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12 de febrero de 2013 0

Bases para una sanidad según el sistema tradicional

El Concepto de “Sanidad pública” es ajeno a la doctrina de los principales autores de la Tradición española. No obstante, partiendo de sus principios de libertad y subsidiariedad, se pueden apuntar algunas lineas maestras.

1) La corona reconoce el principio de Soberanía divina: toda la legislación sobre bioética y salud ha de basarse en la moral emanada de la doctrina católica.

2) Todos los códigos deontológicos sanitarios habrán de seguir los postulados sobre la materia del Magisterio de la Iglesia, con las orientaciones al efecto pronunciadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

3) La Augusta Majestad tendrá un “Real consejo consultivo sobre asuntos sanitarios”, formado por profesionales en la materia (tanto en asistencia como en gestión), que asesorará sobre legislación y reglamentación.

4) Los protocolos de prevención, diagnóstico y tratamiento de la enfermedad o promoción de la salud son confeccionados por sociedades profesionales sanitarias, tanto oficiales como especializadas en base a estudios científicos rigurosos. Estas sociedades con frecuencia trabajan coordinadas en grupos regionales, nacionales o internacionales. Como iniciativas sociales y profesionales, son los encargados de establecer los mecanismos de funcionamiento profesional, y la legislación (que sólo se promulgará cuando sea necesario, evitando la hiperlegislación) seguirá dichas recomendaciones en todo cuanto permita la moral católica.

5) Dichas sociedades, siempre que se demostrara su utilidad pública, deben ver libres de imposiciones tributarias sus iniciativas para promoción de la salud. No debe existir injerencia pública en su funcionamiento social salvo las inspecciones comunes a toda asociación y la acción judicial si trasgreden las leyes de la corona (que, recordemos, serán las imprescindibles). Su financiación provendría de los propios profesionales y de donaciones privadas (todas ellas libres de tributación), jamás directamente provenientes de fondos públicos manejados por cargos de poder.

6) En cuanto a la asistencia sanitaria, prevención de enfermedad y promoción de la salud, en todo aquello que se considere un mínimo indispensable por parte de los protocolos científicos antes citados, y reconocido por la legislación, los poderes públicos deben asegurar dicha prestación. Municipios, Mancomunidades, Señoríos, provincias y Reinos se encargarán de dicha aseguranza en aquellos protocolos que entren dentro de sus competencias. La Corona creará los organismos necesarios para asegurar aquellos protocolos que ineludiblemente necesiten una dispensación universal (los mínimos posibles).

7) En cuanto a la prestación de esos protocolos de asistencia, prevención y promoción de la salud, se ha de alentar a que sean los cuerpos intermedios de la sociedad los que se encarguen de su gestión, sobre criterios de calidad, eficiencia y libertad de elección. Para ello, se ha de incentivar la creación y desarrollo de cooperativas sanitarias (sin ánimo de lucro) y empresas de salud (con ánimo de lucro), así como las organizaciones de salud benéficas. La prestación de los servicios de salud se adaptará así a las necesidades y requerimientos de la población. Los organismos oficiales podrán crear sus propias organizaciones de prestación de servicios sanitarios en aquellos lugares o niveles donde la iniciativa social no alcance a darla (por ejemplo, en algunas localidades se pueden emplear médico, farmacéutico y enfermero municipales)

8) En cuanto a la financiación de esa prestación de servicios, recaerá en su fundamento sobre los usuarios, que lo harán bien directamente, bien por medio del pago de igualas o seguros de salud, según el modelo sanitario que elijan. Cada uno de estos métodos incluirá necesariamente los mínimos establecidos por los protocolos científicos, añadiendo optativamente otros servicios no indispensables según tarifas. Los organismos oficiales se encargarán de la financiación del mínimo sanitario para aquellos ciudadanos que por su situación económica no puedan costeárselo.

La estatalización absoluta al estilo socialista de la prestación sanitaria (bien sea centralizada o descentralizada en autonomías) es un sistema que se ha revelado carísimo e ineficaz. No importa cuántas reformas se hagan o quieran hacer: sencillamente, profesionales y usuarios no ven el sistema como algo propio, sino ajeno. No duele al bolsillo y no se cuida ni se busca su mejoramiento en general.

El neoliberalismo ofrece como única alternativa la medicina privada pura y dura.

La alternativa tradicional pasa por la corresponsabilidad de los usuarios (quién ha de pagar de su bolsillo la iguala o el seguro, procurará cuidar mejor de su salud) y el impulso de de los movimientos cooperativistas de salud y de las asociaciones benéficas (si se siente como propia, una instalación de salud se cuida mejor).

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