Los dos errores del movimiento provida

(Por Javier Garisoain) –
El primer error consiste en habernos desgastado durante décadas en la discusión sobre si la hierba es verde. Horas y horas de debate para argumentar que un embrión, un feto o un niño son simples estados evolutivos de un mismo ser humano. Miles y miles de páginas para pedir respeto y compasión a los mismos promuerte que hablarían entusiasmados de vida extraterrestre si apareciera un huevo de pájaro en Marte.
Me ha costado llegar a esta conclusión: me temo que el debate puramente científico sobre el aborto está superado. Los promuerte no ignoran que el nasciturus es un ser humano, no niegan que tenga su personalidad, su ADN, su huellas dactilares, su latido, su dolor. Ni siquiera casi lo discuten. La prueba es que cuando se trata de un embarazo deseado hablan siempre del bebé. Ya existen asociaciones especializadas en dar apoyo al «duelo por la muerte gestacional, perinatal o neonatal de un hijo». Asociaciones que lloran la pérdida de niños deseados, surgidas en un sistema que quiere consagrar en la constitución el derecho a matar niños no deseados.
Según la peculiar lógica de la ética progre cuando un embarazo es deseado entonces lo que hay dentro del útero no es un montón de células sino «el niño» y lo que se da a luz en caso de aborto natural no es un tumor sino «un hijo fallecido». En España mueren cada año descuartizados o succionados cien mil niños no nacidos, pero en una operación intrauterina se emplea anestesia para el feto. Sólo el dolor de los fetos deseados merece consideración.
En la «Guía de practica clínica de atención en el embarazo y el parto», editada por el Ministerio de Sanidad aparece la palabra madre 330 veces. En citas como esta: “Medicación durante el embarazo: Se sugiere que durante el embarazo se prescriba el menor número de fármacos y en la menor dosis posible, limitándose su uso a aquellas circunstancias en las que los beneficios esperados para la madre y el feto superen a los riesgos conocidos para el feto». Esto no es el «lenguaje coloquial» que reservamos para un embarazo deseado. Esto es lo normal y lo profesional cuando no quieres matar al bebé en camino. Madre e hijo, así es como se habla con normalidad. Si la madre es una perra el hijo será un ser perruno, y si la madre es una mujer el hijo un ser humano. ¡Qué desesperante es tener que explicar que la hierba es verde!
Por todo ello digo que ahora el debate está más que nunca en la pura decisión, el capricho, la voluntad. Es el deseo lo que fundamenta el derecho a la vida. No es la realidad sino la percepción, el sentimiento y la pura voluntad. Dentro de la ley, naturalmente. Porque la única moral que se propone es la de la legalidad. Positivismo y voluntarismo sin moral. Eso es todo.
¿Y por qué -cabría preguntarse- son cada vez más descarados los promuerte a la hora de justificar la muerte de un ser no-deseado? Eso ya lo vivimos en directo con los que daban -y dan- apoyo a los asesinos de ETA. Se trata del factor de la complicidad. Cuando la extensión del crimen supone el incremento de cómplices a quienes resulta cada vez más difícil reconocer su error. Hasta el punto de que es más fácil que se arrepienta un sicario o un médico abortista que la madre de un etarra o un tertuliano promuerte. En realidad hablan cada vez con más cinismo de la muerte de los no-deseados porque se sienten fuertes, porque con cada aborto provocado ganan dos o tres cómplices. Porque ha de ser muy duro ser el abuelo, o la tía, o el primo de un pequeño familiar que fue asesinado por tu hija, o por tu hermana, o por tu tía. Ante esta situación o haces un esfuerzo ímprobo y te rebelas y rompes lazos con el asesinato, o bajas la cabeza y lo blanqueas, te rindes, lo disculpas, lo defiendes. Una forma como otra cualquiera de acallar la voz de la conciencia.
Por último, lo más terrible de todo esto es que una vez consolidado el argumento voluntarista para decidir sobre la vida de otros ya nadie está a salvo. Es el período del terror. A partir de ahora si los poderosos deciden que es legal eliminar la vida de alguien no deseado lo harán, a plena luz del día. Empezaron con los fetos, siguieron con la eutanasia a enfermos, lo están intentando con todos aquellos que sean catalogados como fascistas -Charlie Kirk, por ejemplo- y no se detendrán si no se les para los pies. Ninguno estamos a salvo.
