20 de enero de 2020 1

El fracaso del liberalismo. Recordando a Gregorio Balparda

Por Carlos Ibáñez Quintana

En El Correo de Bilbao ha aparecido un artículo titulado “El Regreso de Gregorio Balparda” firmado por la presidenta de la Sociedad El Sitio. La citada sociedad es continuadora del centro liberal que recordaba en Bilbao, el fracasado sitio de los carlistas en 1874. El artículo hace una semblanza del mencionado personaje. Político liberal que tuvo mucha resonancia en Vizcaya en el primer tercio del pasado siglo. Menciona su principal obra jurídica titulada “Sentido Liberal del Fuero de Vizcaya”. En el título de la obra se puede apreciar el profundo anti carlismo del autor. No se limita a combatir al fuerismo por carlista. Va más lejos. Pretende deslegitimar al Carlismo atribuyendo un sentido liberal al Fuero de Vizcaya. La autora del artículo se refiere a la muerte de Balparda, en agosto de 1936 a manos de los milicianos rojos. Pero nos parece oportuno profundizar alfo más en este episodio.

Recordamos haber leído un opúsculo titulado “Diez días de Agosto”, o algo así. Estaba escrito por un pariente de don Gregorio Balparda, liberal como él. Y relataba los últimos días de vida del personaje. La idea que nos quedó es que Balparda no estaba satisfecho con la deriva que llevaba la República. Era uno más de los que, en el campo liberal, repetían el “no es eso” orteguiano. Todo lo que la autora relata en su artículo es cierto. Pero hemos de precisar algunos detalles. La Junta de Defensa republicana de Bilbao, pidió al Colegio de Abogados que designase a un colegiado de prestigio para que actuase como auditor en el juicio, que, en San Sebastián, se iba a celebrar contra el General Mario Muslera y su ayudante Joaquín Balselga, enviados por la Comunión Tradicionalista para sublevar San Sebastián, que fracasaron en el intento. El designado por el Colegio fue Balparda, como muy buen dice la autora del artículo. Balparda se dio de baja del Colegio para que su nombramiento no tuviera validez. Alegó, según el opúsculo a que nos hemos referido, que el era abogado para defender a los acusados, no acusador. Y además que, posiblemente, sus ideas estaban más cerca de los acusados que de los acusadores. Esto motivó su detención. Se le citó a la comisaría de la calle Elcano, donde fue sometido a un interrogatorio. Resultado del mismo, quedó detenido. Era por la mañana. Al final del interrogatorio ya eran las tres de la tarde. Don Gregorio se dio cuenta de que no había comido y pensaba cómo hacerlo. Su sorpresa fue recibir un bistec, un panecillo y media botella de vino, que le enviaba, por medio de un camarero, el dueño del Café Iruña, Severo Unzué. Paradojas de la vida, pensó Balparda: toda la vida enfrentado a los carlistas y ahora un carlista, era el único que se preocupó de darle de comer. Fue recluido en el barco prisión Cabo Quilates. Allí tuvo un enfrentamiento con un miliciano de la guardia, que le trató groseramente. Y en resultado fue que lo fusilaron. En aquel día, 31 de agosto, no hubo más fusilados, pues las matanzas de los barcos ocurrieron en los días 25 de septiembre y 2 de octubre. No fue Balparda el único liberal asesinado en las cárceles de Bilbao. Podemos dar muchos nombres más. Pensamos que tales liberales murieron, si no como carlistas, sí como los carlistas. Tuvieron los mismos verdugos y fueron las mismas balas, salidas de los mismos fusiles, las que los mataron. La vesania, resultado de llevar los principios liberales a sus últimas consecuencias, unió en la muerte a los que se había combatido en vida. Nos permitimos pedir a los liberales que hoy reivindican la memoria de Balparda, que reflexionen sobre la circunstancia de su muerte. Toda su vida luchando por la libertad para ser asesinado en nombre de la libertad. Y es que los liberales, tipo Balparda, pecan de ingenuidad. Defienden la libertad, prescindiendo de la Ley de Dios. Y así acaban las cosas. Lo ocurrido en 1936, con Balparda y otros, es una prueba. Ellos son, al cabo, víctimas de lo que, con toda buena fe, habían defendido. Si lo que nos precedieron murieron unidos, ¿Por qué quienes seguimos su ejemplo, hemos de enfrentarnos?

Terminamos este alegato con una anécdota. Corrían los días de mayo y junio de 1937. Las fuerzas nacionales avanzaban por Vizcaya. Un anciano bilbaíno sobrellevaba su última enfermedad. Le visitaba un sobrino suyo, a quien debemos la noticia. Éste tenía acceso a receptores que sintonizaban con las emisoras nacionales y daban noticia de los avances. El anciano había vivido de niño el Sitio de Bilbao y solía llevar la comida, al parapeto, a un hermano mayor, enrolado en los Auxiliares liberales. Al
enterarse de los avances nacionales comentaba:
– ¡Quién me iba a decir a mí que llegaría el día en que estaría deseando que los “carcas” entren en Bilbao!
Señores del Sitio que os confesáis liberales. Los tiempos han evolucionado. Quedó atrás el año 1874. Y hoy, el enemigo de los carlistas lo es también vuestro. Ya lo fue en 1936 cuando fusiló a Gregorio Balparda.

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Un comentario en “El fracaso del liberalismo. Recordando a Gregorio Balparda

  1. Ramón de Argonz

    Muy claro, querido amigo. La tirria de los separatistas a Balparda y a los carlistas es tremenda. Recuerdo que, hace unos cuarenta años, un nacionalista -Gorka, al que le debo bastante y q. e. p. d.- se reía de mi porque me estaba enterando sobre Balparda, leyendo un libro suyo, creo que relativo a la independencia de Vizcaya. Por cierto, un libro bien escrito literariamente. Es decir, un libro nada querido por los sonñolientos peneuvistas. Y me dijo el tal Gorka, filósofo él: “¡Mira que un carlista echar mano de Balparda!”

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