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5 de septiembre de 2026 0

Digitalización

 

Digitalización

Carlismo ( 8 de 64 )

(Por Manuel Gutiérrez Algaba) —

La digitalización es un término engañoso que oculta un destino: la esclavitud perpetua. La digitalización no es neutral, ni inocente, ni benigna. La digitalización es sólo una herramienta de control, a veces se disfraza como «inteligencia artificial», otras veces como «comodidad conveniente», otras veces como «modernidad». Quien posee la tecnología posee el control de toda la infraestructura. Si digitalizamos nuestra justicia será dependiente de una entidad extranjera. Si ditigitalizamos nuestro comercio, nuestro comercio dependerá de la voluntad de una potencia extranjera. La digitalización, junto con el control de la propiedad, el control de de los mercados, el control de los flujos de información y dinero, constituye unas de las infraestructuras sobre las que se construye la vida moderna.

Una sociedad que ya ha «externalizado», que ha regalado el control de sus recursos, de su propiedad, de su dinero, de su infraestructura de organización es una sociedad esclava, compuesta de esclavos y que no tiene forma de escapar de su esclavitud, es una sociedad que ya no existe. Es sólo un aglomerado de personas, que aún conservan algo de cohesión cultural, religiosa o racial, pero que, gracias a las políticas de fronteras abiertas, están prontas a perder esos últimos elementos definitorios y prontas a dejar de existir para siempre, no sólo como sociedad, sino incluso como individuos, ya que un «elemento productivo» puede ser dado de «baja» por cualquier motivo. Así es, una forma de optimizar recursos es reducir el número de trabajadores y «bocas inútiles» a cero, a la mínima expresión, o reemplazarlos por trabajadores crecidos en regiones donde sea más barato criarlos, en países extremadamente pobres y con ínfimas calidades de vida.

Una vez perdido el control de esas infraestructuras conformadoras de la organización social, como se compra, como se gestiona el gobierno, como se relacionan las personas, como obtienen acceso a la cultura o la educación, la sociedad queda desintegrada, no es más que un apendice de una suprainstraestructura que reside muy lejos de nosotros. La digitalización, la tecnocracia, es el último paso del liberalismo, es decir, del esclavismo, es lo opuesto. En contraposición, el carlismo significa formas de organizarse y de producción «orgánicas», es decir, enraizados en el medio, en las personas, en la Religión Católica, construyendo y respetando lo local, la tecnocracia es absolutamente inorgánica, sólo se debe a si misma y a exprimir al máximo cada una de las relaciones humanas, recursos naturales, para llevar el excedente a la parte central del imperio tecnocrático.

¿Cómo podemos luchar contra la digitalización, contra la tecnocracia? Construyendo infraestructuras alternativas, creando «carlismo». Mucha gente cree que el carlismo es hacer que «venga un alguien de una casa real europea, se ponga una boina y ya estamos salvado». Es cualquier cosa menos eso. Es reconstruir una forma de relacionarse: en la calle, en grupos, … , por ejemplo, y no sólo, con actos de caridad, informando a la gente, pero también grupos «de amigos», para senderismo, para hacer deporte, y disfrute. Es cierto que sin el trasfondo caritativo, la eterna busqueda del placer persona acaba matando espiritualmente a la persona, aunque hay que hacer los cambios de manera paulatina y progresiva, para que la gente no se espante. También valen los «grupos de amigos» en peregrinaciones religiosas, pero, de nuevo, si no se supera la visión personal, el «mejoramiento» personal, si no se invierte en caridad, pues …»¿dónde está tu hermano?», «no necesitan de médico los sanos, sino los que están enfermos».

Una red tradicional comercial, una red tradicional de producción agrícola, una red tradicional de contactar con las personas, una red alternativa de «encontrar» información, ir dejando de lado los grandes hipermercados, la gran distribución, las redes sociales, los buscadores de internet, pero ir dejándolos no de forma erémita, ermitaña, dando el triunfo a los malos, no escapando nosotros y dejando al «prójimo» con el problema. También redes alternativas, por supuesto , de ejercer la soberanía, partiendo de la nula soberanía que tenemos ahora, hasta la soberanía real y completa, incluyendo el ejercicio de la violencia cuando sea justo y pertinente, dejaremos esto para otro artículo.

