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11 de abril de 2022 3

Juan Manuel de Prada se cala la boina

(Por Javier Urcelay)

 

Abrupto, excesivo, volcánico, con un provocador dominio del lenguaje, áspero como una lija o aterciopelado como una nube, solitario, independiente, malhumorado o juguetón, satírico, burlón, reflexivo, atormentado, trascendente, deliberadamente oscuro o meridianamente claro, Juan Manuel de Prada es ya, sin duda, uno de los mejores escritores de las literatura hispana en lo que va de siglo.

Odiado y envidiado hoy a partes iguales, empezó, sin embargo, su carrera como prometedor enfant terrible, adulado y premiado, reconocido por su precocidad como un Mozart de las letras ibéricas…hasta que conoció los libros del sacerdote argentino Leonardo Castellani -un jesuita marginado y arrinconado, a pesar del calibre de su obra- que habría de cambiar, quizás para siempre, su manera de pensar, sobre qué escribir y, también, para quien hacerlo.

Castellani fue el primer paso, al que siguieron otros en similar dirección, de los que el descubrimiento de autores católicos como Chesterton, Belloc, Lewis y otros, no sería menos importante.

Zambullido ya en el meollo del pensamiento tradicional y contrarrevolucionario, quizás sin ser aun plenamente consciente de ello, fue el contacto con el profesor Miguel Ayuso y los Gambra el que se encargaría de proporcionarle ya la hoja de ruta definitiva. Un encuentro al que sus espíritus, críticos, insobornables y superiores, estaban condenados a sintonizar a la primera mirada.

Convertido ya en un convencido de su nueva fe tradicional y en caballero andante contra el mundo moderno, Juan Manuel de Prada es hoy látigo que fustiga a la tontuna ambiental, la dentellada que desgarra a jirones la trémula carne del progresismo contemporáneo y la voz que clama en el desierto contra el suicidio colectivo.

Asumida sin rechistar -diríamos, incluso, que como timbre de honor- su nueva condición de apestado y demonizado por los poderes mediáticos, se erige ya sin pudor en el nuevo David que desafía desde sus columnas periodísticas al Goliat de la progresía dominante, consciente de que su papel ya no es complacer, sino clamar; no ya adular, sino despertar; no ya seguir por la senda marcada, sino plantear una enmienda a la totalidad.

Tal camino, recorrido primero en la soledad de la propia celda, acompañado después por otros como él que en el mundo han sido, han hecho de Juan Manuel de Prada un profeta incómodo y maldito, pero una voz que no puede acallarse, como el martillo pilón del remordimiento en una noche de insomnio.

Atención a su profecía de hoy en su columna de ABC “La Historia desde 1812”, porque es ya una proclama de final de trayecto, personal y también colectivo:

“Pero no lograrán su empeño: Conseguirán crear una mayoría de jóvenes pasivos y bestiales, sumisos y fatalistas…Pero habrá una minoría que no se resignará a tan abyecto destino; habrá una minoría que descubra, entre las farfollas oficiales que les enseñen, el ejemplo de unos heroicos resistentes, poseídos por una pasión común, que en sucesivas guerras lucharon por la España moribunda a la que sus enemigos estaban royendo la entraña. Y esa minoría de jóvenes volverá a calarse la boina (roja) y enterrará esta carroña pestilente”.

Juan Manuel ha encontrado ya la corriente del río sumergido de la Tradición española, y esas aguas freáticas, desapercibidas a la vista, claras e incontaminadas, ya sin resentimiento ni rencor, con la humildad del manantial que se abre camino entre las piedras, irrigarán con su pluma los campos en espera de un nuevo reverdecer, cuando pase la tormenta de arena y barro con la que el liberalismo desertizó a las viejas naciones de la Cristiandad.

Porque en ese Carlismo resistente de espíritus selectos, pero también de hombres rudos, testarudos a veces, de fe sencilla pero que se corta con cuchillo, de saberes justos pero indispensables, valientes y generosos, que no entienden de filosofías pero si del pan de la verdad, que miran de frente y no esquivan los golpes, se encuentra la salvación futura de nuestra patria.

Gracias, Juan Manuel. La boina te queda muy bien.

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3 comentarios en “Juan Manuel de Prada se cala la boina

  1. Enrique Goikoetxea

    Notable artículo sobre este gran, y afortunadamente contemporáneo, escritor, Juan Manuel de Prada, voz disonante del «establishment» y fustigador de esa necedad casi infinita que nos asola, y aunque no seamos los únicos, tampoco nos consuela que sea mal de muchos. La estupidez humana es infinita, como decía Einstein, y en este caso la abandera y patrocina el mismo poder. Juan Manuel de Prada clama y no calla para no ser cómplice de su silencio, del silencio, aunque ello le cueste la discriminación de los grandes medios informativos. Declinar la defensa de los principios y valores que deben presidir los ideales de una sociedad justa y honrada ha causado el sufrimiento y la muerte de muchos inocentes. Y si a ello se le suma el testimonio y la defensa de la fe católica, estamos ante un ser admirable.

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  2. Juan Pérez

    Siento disentir. No queda claro si el artículo es una defensa del carlismo o más bien un ataque al concepto de «nación española», de la pluma del mismo autor que no hace tanto dijo que “Cataluña es una nación como una catedral” y que “cualquier persona culta y de sentido común sabe que Cataluña es una nación”. Quizá antes de pretender alzarse en representante periodístico del tradicionalismo español le convendría aclarar conceptos y leer lo que, por ejemplo, decía Vázquez de Mella sobre este particular.

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  3. Carlos Ibáñez Quintana.

    Sr. D. Juan Pérez:
    Para un servidor es evidente que Juan Manuel de Prada defiende la españolidad de Cataluña. La frase que Vd. cita no tiene ningún valor al respecto. Pues el término «nación» es enormemente impreciso. Es el más difuso del derecho político.
    Juan Manuel de Prada está entre los pocos escritores que son conscientes del abismo de maldad que encierra el liberalismo. Y digo pocos, porque incluso los carlistas que hemos combatido al liberalismo con las armas en la mano, no veíamos la inmensa maldad del mismo.
    Después de militar toda mi vida en el Carlismo, fue un antiguo capellán de gudaris quien me dijo que «el liberalismo es la negación del Pecado Original». Y entonces comprendí la magnitud de la maldad del liberalismo.
    He encontrado en de Prada uno de los rarísimos escritores que tiene del liberalismo esa certera visión. Y lo demuestra en todos sus escritos desde medios de comunicación que llegan mucho más lejos que los nuestros. Su permanente empleo del término «demogresca», para designar la democracia, debía ser imitado por todos nosotros.
    A Juan Manuel de Prada, no le hace falta aclarar conceptos. Que siga con su labor .

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