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30 de junio de 2025 3 / /

Corrupción estructural + falta de libertades + maquillaje= partitocracia

(Por Luis Flórez-Estrada Orlandis Habsburgo) – Este articulo exclusivamente refleja la opinión del autor

La acumulación de maquillaje mediático, lenguaje técnico y retórica vacía ya no basta para ocultar lo evidente: vivimos bajo un régimen partitocrático que combina corrupción estructural, restricción de libertades reales y una alternancia ficticia entre gestoras del mismo sistema.

Lo llaman democracia, pero el ciudadano sólo es convocado a ratificar, cada cuatro años, a quienes ya han sido designados por las cúpulas de partido. ¿Elegimos algo real o simplemente sustituimos a un gestor por otro, igual de sometido a los intereses de siempre?

Lo más grave es que ya no se discute si el sistema es corrupto: se asume. Está corrompido desde su raíz, y a estas alturas todos lo sabemos. ¿Es posible medir el grado de esta podredumbre?

¿Cuánto cuesta la corrupción?
— La CNMC estimó que la falta de competencia y la corrupción suponen 48.000 millones al año solo en sobrecostes en contratos públicos.
— La propia UE cifra el coste total en 4-5 % del PIB, es decir, entre 50.000 y 60.000 millones anuales.

¿Dónde se pierde ese dinero?
– Contrataciones amañadas y sobreprecios deliberados.
– Comisiones ilegales, favores políticos y mordidas a consultoras afines.
– Estructuras duplicadas para colocar cargos sin función real.
– Desvío de fondos a lobbies ideológicos.
– Gastos de representación que encubren lujo personal, vicios y degradación moral.

¿Y si lo recuperásemos?
Una administración honesta y ordenada según el bien común —no según cuotas de partido— podría eliminar el 70–80 % de esta sangría.
Eso permitiría recuperar entre 35.000 y 50.000 millones cada año.
Equivale a:
– Todo el presupuesto de vivienda e infraestructuras.
– El doble de lo que invertimos en investigación.
– Un ingreso indirecto de 1.000 € por español cada año, sin subir impuestos.

¿Qué podríamos hacer con ese dinero?
Con una administración guiada por el bien común y la Ley Natural —no por el relativismo ni el clientelismo— podríamos:

– Construir vivienda digna para jóvenes y familias.
– Reforzar pensiones, maternidad y educación.
– Bajar los impuestos a quienes realmente trabajan.
– Reindustrializar España con soberanía productiva, al servicio de las familias, los gremios y la comunidad cristiana.
– O incluso reducir la deuda sin tocar a los más vulnerables, ni subir impuestos.

La solución no es recortar al pueblo:
Es acabar con el régimen de corrupción estructural.

Lo urgente no es gestionar mejor el mismo sistema, sino sustituirlo por un orden político justo, fundado en la verdad, la moral pública y la primacía del bien común.
Solo una regeneración profunda —social, política y espiritual— podrá sanar España. Y no vendrá desde los partidos: vendrá desde el pueblo consciente que ya ha dicho basta, restaurando los principios tradicionales que hicieron grande a la España católica.

El régimen partitocrático de hoy es el resultado evidente de la forma degenerada del constitucionalismo revolucionario, nacida como régimen liberal en 1833, que el carlismo lleva denunciando más de 190 años.

✠ Dios, Patria, Fueros, Rey
Luis M.ª Flórez-Estrada Orlandis-Habsburgo
Miles Christi semper paratus.
Non prævalebvnt.

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3 comentarios en “Corrupción estructural + falta de libertades + maquillaje= partitocracia

  1. Ignacio Marti

    Buenos días,

    Así es, y nos quedamos cortos en esas cifras, la corrupción se entiende tan generalizada, que la sufren las empresas privadas.

    Este régimen nos ha vendido que estamos mal pagados, que trabajamos en exceso de horas, que hay una parte de la población (empresarios y altos ejecutivos) que se forran a costa de nuestro sudor y esfuerzo.

