17 de septiembre de 2020 0

Ellos solos no tienen la culpa

Por Carlos Ibáñez

Ante la noticia de la posible secularización del Valle de los Caídos, ya han surgido críticas a la CEE, acusándola de un culpable silencio. Aún tienen tiempo nuestros prelados de elevar su protesta. Pero los que critican dan por seguro que no lo harán. Lo mismo pensamos nosotros. Pero no criticamos a la CEE. En ello seguimos fieles a lo que creemos que es nuestra obligación: cumplir lo mejor que podamos con nuestra misión, sin ocuparnos en juzgar a los demás.

La culpa de lo que está ocurriendo la tenemos todos.

Los que gobiernan y les apoyan por su fanatismo e incultura. La prueba más clara de la falsedad de la democracia, que predica la tolerancia, pero sus seguidores no la practican.

Tienen también culpa los partidos de la oposición. En estos cuarenta y dos años han claudicado muchas veces ante los abusos de la izquierda.

Participan de ella todos los que trajeron y apoyaron la Tra(ns)ición, con la dinastía liberal a la cabeza. Fue absurda su decisión de restaurar el mismo régimen que nos había conducido a la tragedia de la Guerra Civil. Olvidaron que las mismas causas tienen los mismos efectos. O se creyeron que ellos estaban por encima de la experiencia política.

Tenemos la culpa todos los vencedores de 1939. No fuimos capaces de configurar un régimen de libertades fiel a la Tradición de las Españas. No es momento de analizar quién estuvo acertado o quien se equivocó. Que cada uno se examine a sí mismo. Porque, como dice el dicho popular: “entre todos la matamos y ella sola se murió”.

Y ahora pretendemos cargar la culpa de lo ocurrido a quienes no tienen ninguna posibilidad de impedirlo. A quienes están sometidos a un régimen político del que todos somos culpables. Es absurda la pretensión de que ellos solos arreglen lo que, entre todos, hemos descompuesto.

No es un sentimiento masoquista el que nos lleva a estas pesimistas reflexiones. Tenemos la esperanza de que España salga de este marasmo como salió en 1939. Se oyen muchas voces que protestan contra el sistema. A todos ellos nos dirigimos para recordarles que todo lo que intenten a espaldas de la Tradición de las Españas no servirá de nada. Será como un combatir los síntomas sin curar la enfermedad.

El tesoro doctrinal que defiende la Comunión Tradicionalista no es propiedad suya. Es de todos los españoles. Pues nuestros antepasados, los de todos, fueron fieles a él y, con su fidelidad forjaron la grandeza y libertad de España.

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