Un ejemplo muy concreto y para ya. No sé si sabéis, seguramente si, que Javier Garisoain está embarcado en un subproyecto profesional de construir una biblioteca personal, dentro de su proyecto profesional personal de librero. Seguro que sabéis y vivís tanto las busquedas de los buscadores de internet como de la cada vez más omnipresente «inteligencia artificial» ( que no es inteligente, por cierto). De facto, el «control» de la «aceptabilidad» cultural en el mundo de los libros depende tanto de estos buscadores, como de las dos o tres mayores editoriales y de la «anaconda» de la venta en línea, aunque tenga nombre de río es más bien una «bicha gorda». Hay una forma de erosionar este poder cultural, que no es poco, y es simplemente creando un «estandar», una norma voluntaria y extendida de «etiquetar» los libros propios o ajenos Y, además, tener un «repositorio», distribuido o no, donde «consultar estos libros, incluso se puede «gamificar», puntuar, ( aunque estás técnicas culturales van en pro de la tecnocracia, bueno… ) . Garisoain habla de crear una «biblioteca personal», pero la temática puede ser infinita. Vamos al ejemplo concreto. A mi me gusta el alemán, y voy y le envio a Javier ( por formulario… o lo que sea), lo siguiente: «84-254-1859-3;idioma alemán;ejercicios;excelente», y esto se incorpora a la base de datos.
¿Qué hemos ganado? Pues, independencia, respecto al «monstruo global», capacidad de influir, capacidad de incluir NUESTROS LIBROS, o de defender que APAREZCAN, que no sean ocultados. Podemos, por supuesto, agrupando por temas, conseguir el objetivo de Garisoain de «cubrir» ciertas líneas o sublíneas temáticas, de orientar, de arrancar el control al sistema. Aún mejor sería imprimir en papel estas guías, de forma que desacoplaramos esta información de la infraestructura de internet.

Si no lo habéis visto aún, prosigo, yo mismo tengo un libro «Catolicismo para ateos: bueno, bonito y barato» (https://www.lulu.com/es/shop/manuel-gutierrez-algaba/catolicismo-para-ateos-bueno-bonito-barato/paperback/product-yv5r756.html), una forma de «promoverlo» y, al mismo tiempo, promover esa base de datos «de libros», sería enviarle una línea a Javier del estilo: «Catolicismo para ateos:…; la url;catolicismo-propaganda;ensayo;bueno». Hay una mercado «paralelo» alternativo de escritores desconocidos y simplemente más de uno, o sus editoriales pequeñas, contribuirían por mor de hacerse publicidad en hacer crecer esta base de datos. El «trabajo» de ordenar y «clasificar» los libros no queda sólo en el librero, el editor, el autor o en lector, en todos. Este es un ejemplo cultural, también hay ejemplos «económicos», como la lista de compradores de productos del campo del Palleter, en este caso se crea una red «alternativa» a la «tecnocrática-gubernamental».

¿Cuál es, entonces, el «trabajo» del «carlismo político», es decir, nosotros? Reemplazar la «red tecnocrático-gubernamental» por un conjunto de redes, es decir, nosotros nos convertimos en el «nodo central», en el «google», en la «AI», en el fundamento de la confiabilidad global, o parte de ella, en un caso de arquitectura distribuida. Dicho de otra forma, el «carlismo» no es algo «teórico», ni «histórico» ( dedicaré otro artículo a los carlismos), es, sobre todo, algo PRACTICO, necesario y OBLIGATORIO para todo carlista, que no debe abdicar en milminorismos rídiculos y ponzoñosos para la patria y el alma.

Por cierto este artículo es un ejemplo perfecto de «propaganda» y de «resolver mi problema en todos los niveles, resolviendo los problemas de los demás». En efecto, aquí hablo de «mi problema con la tecnocracia (muy gordo y muy cercano en el tiempo, aunque abstracto)», el «problema de Javier Garisoain con su proyecto profesional (ayudar al prójimo)» y, de nuevo, «mi problema» con «he venido a hablar de mi libro» (la cuña de «Catolicismo para ateos). Esto es un ejemplo de estrategia y de propaganda, sólo cuando aprendamos a «resolver» los problemas de los demás ( y de paso los neustros ), los demás nos harán algo de caso ( porque los demás QUIEREN resolver SUS PROBLEMAS). Dicho con otras palabras, hay que pensar en los demás y esto es catolicismo y es carlismo, a nivel de comunicación y a nivel de VIDA. Muchas veces nos encontramos que casi todos vienen a «hablar de su libro y punto pelota», también en la propaganda.

Y sí, mucho trabajo, muchas cosas, con lo bien que se está (estaba) en la playita escuchando el mar, pero «coge tu cruz y sígueme» y no lo digo yo, lo dice el Rey.

Viva Cristo Rey.

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