación del globalismo a sus propias deficiencias. Como vemos, “un mundo sin fronteras” es una idea realmente asesina, tanto, que hasta el mismo Poder se ha asustado frente a ella. Por tanto, necesita reformarse para fortalecerse. Esto no es un suicidio, es una actualización.

El rol de la Agencia y los Estados díscolos.

Ahora, bien puede objetarse que todos los Estados están tomando medidas de este tipo, incluso los que se hayan por fuera del área de influencia directa de Estados Unidos. Entonces ¿Qué podemos decir al respecto?

Hay una primera razón que puede explicar porque todos los Estados están tomado medianamente las mismas medidas ante esta nueva crisis. Esta explicación pertenece al nivel de agencia, es decir, que corresponde a la acción de los Estados: Mimesis. Pero esta no es una respuesta nueva, de hecho, los Estados han estado copiándose mutuamente durante siglos ¿Por qué? La mimesis es una estrategia adaptativa transversal a todas las instituciones. Las instituciones están inmersas en un mundo escaso y competitivo. El objetivo básico de toda institución es sorbevivir, pero también puede querer crecer y expandirse. Cuando una institución advierte que otra ha encarado un comportamiento exitoso, ante la misma situación, intentara imitarla con el objetivo de salir igualmente beneficiada. Esto es propio de un mundo en competencia entre instituciones. Si el otro hace algo bien, le copias y listo.

Este comportamiento de imitación puede generalizarse y asumirse hasta un punto en el cual resulta completamente natural. Los Estados, al final, aun sin saber realmente si la estrategia es exitosa, se imitan entre si porque el simple acto de mimesis les ha resultado historicamente bien, más allá de si la estrategia imitada en cuestión resulta, al final, beneficiosa o no. Esta es una explicación bastante potente para explicar errores generalizados entre los Estados, cuando todos toman las mismas decisiones erróneas ante el mismo problema.

Sin embargo, si bien este puede ser un factor interviniente, y hasta puede ser una explicación en sí misma, apuntamos por algo mucho más profundo.

Tenemos otra razón para explicar el hecho de que los Estados que no están en el área de influencia directa de Estados Unidos, es decir, los que no son Occidentales, apliquen similares medidas a los Estados liberales Occidentales. Esta es, seguridad. Un intento de resguardo de soberanía. Ante la oportunidad, independientemente de si perciben a la pandemia como una avanzada de control global o no, utilizan la emergencia como una oportunidad para aumentar su control y asegurar su soberanía.

Cuando eres un Estado “díscolo”, un Estado que no se somete a la hegemonía unipolar, aunque seas una potencia o no, tu preocupación por la seguridad es particularmente superior a la del resto de Estados que simplemente obedecen al Poder. Esto es, de hecho, una explciacion para entender porque el aquellos Estados que plantan cara al Poder global liberal tienden a ser particularmente mas “autoritarios”, porque no les queda otra. Esta sensación de amenaza permanente los hace especialmente sensibles ante situaciones de potencial peligro, así que no debería sorprender que adopten medidas rápidas y bruscas.

El rol de la democracia. Crisis y auto-salvataje.

Pero ¿Cómo puede ser que las democracias, los “estados libres” -según nos dijeron- puedan volverse tan “terribles” como los autoritarios?

Quizá no haya quedado demasiado convencido con las ideas hasta aquí presentadas, puede que especialmente no le haya satisfecho la primera. Demasiado conspirativa ¿Verdad? También podría objetarse que no son mas que conjeturas, y probablemente tenga razón. Pero permítame un punto más.

Bueno, para entender esto debemos meternos un poco en el funcionamiento del gobierno democrático.

La democracia opera mediante lo que podemos llamar “desvío de mando”, o “desvío de gobierno”. Como la democracia dice consistir en el “gobierno del pueblo” o “del público”, toda medida debe aparecer “desde abajo”, esto es, debe ser vista como un reclamo del pueblo o, al menos, debe evidenciarse que está avalada por éste. Lo contrario sería autoritario, y el autoritarismo es intolerable por la salud de la democracia. Por supuesto, como sabemos, esto no es más que una ficción, una “historia formulada”, una retórica discursiva central que sirve para legitimar al gobierno, lo que Mosca llamaría una “fórmula politica”.

