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31 de octubre de 2006 0

Esclavitud y otros progresos sociales

María Soledad tiene 43 años y vive en un pequeño pueblo cercano a León llamado Lorenzana. Junto a ella y su marido vive su padre, José Luis, que cuenta 75 años y está impedido desde que hace 6 años un tumor en la columna le obligara a someterse a una intervención quirúrgica que lo ha postrado en una silla de ruedas. Ese día comenzó para María Soledad un verdadero calvario.

“Mi marido y yo trabajamos fuera de casa, y con nuestro sueldo no nos llegaba para contratar a una persona que cuidara de mi padre, ni para internarlo en una institución donde estuviera bien atendido. Recorrimos varias instancias oficiales solicitando ayudas para nuestra situación, pero todo eran trabas administrativas”.

Junto al sonriente matrimonio y su padre se halla el pequeño Ibrahim, de 12 años y deslumbrante sonrisa blanca. Ibrahim nació en Sierra Leona, en una familia pobre, condenado al hambre, la guerra y la muerte. Ahora, gracias a la esclavitud, un futuro muy diferente le espera en España.

María Soledad y su marido pertenecen al grupo de pioneros españoles que, antes de que el parlamento termine de tramitar la ley sobre trabajadores dependientes humanos, adquirieron un esclavo africano hace ya un año y medio. Lo lograron a través de un amigo de Gambia, cuyo nombre quieren guardar en el anonimato. “Todavía hay mucha incomprensión y además existe riesgo legal para él, hasta que no se apruebe la ley” nos cuenta María Soledad, “pero desde luego nosotros le estaremos profundamente agradecidos siempre por su ayuda”.

Desde que compraron a Ibrahim, “todo por medios transparentes y ante notario, no queríamos problemas”, su vida ha dado un cambio radical. Ahora Ibrahim se queda en casa con José Luis y le cuida, además de hacer las faenas del hogar.

“Es muy cariñoso con mi padre, le lava y le da de comer. Yo me voy a trabajar muy tranquila. Además hace las tareas del hogar. Mi marido y yo tenemos más tiempo libre y nuestro matrimonio ha mejorado claramente gracias a él”, añade María Soledad.

Jesús vive en una ciudad dormitorio del cinturón de Madrid, cuyo nombre no quiere decir porque “aún hay mucha intolerancia con estas cosas”. Posee un pequeño colmado en el que vende de todo: prensa, chucherías, comida, refrescos o incluso los típicos artículos para turistas, como el célebre toro de plástico. Tras el mostrador está hoy Samuel, de 15 años, proveniente de Gabón. “Con la competencia de los grandes almacenes y de las tiendas de los chinos, que trabajan veinticuatro horas al día, era imposible sacar adelante el negocio- nos cuenta Jesús- Tenía que trabajar más de 15 horas al día, y aún así no me llegaba, porque Hacienda se queda con un porcentaje muy alto de mis ingresos”. Hace 7 meses compró a Samuel gracias a un amigo que conocía una red de compraventa de trabajadores. Desde entonces Jesús ha visto a su negocio dar un giro radical. “Es un chico muy listo, en un mes había aprendido el suficiente español como para dejarlo ya solo. Desde que está él puedo tomarme descansos y pasar más tiempo con mi familia. Me era imposible contratar a un trabajador, pero con él si puedo, ya que solo gasto en comida y ropa. Es mucho más competitivo”. A los que tienen reparos sobre el impacto que la esclavitud puede generar en la economía, Jesús les responde “Ahora tengo más beneficios y pago más impuestos, que servirán para hacer más carreteras y hospitales ¿a quién perjudica?”

Teresa Fernández es la portavoz de la CTD (Coordinadora por el trabajo dependiente), federación de varias entidades territoriales a favor del trabajo esclavo en toda España. “Tenemos más de 6.000 asociados en toda España. Hemos impulsado numerosas campañas para concienciar a la sociedad de la necesidad de afrontar un problema que está presente. Solo queremos regularizar una situación que ya existe de hecho para beneficiar tanto a los propietarios como a los trabajadores dependientes”. Según la CTD, el trabajo esclavo ahorraría aproximadamente 300 millones de euros al año al estado en asistencia social, y a las familias más del doble en contratos laborales privados. Según su informe correspondiente a 2006, más de 15.000 niños y adolescentes africanos y asiáticos fueron comprados y trasportados a España para trabajar en calidad de esclavos, principalmente en tareas del hogar y como auxiliares laborales de pequeños autónomos, aunque también en sectores muy variados, que van desde la agricultura a los servicios sexuales. “Es imprescindible regularizar esta situación; en nuestra iniciativa popular, que ha obtenido más de 150.000 firmas, solicitamos a las autoridades que se regule el tráfico de trabajadores en propiedad, para evitar los fraudes que actualmente se producen”. Según Teresa, “el gobierno actual ha sido muy sensible al problema y ha comenzado a articular soluciones legislativas para poder regularizar la esclavitud”. La polémica levantada en torno a esta proposición por sectores que consideran que el trabajador en propiedad menoscaba la dignidad y libertad de las personas ha abierto un debate a nivel nacional. “Nuestro objetivo es que una situación que el avance social y la desigualdad económica han creado de facto no siga siendo ignorada por más tiempo. Pedimos que los propietarios de trabajadores no vivan con el temor constante a una persecución policial. Los esclavos suponen un ahorro importantísimo para las familias de clase media y baja, a las que ayudan en sus oficios y en el hogar. Para miles de africanos condenados a morir de enfermedades curables o como niños soldados, es además una oportunidad para sobrevivir y ser útiles. En España reciben una alimentación adecuada y vacunación”. La CTD, contra lo que afirman los que opinan que regularizar los trabajadores en propiedad aumentaría esta práctica, sostiene que solo la legalización de la esclavitud y las inspecciones de las administraciones públicas garantizarán un correcto funcionamiento: “la seguridad en el transporte desde África, la higiene, la reglamentación de los contratos de compra-venta y una legislación que regule las horas de descanso o que prohíba los malos tratos garantizan el bienestar tanto del dueño como del trabajador en propiedad. Actualmente los esclavos son introducidos en nuestro país ilegalmente, transportados y alojados en condiciones infrahumanas y en muchas ocasiones, al estar en situación ilegal, se les maltrata o abusa sexualmente de ellos ¿Es esto lo que queremos? ¿Cómo pueden los que se oponen al trabajo dependiente hablar de dignidad, pidiendo que se mantenga la situación existente, cuando todos conocemos las condiciones en las que se realiza actualmente esta actividad?”.

