20 de junio de 2018 1

Granos de incienso

 

 

 

En el devocionario del requeté, aparece el siguiente texto: Sé siempre Católico práctico, con conocimiento claro de los que Dios desea para servirle, que es el fin esencial. Tú Soldado de la Tradición, habrás de tener puesto en el Reino de Dios.

Hago mención de este texto, al observar el otro día en Misa, cómo el acólito agitaba el incensario y de esta manera hacía que el humo del incienso aumentara.

Pensé, cómo todos los católicos en general somo como granos de incienso. Pero mi pensamiento aquel día estaba centrada en los carlistas, mas no en cualquier carlista, no en los que se dicen carlistas, o los que se ponen determinado día del año la boina roja, o recuerda cómo su abuelo combatió en la Cruzada, todo esto, sentado en el sofá de su casa con un vino en la mano y mirando la televisión. Yo pensé en los carlistas que son militantes, o al menos afiliados a la C.T.C., en los carlistas que hacen algo por la Causa, en los que aceptan un compromiso y lo cumplen, hasta quemarse, como el incienso. Pensaba en suma, como dice la ordenanza del requeté en el católico práctico y no en el “ojalatero” que tanto daño ha hecho a la Santa Causa.

El carlista de verdad, el militante, al igual que otros muchos católicos repartidos por el mundo entregan su vida a una Santa Causa, la de Cristo y por ella se consumen momento a momento. Cada uno lo hace según sus circunstancias y sus talentos, pero todos lo hacen con la misma intención.

En cuanto a los carlistas, a lo largo de la ya veterana historia que tienen, lo han hecho de diferentes maneras, pero todos, todos, lo han hecho como el grano de incienso. Porque eso somos granos de incienso que, milagrosamente al recibir el agua, el del bautismo, empezamos a arder y ese grano de incienso se va quemando poco a poco y transformándose en humo que se va elevando en el aire. Esos granos de incienso carlistas, van consumiéndose a lo largo de la vida, algunas veces de forma más lenta y otras de forma más rápida, según las tribulaciones con las que se encuentre y de las que nadie está libre, alcanzan desde el martirio, la incomprensión, la indiferencia, y un sin fin de tentaciones que Lucifer, nos pone para que desistamos. Pero, a más tribulaciones, más arderá el incienso y mas humo producirá. Hay veces que en la vida nos encontramos con tantas y tan grandes tribulaciones que la humareda volvería el aire irrespirable. Pero, no es así, porque el humo tiende a subir. El humo sigue siendo el incienso, sólo que ahora después de consumirse, sube hasta Dios, donde lo glorifica.

Somos pues, granos de incienso que nos estamos consumiendo por la Santa Causa. Conforme pasa el tiempo, el grano de incienso que somos, pasa a ser humo que asciende y alcanza a Dios. Hasta que llegue el día en que el grano termine desapareciendo, consumido y convertido todo en humo alcanzando la Gloria, a la vez que glorifica a Dios. Y de esta manera, se cumple lo que dice el devocionario del requeté: “habrás de tener puesto en el Reino de Dios.

Dan pena esos granos de incienso que han empezado a arder pero, por lo que sea se han apagado. Terminarán siendo el mimo grano del principio, sin alcanzar la Gloria para la que estaban destinados porque, un día, por lo que fuera se apagaron. Misión nuestra es el transmitirle nuevamente el fuego ya que, además de una obra de caridad es glorificar a Dios. Amén.

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Un comentario en “Granos de incienso

  1. Javier carrasco

    👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
    De principio a fin….

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