1 de junio de 2018 0

De mayorías clónicas y mi despedida personal

Todo tiene un final. También mi participación en estas páginas lo tiene. Somos una minoría con un gran legado cultural. Siendo tan pocos, es probable que todos los demás desaparezcan y nosotros persistamos. Y es que jugamos con cartas marcadas. Admitimos la pluralidad de opiniones. Los otros requieren la unanimidad. Mientras exista un solo carlista o un tradicionalista, la mayoría clónica se sentirá agredida e incómida. Queden aquí mis últimos comentarios. Es lícito obedecer las leyes, vengan de quien vengan, cuando las consideramos justas. También hay que obedecerlas cuando se trata de una imposición. Es un puro hecho de fuerza. Eso sí, tenemos siempre la capacidad de decir te obedezco porque tienes la fuerza, pero no estoy de acuerdo con nada de lo que dices, es más estoy en completo desacuerdo. Y por fin están las leyes, normas, costumbres que es posible ignorar sin acabar siendo víctima del aparato represivo de un Estado autoritario como el que nos oprime. La lectura y el conocimiento serán nuestras últimas, y casi individuales armas. El pacifismo la bandera de cualquier hombre de bien. Nos ganaréis, nos aplastaréis acaso, como ya lo habéis hecho, pero luego os destruiréis en luchas internas como habéis hecho siempre. Y nunca estaréis tranquilos porque una única opinión os hace daño, una mirada, una desaprobación. El tirano requiere de mayorías ya no absolutas, sino unánimes. Con esa conformidad me retiro. Un abrazo a todos mis correligionarios. Siento que mis palabras sean comedidas y no arengas de las que, quizás, algunos gusten oír. Pero lo siento, siempre fui un militar, por cierto médico, de los que van con el arma en el ceñidor pero con el libro debajo del brazo.

Un fuerte abrazo

 

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