Entonces, como la democracia es una farsa, pero el gobierno depende de esta farsa, antes de tomar la más simple decisión, todo un mega-aparato comunicacional debe entrar acción para mantener la ficción. Este mega-aparato de gobierno por desvió es un mecanismo de control, creación y difusión de (des)información masiva que tiene tres grandes pilares: Los medios, la academia y la educación. La educación enseña la mentira, los medios readaptan la mentira y la academia adiestra en la mentira.

La educación te toma desde infante para adoctrinarte en la mentira oficial. Aun no tienes nada en tu cerebro, lo que sabes sobre el mundo que te rodea es nulo, eres un disco duro vacío, así que es la mejor oportunidad para llenarte de basura. Pero, claro, la gente crece, y esa inocencia no puede explotarse permanentemente. Eventualmente, podrías crecer y darte cuenta de que todo lo que te han enseñado realmente tiene muy poco que ver con el mundo que te rodea ¿Qué hace el Poder entonces? Para asegurarse que jamás podrás resolver el cortocircuito producido en tu cerebro cuando notes la enorme brecha entre la realidad percibida y la mentira aprendida, llena esa brecha con mentiras actualizadas. Una vez adulto, consumirás los medios que adaptarán la realidad a la mentira. Es peligroso que estés informado, así que es mejor (des)informarte primero. Es mejor prevenir que curar ¿Cómo serán, entonces, los niños corregidos por sus padres de la mentira oficial, si estos están expuestos a mentiras nuevas recientemente actualizadas y en tiempo real?

Por último, como la Síntesis necesita recrearse, reforzarse, actualizarse, expandirse y comunicarse, requiere de los mejores profesionales disponibles para esta tarea, y se encargara de formarlos. La academia te adiestrara en el arte de la mentira, te convertirán en un agente de propaganda oficial, y obtendrás, así, licencia para andar por el mundo contaminando ideológicamente todo lo que toques, alardeando de tu estatus, luciendo tu carné de lacayo oficial. Esta es la fórmula del Poder progresista, y no ha cambiado en absolutamente nada, y tampoco nada se está haciendo para ello.

Como este es un problema que requiere, principalmente, de adaptar la realidad a la mentira, para luego (des)informar la mentira a la población, el elemento fundamental en este aparato comunicacional, particularmente para esta tarea, son los medios de comunicación. Cuando de actualidad se trata, los medios cumplen la función de mostrarnos la realidad a través de los ojos del gobierno, asegurándose de que sea la única interpretación que importe. Una vez que veas lo que ve el gobierno, entonces querrás lo que quiere el gobierno. Logran, así, cumplir con su objetivo: Mostrar a todas las medidas de gobierno como socialmente demandadas. Los medios son aquí el desvío de gobierno fundamental que da fuerza vital al Poder. Toda política pública comienza como una publicación en los medios.

El problema es que, en ocasiones, el intento de sostener la ficción llega muy lejos. El mejor ejemplo lo estamos viviendo hoy. Por no haber tomado a tiempo las medidas adecuadas, hoy se está imponiendo un aislamiento social improvisado, apresurado y completamente desorganizado, cuyas consecuencias serán muy graves. Literalmente, tuvo que llegar el virus a enfermar a nuestra gente y que todos entraran en pánico -por supuesto, con la previa inyección de pánico en la sociedad por parte de los medios- para que el gobierno se decidiera a actuar.

Personalmente, a pesar de lo expuesto, y especialmente me estoy refiriendo a mi país, Argentina, creo que el caos actual se debe más a la negligencia, inoperancia, inutilidad y desinterés del gobierno por nosotros -aunque, claro, no pocos países también corren la misma suerte-. Esto, por supuesto, sólo empeora el problema endémico de la democracia, como veremos: El retardo del mando casi hasta su desaparición.

La clave del fracaso de la democracia, en cuanto a su operabilidad está aquí, en la mecánica de su sistema: el Desvío de mando. Si toda simple decisión debe pasar por todo el aparato comunicacional, cuando esa medida llegue, el problema a corregir ya habrá cambiado y sus efectos se habrán esparcido, por lo que los resultados serán ampliamente adversos.

A la vez, al medir los resultados, será completamente imposible saber si se respondió adecuadamente o no, quedándote así en la ceguera total a la hora de brindar una nueva respuesta. Por tanto, todo lo que hagas fracasará indefinidamente. De hecho, cuanto más quieras responder a un problema de este modo, más daño harás porque constantemente estarás respondiendo tarde a problemas frente a los cuales ya estabas retrasado.

