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8 de julio de 2021 2 / / / / / / /

LA TAREA, EL DEBER INEXCUSABLE

(Redacción)―

Todas las tareas, que han de ser ejecutadas, debieran irse acometiendo según un doble criterio de «Importancia» y de «Urgencia».

Sin embargo, ahora mismo, nos encontramos en un tal sinsentido, en una tal vorágine de absurdos, hay tanta demencia, tal delirio, que es imposible saber a qué atenerse; cuál de los desmanes “desustanciaos”, es lo más «Urgente» o lo más «Importante» por remediar.

¿A qué atender primero?:
―Al totalitarismo democrático que inventa derechos inexistentes, negando derechos naturales evidentes,
―A la exaltación de asesinatos eugenésicos como “derecho”,
―A la educación dirigida a la corrupción moral de los niños,
―A la negación de la razón biológica contra natura e ingeniería social,
―Al exterminio programado de la familia,
―Al control tecnológico y trans humanismo,
―Al “nuevo desorden mundial”, sociedad de nuevos patricios y plebeyos y su creciente extorsión estatalista y supra estatalista.

[…]
Todo ello nos dispersa y dispersa los esfuerzos.

Con la exclusión de Dios de la vida civil, la humanidad se dirige a la muerte.
Nietzsche, meditó sobre la tragedia de las consecuencias del triunfo del secularismo de la Ilustración, proclamada en su «Dios ha muerto» y en la voluntad de poder.
Se presentó a sí mismo como profeta supremo, superior en sabiduría y conocimiento del resto de los humanos, proyectado sobre la figura del personaje Zaratustra, mesías que lleva al hombre la noticia de su nueva salvación: el advenimiento del «Übermensch» [aunque la traducción literal sería más bien «la sobre humanidad», se suele transcribir como el «súperhombre»], que se sustenta sobre el pilar y requisito previo de «la muerte de Dios», que supondría el momento en que el hombre “alcanza la madurez” necesaria para prescindir de las pautas y los límites de la naturaleza humana y de la moral.
La moral ha de ser sustituida por la única verdad, que es el hombre al servicio de sí mismo, entregado a la consumación de su voluntad de poder, de su propia existencia.

Las relativistas «antropologías humanistas» esto es, colocar al hombre como centro y medida sobre todas las cosas, ―todas y cada una de ellas (incluso las planteadas desde ámbitos religiosos)―, producen “esquizofrenia” social que arrastra al caos antinatural y a la perdición personal, exultación del mysterium iniquitatis.
Así, se nos presenta hoy como obra privativa propia del hombre, todo aquello que es quebranto de la naturaleza intrínseca del hombre. El desprecio del orden natural está produciendo la progresiva autodestrucción de la humanidad. La maldad absoluta que reside en la falsedad de aquellas premisas, evidencia que el afán de “endiosar” al hombre, está conduciendo a la humanidad, paradójicamente, no a su pretendido esplendor, sino a su propia muerte.

Entonces, ¿Cuál es la tarea? ¿Cuál el deber a cumplir?
Lo que seguro no soluciona absolutamente nada es la indolencia, la indiferencia o la apatía. Más pronto que tarde, alguna de estas cuestiones, u otras similares, afectarán directamente, personalmente.
Lo primero que hay que comprender es que ninguna empresa humana, por muy noble que la tarea sea, puede realizarse sin personas que la lleven a cabo.

No obstante, la imposibilidad de dar respuesta individual a cualquiera de las cuestiones que se planteen, está abocada a la desilusión, la decepción personal y al desaliento. No se puede hacer mucho “solos” contra todo, pero, se puede intentar hacer algo, entre unos cuantos, contra algo. Efectivamente, sólo es posible dar algún tipo de respuesta actuando comunitariamente.

Venimos moralmente obligados a trasmitir la doctrina y el pensamiento tradicional, a transmitir un modo de ser, una manera de entender la existencia, que conlleva una forma de estar, de comportarse: «el estilo del caballero cristiano» que definiera García Morente.
Nos dice el 1er. versículo del cap. VIIº. del Libro de Job:
«La vida del hombre sobre la tierra es milicia» y abunda S.S. León XIII ―en la Carta Encíclica Sapientiæ Christianæ―: Los cristianos, «ad dimicationem nati», han nacido para la lucha, para el combate.

La Militancia es la esencia de la vida y, consecuentemente, implica un compromiso, personal y comunitario, de «SER» y de «HACER».
Militancia y Proselitismo están íntimamente concadenados, de tal modo que no puede darse una Militancia plena sin Proselitismo, sin convencer a otros, sin ganar almas para La Causa.

Esas, y no otras, son nuestras tareas y nuestros deberes: lo más «Urgente» y lo más «Importante» por remediar.
«Si así lo hiciéramos, que Dios nos lo premie; si no, nos lo demande».

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2 comentarios en “LA TAREA, EL DEBER INEXCUSABLE

  1. Cristóbal

    Clarividente.
    Muchas gracias.

    Responder
  2. Ramón de Argonz

    Enhorabuena por estas reflexiones. Muchas gracias por su verdad, contundencia y claridad.

    Responder

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