13 de diciembre de 2017 0

La izquierda ha sido y es siempre criminal.

El separatismo catalán imperante y la izquierda podemita claman entre indignados y llorosos el renacimiento del “fascismo” español a resultas del proceso secesionista. Les da pavor ver banderas de España colgadas de los balcones de miles de edificios en toda España y la movilización de cientos de miles de españoles en las calles con banderas nacionales. Y se sienten intimidados cuando, en alguna ocasión, son recibidos como en el caso de Zaragoza como ellos acostumbran a hacer con los que ellos consideran sus enemigos. Y se escandalizan, protestan, patalean y lloran. Pero no ha habido ningún incidente grave, ni tan siquiera leve, achacable a ese fantasmal “fascismo” español que solo existe en sus mentes calenturientas.

Sin embargo, mientras se pone el ojo en el objetivo equivocado como cortina de humo, se suceden hechos, estos sí, muy graves achacados directamente a la izquierda. A esa izquierda comunista (roja, que es como se le ha llamado siempre), okupa (anarquista, que es como se le ha llamado siempre), mal llamada antisistema (antisistema soy yo, ¡Qué narices!), mal llamada antifascista (dando por hecho que los atacados, que en el fondo somos todos los españoles orgullosos de serlo, fuéramos fascistas), que siempre se le ha comprendido, se le ha apoyado, se le ha bien tratado y que ha tenido como resultado de sus fechorías impunidad. Y así en los últimos tiempos se han sucedido, hechos como los siguientes:

-Junio 2016, Barcelona. A plena luz del día varios hombres apalean salvajemente a dos chicas por apoyar a la Selección Española de Fútbol.

-Octubre 2016. Alsasua. Dos guardiaciviles son linchados por una turba separatista proetarra de 25 personas.

-Octubre 2017, Barcelona. 150 separatistas de la CUP destrozan el barrio de S. Gervasio: coches, paredes, farolas, etc. etc.

-Diciembre 2017. Aparecen colgados boca abajo del puente de la C17 7 muñecos simulando votantes partidarios de la unidad de España (PP, Cs y PSC), junto a una pintada “llibertat presos polítics”.

-Finalmente, Diciembre 2017, Zaragoza. Cuatro okupas ultraizquierdistas, uno chileno, amigos de la CUP asesinan, apaleándolo por la espalda con una barra de hierro y pateándolo en el suelo a un señor de 55 años por llevar unos tirantes con los colores de España. Previamente le había llamado “facha“.

Pero esto no es significativo ni reseñable. Como no lo es que la CUP tenga entre sus candidatos en las próximas elecciones catalanas a un asesino convicto y confeso, nunca arrepentido de su vil y repugnante asesinato, llamado Carlos Sastre, asesino de Bultó, o que Carlos Riera, número uno de la lista de la CUP, simpatizante de HB, haya declarado sin ningún problema que en la lista cupera hay gente que “legitiman la lucha armada de los pueblos ante el autoritarismo y la represión”. Esto no es importante, lo verdaderamente grave y atajable con rapidez y contundencia es el despertar del “fascismo” español.

Pues bien,  tras esta contrainformación y este agitprop tan propio de esta gentuza, es momento de recordar qué ha sido y qué es la izquierda española histórica y actualmente, porque es la que sufrimos en nuestros días.

– Es la misma izquierda de la violenta Semana Trágica de Barcelona en 1909.

-Es la misma izquierda que asesinó a Canalejas y a Dato, ambos presidentes del gobierno.

-Es la misma izquierda que proclamó, en pleno congreso de los diputados, que era lícito el atentado personal contra el presidente Maura (Pablo Iglesias I dixit).

-Es la misma izquierda que atentó contra Alfonso XIII en varias ocasiones.

-Es la misma izquierda que intentó traer la república mediante un golpe de estado violento (el de Galán y García Hernández).

-Es la misma izquierda que, al mes de proclamada la II república, se dedicó a la quema de Iglesias y Conventos (cuestión que se está reproduciendo actualmente, recordemos las campañas “la única Iglesia que ilumina es la que arde”).

-Es la misma izquierda de la revolución violentísima de octubre de 1934.

-Es la misma izquierda de los famosos “chíbiris”, bandas violentas que sembraban el terror en la calles durante la malhadada república.

-Es la misma izquierda que amenazó de muerte en el Congreso y finalmente asesinó a Calvo Sotelo.

-Es la misma izquierda de las Chekas y los paseos durante la guerra civil (cómo no recordar Paracuellos).

-Es la misma izquierda del Maquis que tantas vidas costó acabada ya la guerra.

-Es la misma izquierda que aplaudía los atentados del FRAP, GRAPO, MPAIAC, Terra LLiure y ETA considerándolos luchadores por la libertad.

-Es la misma izquierda que vio bien el asesinato del Almirante Carrero Blanco.

-Es la misma izquierda que, durante la transición se dedicaba día sí y día también a reventar violentamente los actos de quienes no pensaba como ellos y que actualmente reproduce la misma táctica llamándolo “escraches”.

-Es la misma izquierda, y aún lo tenemos muy en la retina, que preparó los actos salvajes durante las manifestaciones del no a la guerra y del Prestige que acabaron en agresiones de miembros del gobierno de entonces.

-Es la misma izquierda que se manifestó violentamente ante las sedes del PP durante la jornada de reflexión tras el 11M.

-Es la misma izquierda que, tras cada huelga general provoca disturbios salvajes.

-Y por fin (y lo estamos viviendo estos días) es la misma izquierda que se quita la culpa de encima de lo que ocurre, lo ha hecho históricamente siempre, echándosela al “fascismo”, sin saber, entender, ni comprender qué demonios es el fascismo, ni les interesa, salvo como arma arrojadiza contra todo aquél que piense diferente a ellos.

Por lo tanto, ¿A quién le puede extrañar que haya ocurrido el atentado salvaje de Zaragoza, asesinato vil y cobarde donde los haya, con el pasado criminal que tienen históricamente y tras el caldo de cultivo previo que han hecho partidos como podemos, la CUP y similares? Esta es la verdadera memoria histórica, la del ADN criminal de la izquierda que, a base de impunidades judiciales y políticas y de agravios comparativos sigue campando por sus respetos sin que nadie le ponga coto. Y sin que los medios de comunicación hagan su trabajo, esto es, informar. Con veracidad, con imparcialidad y con rapidez. Eso sí, la culpa es del fascismo.

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