17 de febrero de 2018 0

De canciones de ayuno

Hay un versículo que suelo citar. Expresa perfectamente la aspiración de uno. “En habiendo comida y abrigo, estemos con ello contentos”. Es de 1 Timoteo 6:8. Con eso cubierto tendrá uno tiempo de ensimismarse en sus pensamientos, mientras sube a una montaña (suave) y mira las estrellas, u observa cuidadosamente cómo crecen las lechugas y averigua el momento exacto para atarlas, o huele el mar. Eso de ensimismarse en pensamientos es más una inclinación natural que una aspiración. En realidad es sucumbir. “Si la huida fuera posible” que cantaba Xenpelar.
Tiene ese contento un peligro evidente. De seguro que la Iglesia ya lo ha advertido en relación a Timoteo, y si no lo ha hecho, es que no ha de hacerse.


Oía una canción de esas modernas, a cuyas letras creo que no pongo atención, porque siempre y cada vez me sorprenden y sin embargo olvido hasta esa sorpresa. No sé la intención del autor. No sé si se dio cuenta de lo atinado que era. No sé qué quería contar, pero sé que Dios ve en lo escondido y cuando el hombre calla hace hablar a las piedras.
La canción describe lo que “Fue un atraco perfecto, / fue un golpe maestro / quitarnos la sed“*.  Esta vez lo apunté. La sed y el hambre, añado. Es verdad que ésta ha sido su jugada definitiva. El hombre satisfecho, dócil con su estómago lleno, emplea su tiempo en sus diversiones, en pensamientos propios o ajenos, a elegir. Aunque hay que reconocer que lo que nos plantan en las narices tiene más coloritos y se vive así más cómodo en vulgar armonía.


En Cuaresma está bien que el cuerpo nos recuerde lo humanos que somos y lo desamparados y frágiles que andaríamos sin compañía. Que así nuestros oídos se abran, nuestra alma se nutra y nuestro corazón aprenda a disfrutar la dulzura.
Por eso -entiéndaseme bien- grito: ¡viva el hambre y sus caenas!.
Ya llegará el tiempo de la miel.

*”Golpe maestro”. Vetusta morla

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