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20 de julio de 2021 4

Banderas enemigas

(Por Jose Bustinza) –

Se me ocurre que la memoria histórica ésa viene a ser como la deconstrucción de los platos que tanto gusta a los modernos; a esos que cuestan de diferenciar un huevo de una castaña, mira tú, les priva juntar una espuma con una esferificación y ¡voilá!, valiente comistrajo hemos creado. Porque aunque los sabores como los recuerdos permiten ser alterados en nuevas facturas, permanecen reconocibles para los paladares sensibles; y viene a cuento porque igual que esa esencia permanece, y puedes identificar el huevo y la castaña escondidos en el mejunje moderno, así los enemigos de España, que son también los de Cataluña, han sabido reconocer que las banderas de sus verdaderos enemigos estaban en una cripta. Esa profanación que tanto dolor causa es negro sobre blanco quién saben que tienen de verdad enfrente.

Uno se ha acordado de varias cosas, del senador Elósegui robando al descuido del Museo del ejército una icurriña que se exponía bajo el cartel “tomada al enemigo”, en respetuosa e inmerecida expresión para evitar nombrar la rendición del ejército de napoleonchu Aguirre. Elósegui, recordado también por quemarse a lo bonzo delante de Franco enfundado en un traje ignífugo, ha sido pues protagonista de las más valientes acciones de las que el nacionalismo vasco ha sido capaz.

Sus homónimos de Cataluña no han ido a la zaga en su demostración de valor y han incendiado las banderas de quienes se enfrentaron en los campos de batalla para liberarnos de aquel sindiós de la república. Han dejado transcurrir un tiempo prudencial, casi un siglo, para asegurarse de que no había peligro, y se han grabado como los niñatos en sus extravagantes logros. Han prometido volver, pero dependerá de que consigan suficientes likes de sus coleguitas. La adolescencia es hoy así.

 

No son estos tiempos para dar muchos datos, que no debe uno facilitar el trabajo a quienes dan la barrila con qué memoria debemos tener; hay que ser precavido, pero sé de uno que conserva en su casa el banderín de enganche de la CNT-FAI de Mieres que su padre, capitán de un tercio de requetés, tomó al enemigo. Acabada la guerra, el capitán llevó el trofeo y la bandera de su tercio a casa. Uno de los hermanos de su actual propietario propuso, creo que jocosamente, llevarla a Mieres y buscar algún viejo combatiente a quien pudiera interesar, pero no hubo oportunidad y junto a otras banderas descansa en  respetuosa e inusual compañía. El banderín exhibe sobre una tela negra un águila que sostiene una cadena en sus patas, bordada quizá por algunas víctimas de un convento arrasado por las juventudes libertarias. Es sin duda para nosotros bandera enemiga, pero el respeto que recibe no habla de quienes la enarbolaron, sino de aquellos que solo encontraban enemigos en el campo de batalla, requetés como los que descansan en la cripta de Montserrat. Sus enemigos, claro que sí. Lo saben.

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4 comentarios en “Banderas enemigas

  1. Ramón de Argonz

    Jo, qué buen testimonio. Muy agradecido,

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    1. identicon

      Jose Bustinza

      Muchas gracias D. Ramón. Solo para Vd. voy a abundar en los detalles de cómo esa bandera cayó en las manos de ese capitán. Andaba el tercio por tierras del Reino de Valencia y se topó con gente enemiga que en su bisoñez habían entrado en una zona en cuyas alturas estaba situado el tercio. No había escapatoria, pero a aquel capitán le pareció que su deber en ese momento consistía en evitar esas muertes, así que se presentó ante ellos armado solo de su bastón para informarles de la situación y aconsejarles su rendición como salida honorable e inteligente. Así lo hicieron y fueron conducidos como prisioneros. El banderín es un trofeo evidente.

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  2. Ramón de Argonz

    Eran unos tiazos. Héroes de leyenda… y con mucho sentido común.

    Responder
  3. Ramón de Argonz

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