14 de septiembre de 2019 1

Don Alberto Ruiz de Galarreta

Hace sólo unos pocos días Alberto Ruiz de Galarreta nos ha dejado para volver a la casa del Padre, contando noventa y seis años de edad. Tuve el honor de ser su amigo, compartiendo muchas horas de conversación en los últimos años de su vida. Nada puedo añadir a lo que ya han dicho muchos obituarios: gran patriarca del carlismo, por pocos años no participó como requeté en la guerra, cirujano, historiador y autor del monumental “Apuntes y Documentos para la Historia del Tradicionalismo español. 1936-1966” bajo el pseudónimo de Manuel de Santa Cruz, obra imprescindible para el historiador del carlismo bajo el régimen franquista. Carlista hasta la médula, de firmísima doctrina, pero sobre todo hombre de acción, organizador, panfletista y hasta conspirador. Y por encima de todo, católico firmísimo y apologista de la Unidad Católica de las Españas, de quien fue uno de sus grandes figuras del siglo XX. Y junto al padre Dallo, colaborador y columna de la mítica revista “Siempre p´adelante”.

Frisando él los noventa, hubo de trasladarse a Valencia desde su residencia matritense, con la salud delicada, para ser atendido por sus familiares que en nuestra ciudad residían, en una casa no lejos de la mía. Así tuve la oportunidad de conocerle y tratarle, primero como correligionario, luego como amigo. La afinidad de caracteres y convicciones, pese a la diferencia de edad, dio lugar a muchos y muy jugosos ratos de charla. De todo se habló, de medicina, de religión, de política, de literatura. Era uno de esos raros hombres que han conseguido leer casi toda su extensa biblioteca, y era un erudito en historia y doctrina de la Tradición católica.

Nonagenario y con la movilidad limitada, hasta hace poco tiempo aún iba arrancando de las paredes de las facultades cercanas a su domicilio, carteles de propaganda de grupúsculos marxistas y de sectas destructivas, asunto en el que poca gente sabía que era un consumado experto, y de cuyos perniciosos efectos sociales siempre advertía.

Católico de arraigados ideales, hombre de fuerte carácter y gran afabilidad, caballero como los que ya no quedan, Alberto era ante todo un hombre de acción. Abogaba incansablemente por las iniciativas concretas, por modestas que fueran, pero sin perder nunca la ambición, y despreciaba las interminables reuniones sin resultados concretos. Aunque otorgó su lealtad a S.A.R don Sixto Enrique de Borbón-Parma, ni ignoró a carlistas de otras obediencias, ni dejó de ser crítico con la suya. Durante mi etapa como cargo de responsabilidad en la junta regional carlista del Reino de Valencia, me aconsejó y asesoró en muchas iniciativas tomadas en aquella época.

Visitar a mi “abuelo” adoptivo, beber incansablemente de la fuente de su sabiduría hasta que la fatiga imponía la despedida, aprender tantísimo de historia, de política y de religión, ha sido un regalo de Dios. Con la mente despejada hasta casi las últimas semanas de vida, poder decir que uno ha sido (aunque modestamente) alumno de don Alberto Ruiz de Galarreta, es un orgullo. Poder afirmar que fue mi amigo, un privilegio.

Gracias, Alberto. En gracia te acoja a quien tanto deseaste. Dios, en su infinita misericordia, reciba pronto en su seno a tan devoto y fiel hijo. Hasta el Cielo.

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Un comentario en “Don Alberto Ruiz de Galarreta

  1. Señor don Luis Ignacio Amores, acierta plenamente en la valoración que hace de Don Alberto, del que no dudamos es, ya, uno de nuestros pensadores en pro de la Unidad Católica de España.
    Con sus mismos sentidos sentimientos hacia tan ilustre finado. S.affmo.

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