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6 de junio de 2022 0

«Niño, que el agua es muy cara»

(Por Jose Bustinza) –

Bastó a  nuestra generacion oír esa frase, «niño, que el agua es muy cara»,  para darnos cuenta de que los recursos son limitados. Sabíamos que las cosas que la familia podía comprar, una parte minúscula de aquellas que disfrutábamos por cierto, salía del salario de nuestro padre; que no sabíamos cuánto era esto, pero era obvio que se trataba de un recurso limitado y que a la familia le convenía el ahorro. ¿Resultado? Cuidadosamente cerrábamos el grifo y apagábamos la luz (bueno, en mi casa la «cerramos» también)

Hoy el tema del ahorro y los recursos limitados se ha convertido en una asignatura en la que forman en los colegios. Les cuentan que el agua es limitada,  que «se gasta», contradiciendo la intuición que la ve llover y la ciencia que nos dice que la cantidad de moléculas de agua no ha cambiado mucho desde la misma Creación; Les dicen también que para evitar su falta, hemos de actuar; que con otra ayuda no contamos más que nuestra voluntad de sobrevivir como especie ante los peligros de este desamparo.
He accedido a uno de esos estudios (papers) que tanto enseñan sobre la ciencia actual, muchas veces solo por el motivo de su estudio, que hay que ver a qué tonterías dedica su tiempo gente tan sesuda. El que veo llega a conclusiones (¡y peer reviewed!) que seguro no extrañarán a mi amigo lector: La generación actual es la más imprudente en cuanto al cuidado de cerrar el agua y la luz o crear basuras o demandar bienes sustitutos innecesarios.
Pero -aquí el hallazgo- dice el artículo que lo son precisamente en razón de esa educación, porque educar en la idea de que evitar el despilfarro y el daño al ambiente está en nuestra mano, y que su solución reside en pequeños gestos,  ha enseñado a los jóvenes que es un problema manejable (y procastinable) y de fácil abordaje. Así, no hay generación más derrochadora y desinteresada (en sus actos) de la conservación de los recursos y el medio ambiente que la actual.
Los mayores, incluso los menos avisados, sabemos que el agua no es un recurso que se acabe, a pesar de lo que diga un ministerio, porque la Providencia ha dispuesto el ciclo por el que los rayos del sol portan las gotas de agua a las cumbres y desde allí vuelven a fluir, y saber esto, que no estamos abandonados sino en un mundo creado para nosotros, nos da confianza.

Confianza que nos acompaña y cuida también, menos mal, de tanto niño malcriado.

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