    Y este pensamiento, ¿a que lleva?, a trabajadores quemados que se escaquean en su trabajo, a trabajadores que cogen la baja por depresión y ansiedad, a trabajadores que roban (justificando el robo como algo ético por una deuda para con ellos, que nunca se sacia).

    Y esta corrupción el la empresa privada supone a la sociedad un coste aún mayor al coste de la corrupción del estado. Lleva a una insatisfacción vital no cuantificado pero cuyo coste es inmenso.

    Nos dice este sistema que el trabajo es un derecho, pero a la vez, nos dice que el que ejerce este derecho está condenado a penar y a condenarse a una vida llena de castigos innumerables.

    No se, creo que debemos revertir todo esto, yo mismo he tenido discusiones con mis hijos cuando hablan mal de las empresas en las que trabajan. Yo soy trabajador, he sido empresario, he trabajado en la universidad para el estado, he vivido todos los puntos de vista laborales, y no es justo la exigencia a la que se somete a la empresa privada, que lleva a ina sociedad a justificar la corrupción de sus trabajadores y cuanto más grande la empresa más justificada esta la corrupción.

    La corrupción del estado es cuantificado, se puede perseguir, incluso reducir sustancialmente. La mentalidad de que la empresa privada me roba, es un problema de planteamiento de que valoramos en esta sociedad.

    Con esto no justificó cualquier comportamiento empresarial, como defiendo que los hombres por el hecho de serlo y haber nacido como tal no es un acosador, sabemos que hay gente en el PSOE que lo es, pero no todos lo hombres lo somos de igual forma hay empresarios que se excederá en sus exigencias hacia los trabajadores, pero me temo que son minoría.

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  2. Luis Flórez-Estrada Orlandis-Habsburgo

    Estimado Ignacio,

    Gracias por tu aportación, que me parece honesta y valiosa, sobre todo porque nace de tu experiencia directa en distintos ámbitos del mundo laboral.

    Coincido plenamente en que la corrupción no es sólo cosa del Estado: también penetra en lo privado cuando desaparece el sentido del bien común. Pero ahí creo que reside precisamente la raíz del problema: hemos sustituido el bien común por la rentabilidad. Y cuando la empresa deja de ser comunidad de trabajo para convertirse en máquina de beneficio a corto plazo, tanto el empresario como el trabajador se degradan.

    El trabajador que se escaquea, roba o simula, como bien dices, cae en el error. Pero muchas veces no es tanto un corrupto como un alma rota, que ya no cree en nada: ni en su empresa, ni en el país, ni en su porvenir. Eso no se resuelve con más coaching ni más auditorías. Se resuelve con justicia y con Cristo.

    Bajo mi experiencia creo que normalmente las faltas de ese trabajador, que normalmente lo que sustrae es tiempo, terminan siendo suplidas por sus propios compañeros que es a quienes perjudica. Pero tambien supone que no todos los trabajadores actuan como dices, sino una inmensa minoría. Igual que lo son las multinacionales extractivas que esclavizan a sus trabajadores, aunque desgraciadamente pocas de esas afectan a muchas personas. Todos tenemos alguna de esas en mente, permiteme que no las nombre.

    Yo defiendo que la regeneración de España no es sólo política, sino social y espiritual. No basta con castigar al corrupto: hay que restaurar la dignidad del trabajo, la misión social de la empresa y el orden moral que nos permita distinguir el bien del mal.

    El problema no es que critiquemos a la gran empresa: es que muchos jóvenes *ya no esperan nada* ni del Estado ni del mercado. Ahí es donde empieza la verdadera pobreza.

    Gracias de nuevo por tu mirada serena. La crítica al sistema no es contra la empresa en general, sino contra el orden liberal que nos ha separado unos de otros.

    ✠ Dios, Patria, Fueros, Rey
    Luis M.ª Flórez-Estrada Orlandis-Habsburgo
    Miles Christi semper paratus.

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  3. Luis Flórez-Estrada Orlandis-Habsburgo

    Según la UE, España pierde entre un 4% y un 5% del PIB —Entre 50.000 y 60.000 millones de euros al año— por corrupción y falta de competencia ¿Imaginas lo que se puede hacer con ese dinero?

    Responder

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