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20 de febrero de 2018 0

El derecho a decidir

Es la cantinela que más repiten hoy los separatistas de las distintas regiones de España. Es algo que nunca habíamos oído ni leído a lo largo de nuestra vida. Y hemos decidido en muchas ocasiones. Decidimos la carrera que nos gustaba. Decidimos la chica a la que convertimos en nuestra esposa y madre de nuestros hijos. Decidimos los trabajos que aceptamos para ganarnos el pan. Y tantas cosas más que decidimos sin ponernos a pensar que ejercíamos el derecho a decidir.

Ponernos a reflexionar sobre dicho derecho nos habría parecido una tontería como la que reflejaba una coplilla que se cantaba en nuestro pueblo:

Una señora en París

de pensar se volvió medio loca

porque tenía la boca

debajo de la nariz.

Pero siempre decidíamos sobre cuestiones que nos eran accesibles. No se nos ocurrió estudiar para astronauta en aquellos tiempos en que no existían viajes espaciales. Ni casarnos con la Marilyn Monroe, que era la artista que llenaba las pantallas.

Los que ahora enfatizan sobre el derecho a decidir son los separatistas. Y reclaman el derecho a decidir si se separan de España o siguen integrados a ella. Quieren decidir entre un imposible y una realidad. Porque si algo es claro, es que la independencia de Cataluña, Euskadi o cualquier otra región es materialmente imposible.

Tal absurdo de perder el tiempo, pensando en llevar a cabo un imposible, es propio de un sistema democrático liberal. Se nos ha dicho que las cosas pueden ser como queramos. Y es mentira, aunque hoy se la haya creído la mayoría. Nuestra libertad nos permite elegir. Pero el liberalismo ha elevado la libertad a un grado sobrenatural. De modo que hoy creemos que nuestra libertad nos permite crear. Será como digamos. Y no es verdad.

La única palabra que tiene el poder de crear es la de Dios. Ya sabemos que el liberalismo es la forma actual del engaño del Paraíso. “Seréis como dioses”, dijo el Tentador. “Sois como dioses” nos dicen los ideólogos actuales. Y es mentira. Como son mentiras todas las promesas de felicidad que se nos formulan desde instancias políticas.

Y eso es el “derecho a decidir”. Ponernos a pensar que “tenemos la boca debajo de la nariz”. Una mentira más con las que nos quieren tener entretenidos para distraer nuestra mente de la realidad. Y que no nos percatemos de la esclavitud a que nos ha reducido la democracia, entra tantas clamorosas invocaciones a la Libertad (con mayúscula)

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