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6 de diciembre de 2016 0 / /

En la patria cubana, el ayer ha muerto. El futuro vencerá

www-trabajadores-cu-fidel-castro-800x500_cPor Porfirio Gorriti

La muerte de Fidel, el comandante o el tirano, ha situado a Cuba en primer plano de la actualidad internacional. No es la primera vez en la historia que esta isla se convierte en protagonista de la historia. Fue territorio ocupado en la primera fase de la colonización de Ámerica e hizo de tierra madre de expediciones históricas que construyeron, con sus luces y sus sombras, la Hispanidad de hoy. La isla resistió inicialmente la oleada de la tormenta de independencia de las Españas de Ultramar, una emancipación tan legítima en su esencia como traidora en su tiempo y corrupta en sus consecuencias. La pésima política colonial de la España del siglo XIX fue tierra fértil para los demonios del liberalismo que echaron finalmente sus raíces en la isla. En el desastre del 98, la más querida joya del Imperio español se fue a pique, bajo los cañonazos de hierro del gigante norteamericano.

Como sucedió en toda Hispanoamérica, los que se arrogaron la lucha contra una España opresora se aprestaron después a pintar un impío régimen oligárquico. Durante la primera mitad del siglo XX, la flamante Cuba independiente se convirtió en la concubina de magnates estadounidenses y en la ruleta de negocios oscuros. Y entre los aires caribeños de aquel campo de ponzoña, surgió el liderazgo revolucionario de Fidel Castro, abanderando la nueva ideología que, tras roturar a Europa, desembarcaba en Ámerica: el comunismo.

El perfil antropológico de Fidel Castro es el de un gigantesco líder esculpido a sí mismo. Se educó en un colegio jesuítico de la clase media floreciente cubana de la primera mitad del siglo XX y, tras licenciarse como abogado, comienza una carrera de revolucionario destinada al éxito absoluto o a fenecer en el intento. En su primera llamada de atención al mundo, el fallido golpe de mano al Palacio de Moncada, quedó marcada su estrella cautivadora capaz de llevar a sus seguidores hasta la muerte. Su segundo y victorioso intento fue una genialidad de estrategia de acción socio-política, compuesto por la combinación de la imagen de gestos simbólicos con la agitación efectiva de las masas sociales. El marxismo internacional, tras la revolución rusa, había alcanzado uno de sus logros más importantes. Mientras toda Hispanoamérica se estremecía con los discursos levantiscos de Fidel y tras aterrorizar al mundo con la crisis de los misiles, en Cuba quedó establecido el régimen castrista. El nuevo estado estaba basado en una ideología atea totalitaria que enajenaba todos los bienes individuales a favor de las élites del partido para repartirlas con cuentagotas entre la población. Esto es el comunismo.

A la sombra de la guerra fría y enarbolando las banderas demagógicas de la izquierda revolucionaria, el comunismo se expandió por todo el Continente americano. En casi todos los países, la insurrección armada de los grupos marxistas fracasó, arrastrando con ella una trágica estela de muertes, guerras civiles y espantosas represiones dictatoriales. Según avanzaba el siglo, la revolución cubana caribeña no cambió su ritmo, resistiendo la guerra abierta económica declarada por los Estados Unidos y su colonia de cubanos exiliados. El comandante Fidel demostró ser, durante toda su larga vida de estadista, un genio de la comunicación enfocada a la manipulación de masas. Durante decenios y hasta la actualidad, múltiples generaciones de cubanos han sido y son adoctrinados en el culto a la revolución cubana, mediante una educación monopolizada por el estado. Un tipo de educación pública, por cierto, clásicamente reivindicada por partidos de la izquierda española.

Es indiscutible que Fidel Castro ha sido idolatrado por multitudes y que su régimen ha sido aclamado por una parte significativa de la población cubana y del mundo. Asimismo, es indiscutible que el Castrismo ha aplastado con violencia todo atisbo de oposición política en la que fue la última posesión del Imperio Español. La estadística de fusilados y de encarcelados durante décadas por haber luchado por los derechos civiles o la libertad democrática, será una vergüenza nacional para la Cuba del mañana. ¿Qué futuro le espera a Cuba tras el fallecimiento del líder que la ha convertido en el último reducto comunista? Si bien es evidente que no va a haber ningún cambio abrupto en el régimen político de la isla, no puede existir un futuro largo para los que quieran sostener, con métodos violentos, el estado dictatorial que ha apagado el alma de Cuba en los últimos cincuenta años.

Los cubanos se encuentran en una encrucijada de su historia, con la caterva de demonios del capital internacional sobrevolando su cielo. Ojalá España, que no supo conservar Cuba, sepa ahora ocupar el papel político que le corresponde con una isla que pertenece a su historia. Respecto a la Iglesia Católica, el Castrismo ha permitido progresivamente que volviese a desembarcar en su territorio y ocupa un papel clave de mediador en las relaciones diplomáticas con EEUU.

Fidel Castro ha muerto. Su legado está en manos del Tiempo y de la Historia, jueces implacables contra los dictadores. Su alma está ya en manos de la justicia divina, siempre misericordiosa.

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