Esto ocurre porque la democracia no es ni fue concebida para ser un sistema de gobierno funcional, es decir, uno que priorice la seguridad. La prioridad de la democracia es la información, puesto que concibe a la información como su propia seguridad. Esto es, que la seguridad se consigue mediante información segura, y la mejor manera de asegurar la información es preocupante exacerbadamente por el pensamiento de tu población. La democracia es, así, ante todo, un sistema de transformación cultural. Es genial para tomar medidas relativas a cambios culturales, e incluso metafísicos, muy grandes en las sociedades, como el aborto, por ejemplo; pero es completamente inútil si lo que deseas es actuar con rapidez y efectividad ante la emergencia, por ejemplo, ante una pandemia. La democracia es perfecta para cambiar la forma de pensar de tu sociedad, pero es completamente inútil si lo que deseas es mantenerla con vida.

Por supuesto, un sistema que sólo funcione así ya se habría muerto. Entonces ¿Por qué la democracia no muere?

Bueno, quizá estemos frente a un evento que, si bien no es factible que la mate, si es probable que deje marcas importantes ¿Quién sabe? Desde su endiosamiento hasta hoy, ha muerto y renacido tantas veces que realmente esto es muy difícil de considerar.

La democracia puede consistir en el idealismo hecho gobierno, pero hasta el más idiota de los idiotas lleva en su naturaleza el instinto de supervivencia. La democracia puede negarse a la realidad, pero la esencia política innata al gobierno y al Poder es fundamentalmente realista, es realismo puro, y saldrá en su auxilio cuando el sonámbulo esté por caer al precipicio. Este mecanismo es el Estado de excepción, el mecanismo de salvaguardia automática de última instancia de todo gobierno.

Para su propia supervivencia, frente a una crisis que pone en real peligro su seguridad, la democracia debe suspenderse a sí misma, entrando en Estado de emergencia, o de excepción. Esto equivale a lo que hacía el Senado romano frente a una gran crisis de seguridad: Llamaban a un dictador. Éste se haría cargo de la situación transitoriamente, asumiendo la completa autoridad y responsabilidad, a cambio de la plena libertad de acción, al menos, hasta que la crisis termine. La razón de su éxito -y los romanos lo tenían claro- radicaba, fundamentalmente, en que podía tomar decisiones libres de todo el circo de la “deliberación” legislativa, de todo tipo de debates y, sobre todo, libre del “procedimiento”. El dictador era acción, la acción gana tiempo, y el tiempo apremia.

La democracia, frente a una crisis que no puede resolver, entra en Estado de excepción, que no es más que la suspensión transitoria del proceso hollywoodense de ficción que nos mantiene atrapados en su locura, y pasa a la acción directa del mando, dejando desnuda la cara más visible del Poder. En lugar de seducirnos por la agradable mascara “representantiva”, vemos al Leviathan desnudo, siendo lo que realmente es, una maquina burocrática de Poder punitivo puro -para el llanto de mis queridos libtards. Por decirlo de otro modo, la democracia se suspende transitoriamente a sí misma. Es como un oso entrando en estado de hibernación para sobrevivir al invierno. Cuando la primavera llegue, se activará por sí misma y volverá de su letargo para seguir devorando salmones a mansalva. Los salmones, claro está, somos nosotros.

Sin embargo, por supuesto que hay una relación directa entre el sistema democrático y nuestros más que pésimos gobiernos. Desarrollemos esta tesis. Propondremos lo siguiente: La inutilidad de nuestros gobernantes se ve estimulada por el desvío de mando del gobierno democrático.

Veamos la situación. Durante muchos años, nuestros gobernantes, no tuvieron que afrontar problemas realmente graves, lo que derivó en que no tengan que incurrir en la responsabilidad de tomar decisiones importantes. Literalmente, se desentendieron del problema del gobierno. Por decirlo liso y llano, se acostumbraron a no hacer nada, a no-gobernar. Su posición estaba más que asegurada. El control automático se encargaba de todo, ellos sólo se dedicaban a parasitar y confiscar, mientras tanto, la gobernanza se encargaba de todo. Argentina operó como una colonia sin más.

En el fondo, creo, quizá hasta ellos se dieron cuenta de que están realmente “al pedo”, que no sirven ni están para nada útil. La gran consecuencia de esto es que la política derivó en una mera lucha entre agencias privadas (partidos políticos) por hacerse del aparato recaudador. La política argentina no es nada más que eso.

