10 de junio de 2020 0

La belleza es nuestra

El confinamiento del coronavirus me ha llevado a la búsqueda de películas en las cadenas de televisión. He tropezado con una cuyo título parecía extraño: ”Moonraker”. Movido por la curiosidad, me dispuse a ver las primeras escenas.

Me sorprendió agradablemente el comprobar que se trataba de una historia situada en la Escocia del siglo XVIII.

El Príncipe Carlos Estuardo ha fracasado en su intento de levantar Escocia contra la dinastía usurpadora de los Hannover que reina en Londres. Las fuerzas inglesas buscan afanosamente al Príncipe. Éste las burla. Se esconde en casas de sus partidarios, buscando la oportunidad de encontrar un barco que le lleve a Francia. Le acompaña un aristócrata escocés que se oculta bajo el apodo de “Moonraker”.

El tema de la película son las vicisitudes porque pasa el príncipe en su huida. En ellas el papel más importante es el de “Moonraker” que da el título al film. Es quien busca los escondites, contrata el barco, y se enfrenta a los esbirros del usurpador alemán, dando lugar a escenas de lucha que atraen el interés del espectador.

Existe una afinidad entre los legitimistas británicos y los carlistas. La fundamental es la defensa de la legitimidad monárquica. Por otra parte, cuando nuestro Rey Don Carlos VII visitaba Londres era recibido en los “clubs” legitimistas con todos los honores. Y durante la guerra de 1872-1876 los nuestros recibieron ayuda de los legitimistas británicos. Lord Ahsburnan, un legitimista británico, prestó diversos servicios a nuestra Causa, en la persona de Don Carlos VII

Por eso durante la exhibición de la película “Moonraker” me sentí identificado con los que ayudaban al Príncipe a burlar a los hannoverianos.

Da la casualidad que para encontrar un argumento que sirva de base a una película de aventuras en la que se exalten virtudes como la lealtad, el sacrificio y el valor, los cineastas británicos del siglo XX hayan tenido que recurrir a los legitimistas. Y es que esos valores se dieron en ese campo y no en el de los usurpadores.

Estas reflexiones me llevaron a otras sobre otro hecho que nos afectan directamente a los carlistas. Al final de la Cruzada, la Editora nacional publicó un álbum titulado “Por Dios, Por la Patria y el Rey”. Consistía en estampas de la guerra de 1833-1840 acompañadas, cada una de un romance. Los dibujos eran de Sainz de Tejada y los romances de José María Pemán.

Recientemente contemplaba el álbum con otro carlista. Éste me preguntó extrañado:

-Pero Pemán ¿No era partidario de Don Juan?

– Efectivamente – le contesté- Y aquí tienes una prueba más de la superioridad de nuestra Causa. Para escribir unos bellos romances, tuvo que recurrir al campo carlista, porque en el liberal no encontraba hechos dignos de ser cantados.

Y es que la Belleza, está de nuestra parte.

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