Y es que existe no poca polémica y una fuerte oposición en sectores conservadores y en la Iglesia católica a la legalización de la esclavitud. Según un portavoz del episcopado matritense: “el ser humano mantiene su dignidad como persona desde el primer momento y en cualquier circunstancia”. No obstante sus palabras y la postura oficial de la Iglesia, miles de católicos han recurrido al trabajo en propiedad, agobiados por el aumento del coste de la vida. A ello responde Teresa “nosotros nos preocupamos también del trabajador dependiente, garantizando sus condiciones sanitarias, e incluyendo en el modelo de contrato que hemos redactado, la obligación del dueño a velar por su salud e integridad física. Actualmente en África miles de niños mueren cada mes por las terribles condiciones en las que viven ¿Qué es lo que sugieren, que les dejemos morir sin utilidad alguna y sin esperanza? A mí eso me parece un argumento hipócrita y anclado en prejuicios morales superados. Con el trabajo en propiedad podemos salvar de la muerte y el sufrimiento a cientos de miles de niños y niñas de África y algunas partes de Asia y América latina, y aliviar las condiciones de vida de muchos españoles y, esperamos que en un futuro, europeos”.

Otra de las objeciones que recibe el trabajo dependiente es la falta de escolarización de los niños esclavos. Teresa asegura que están estudiando introducir una adenda al proyecto de ley, por el cual los niños recibirían clases gratuitas pagadas por el estado en sus horas libres. Sin embargo la escolarización completa “no es posible actualmente, puesto que supondría una pérdida importante de competitividad, por lo que podrían ser rechazados por sus dueños y quedar abandonados en manos de las mafias de la esclavitud ilegal”. No obstante, según su iniciativa los trabajadores dependientes “podrían realizar trabajos por su cuenta en sus horas libres, ahorrando dinero con el cual, a partir de cierta edad, podrían comprar la ruptura de su contrato de venta”. Con este acto ganarían la libertad con plenos derechos civiles. De la muerte en las secas llanuras africanas a una vida de libertad y derechos en Occidente.

El dilema ético de legalizar la esclavitud arranca una amarga sonrisa a María Soledad. Mientras el proyecto de ley se debate en las cámaras y probablemente salga adelante, ella le da un beso a su padre, acaricia a Ibrahim en la cabeza y nos dice: “Yo tenía mis dudas antes, pero cuando estás en esta situación te das cuenta de lo fácil que es hablar desde fuera. Nuestra vida ha cambiado desde que Ibrahim está con nosotros, ahora apoyo la esclavitud totalmente. No sé, creo que todas las opiniones son respetables, pero no se puede detener el progreso por ideas anticuadas; el que tenga reparos éticos no tiene porqué tener esclavos, pero se debe permitir a quién sí los necesita tenerlos”.

Estimado lector. Tal vez al leer las líneas que preceden hayas sentido asombro, tal vez repulsión, tal vez interés. Probablemente te preguntes el por qué de esta aparentemente disparatada crónica ficticia.

Y sin embargo, a poco que reflexiones, te darás cuenta de que los argumentos empleados por el autor de este falso reportaje periodístico son los mismos que han conseguido que la sociedad acepte el aborto, la experimentación con embriones o el matrimonio entre personas del mismo sexo como avances del progreso social y legislativo sin dilema moral alguno.

Piénsalo, estimado lector. Hoy en día cosas más terribles que las aquí relatadas son legales y están aceptadas socialmente. Si los que tal pensamiento moderno diseñan, así lo deciden algún día, tal vez este artículo deje de convertirse en ciencia ficción para transformarse en terrible realidad.

Artículo originalmente publicado en el Portal Avant! de los carlistas valencianos.

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