La democracia, finalmente, se ha desnudado ante nosotros como el gobierno de los excesos y la decadencia. La democracia, y todo lo que viene con ella, es grasa pura. La mantienes, la acumulas y acrecientas cuando todo está genial, o también cuando ya no te importa nada; cuando tu optimismo es tan grande que se convierte en idealismo, y te ciega frente a lo evidente, y también cuando no tienes ningún plan, cuando estas sumido en el nihilismo más extremo. Ahora, cuando la situación lo amerita, cuando chocas contra la pared, cuando la muerte misma toca a tu puerta y se presenta frente a ti, amenazando con obstruirte las arterias hasta causarte un infarto por tanta grasa saturada, es entonces cuando reaccionas y te decides a quitarte de encima todo ese lípido indeseable.

Finalizando

En retrospectiva, hemos brindado tres explicaciones interrelacionadas para explicar las medidas tomadas por la pandemia global. La primera, de nivel sistemático, donde el Poder global utiliza la situación para probar y actualizar a sus lacayos, avanzando en sus intereses. La segunda, del nivel de agencia, donde las respuestas similares de todos los Estados constituyen una respuesta innata de todos los Estados por igual, independientemente de toda otra consideración. Y, por último, la tercera, también del nivel de agencia, pero añadiendo una particularidad que reduce los casos a solo a algunos Estados, los democráticos; donde la emergencia como respuesta también es una estrategia de supervivencia, pero no solo del propio Estado, sino de la democracia en sí. Además, también en el nivel de agencia, vimos como los Estados no-democráticos también tienen razones coincidentes a comportarse de igual forma que los liberales.

Vimos como el Poder siempre encuentra y aprovecha toda oportunidad posible para reforzar su posición. El Poder global aprovecha la situación para reforzar su hegemonía, los Estados díscolos para reforzar su soberanía y defenderse de la amenaza global, y las democracias para salvaguardarse a sí mismas y entregarse doblemente al Poder global.

Entonces ¿Qué podemos sacar de todo esto?

Sin dudas, concluimos que es urgente la necesidad del cambio, y que esta podría ser una oportunidad. El punto es que lo que debe ocurrir, si se quiere un cambio real, es un cambio de elites, pero uno radical; uno que significaría romper con todo lo que conocemos e imaginamos. Y es justamente por eso que no pasara, porque somos incapaces de concebir algo en serio distinto. Y esto es importante. Es sencillo simplemente cruzarnos de brazos y echar la culpa hacia afuera. Pero debemos reconocer que hemos sido incapaces, sino indignos, de encarar una propuesta superadora, un proyecto tan magnifico, que el Poder no pueda más que postrarse ante su esplendor. En consecuencia, nos postramos y hacemos lo que nos dicen que hagamos, y en nuestro mejor momento de rebeldía nos limitamos a hacer simplemente lo que se ha probado.

No obstante, elijo seguir creyendo en nosotros, en que algún día despertaremos de nuestro letargo. Y es esto lo que quiero resaltar. Considero que lo mejor que podemos hacer frente a la coyuntura es utilizarla como una oportunidad de aprender la lección: Asumir, de una vez por todas, que la democracia, el ápice político del progresismo, no va más, que no tiene nada de buena, que es nociva, y que jamás debimos permitirnos caer en sus garras.

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Un comentario en “Pandemia global: Una interpretación alternativa

  1. Aven

    Fantástico sr.Rassmussen

    Estamos viendo como el pánico está insertando en las mentes la peligrosa idea de que el prójimo, en algún momento, puede transmitirnos algo que nos puede hacer enfermar o nos puede directamente matar. Esto es la sociedad de la sospecha. La población de chivatos se ha disparado exponencialmente. Todos creen hacer un bien delatando al de al lado. Es el sueño húmedo de la Agencia Tributaria. La población ya no es sólo sumisa al gobierno, ahora encima es colaboracionista, y por ello cómplice. Tocar las palmas a las 20:00 tampoco hace más comunidad.

    ¿Cuántos de esos recogerían del suelo a un infectado/a, de saber su condición?

    Comunidad es permitir acompañar a tus familiares en sus últimos momentos, y no las paranoicas medidas de protección que se están aplicando en los hospitales. Donde los enfermos mueren solos, sin acompañamiento familiar ni espiritual, tan solo con la “calurosa” presencia de un ejército de sanitarios.

    La democracia va a pasar a la historia como el primer régimen que confinó a poblaciones enteras por un tiempo indeterminado. Los de la libertad…

    Por último, una frase que sintetiza el espíritu de los que nos gobiernan: “Nunca desperdicies una buena crisis” – Rahm Emanuel

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