El segundo error tiene que ver con la batalla del lenguaje y consiste en haber llamado igual al aborto espontáneo que al provocado. Como si llamáramos infarto a un sacrificio en Tenochtitlán. Lo que piden los promuerte no es un aborto, es la eliminación de una vida humana inocente e indefensa. Es un asesinato.

3 comentarios en “Los dos errores del movimiento provida”
Antonio
Muy interesante artículo, Javier. Es cierto que el debate científico está bastante superado. Ahora la cuestión es más filosófica: ¿cuándo un ejemplar humano debería ser considerado «persona»? Con esta pregunta, propuesta por filósofos utilitaristas como Peter Singer, se evidencia que el debate está mucho más allá: ¿cuándo se tiene derecho a vivir? Porque sin duda la cuestión es de «cuándos» para el pensamiento contemporáneo. Cuando no se tiene dolor, cuando no se sufre, cuando puedo desarrollar mis capacidades, cuando puedo ser productivo… merece la pena vivir. El mundo desconoce otra lógica que la de la producción y la de la satisfacción emocional. Ha triunfado una ética utilitarista que considera la «dignidad humana» como un invento convencional.
Por otra parte, creo que el problema también está en que el movimiento provida ha «blanqueado» a las mujeres que practican el aborto «en todos los casos». Nadie duda que hay «muchas» mujeres en situación de exclusión que abortan abocadas por sus difíciles condiciones. Pero tampoco es real que todas las mujeres abortan por esa situación. Pienso, por ejemplo, en las personas que viven una vida sexual «activa» (qué horror de expresión…) y no aceptan las consecuencias de sus actos. El aborto es un crimen y quien practica el aborto merece ser ajusticiado por asesinato sea madre, padre, prima o doctor. La misericordia viene detrás de la justicia. La comprensión de cada caso requiere primero de la fría objetividad. Sólo ante un veredicto de culpabilidad se puede ser clemente. Estoy cansado de que consideremos el aborto como «algo malo» debido a «la falta de formación». El aborto es consecuencia de que somos una generación miserable y del mal corazón de los hombres.
Saludos Javier y gracias por tus artículos.
Javier Garisoain
Gracias Antonio, sobre la consideración plena de ser humano del embrión el caso es que no sabemos en que momento se infunde el alma. En el parto no es, porque entonces ¿qué pasa con los sietemesinos o los que nacen por cesárea?
¿Podria ser en la fecundacion? Ese es el único «momento» en el que pasa algo. Lo demas durante 9 meses es todo un desarrollo progresivo de un mismo ser. Así que por prudencia sería mejor no hacerle daño, lo mismo que no rompes un huevo de águila real porque esperas que llegará un día a volar.
Toda la razón en lo que dices sobre las mujeres que abortan. Lo primero es ver los hechos, despues es cuando se podrían contemplar atenuantes o eximentes pero no al revés.
Alfonso
En Francia el aborto ha llegado al derecho constitucional después de varios meses, diría años, de debate en la sociedad. Pero se ha incluido como derecho. No es un problema de falta de información. Me ha encantado lo que han comentado antes de que es una cuestión de quién tiene derecho a vivir. La sociedad del bien estar provoca una visión de la vida hedonista, narcisista y, en resumen, completamente EGOISTA. Sólo importo YO y mis apetencias. Ni siquiera necesidades. Charly Kirck comentó que la mujer occidental estaba viviendo una de la etapas de la historia en la que nunca antes de la conocía tam narcisista. Unido al rechazo al HOMBRE que ha claudicado, por la misma razón, de sus funciones de esposo y padre, ante la soledad de la mujer ante su naturaleza de madre, ha tomado una decisión. Yo decido. Yo soy la única que decide. No tengo apoyos. No tengo salidas, sólo importo YO.
Luego están los intereses políticos y económicos apoyando toda esta locura de los géneros y la sexualidad desbocada.
En este caldo se han cocinado los derechos del nasciturus. NINGUNO FRENTE A LA MADRE.
Alfonso. Padre y esposo.