3 de noviembre de 2016 0

Ante la corrupción el sistema es el problema.

corrupcionLos casos de corrupción en la política española se amontonan en un bucle sin fin que afecta a partidos, sindicatos, empresarios, familia real, etc., y amenazan con dar un golpe de muerte al sistema mismo. Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que el sistema es corrupto. Este sistema demo-liberal que, en frase falsa y desgraciada, “nos hemos dado”, es un pozo sin fondo de corrupción, más aún, no se puede entender el sistema sin la corrupción.

Esta afirmación, grave, requiere evidentemente una explicación. Y esta explicación la encontramos en la génesis, en el origen, en las raíces del sistema mismo. A mi juicio el sistema nace de una triple corrupción:

-Corrupción moral. Los protagonistas de la “sacrosanta” transición que dio paso al actual sistema juraron ante Dios guardar y hacer guardar las leyes y principios que sostenían el sistema anterior del que procedían. Ese juramento fue traicionado mediante argucias legales por quienes más tenían el deber de mantenerlo, empezando por el ya ex jefe de estado.
-Corrupción institucional. En el año 1977 se convocaron elecciones generales que dieron como consecuencia la constitución del ´78. Es decir, la actual constitución es ilegítima de origen puesto que no fue aprobada a través de unas Cortes Constituyentes convocadas al afecto. A esto hay que añadir que es una constitución que no nombra a Dios ni reconoce una ley y una moral trascendente y por encima de los hombres.
-Corrupción política. Es bien conocido que los partidos más importantes durante la transición fueron financiados ilegalmente desde el primer instante. Baste citar los casos de la UCD, financiada por Arabia Saudí como reconoció no hace mucho el que fuera presidente de Libertad Digital Alberto Recarte, o del PSOE, financiado por Willy Brandt y la Internacional Socialista. Desde entonces se han sucedido los casos en la mayoría de partidos del sistema, hasta llegar a los que llaman nuevos partidos, caso de Podemos con su propio plomo corrupto en las alas.
Esta triple tara de corrupción moral, institucional y política desde su origen mismo creó una clase política inmoral e indecente (la del llamado consenso) dando como resultado el sistema más corrupto que se ha conocido en la historia de España, que no tiene regeneración posible. Consecuentemente todas las medidas que se tomen y que no apunten al fondo del asunto serán meros parches. Todos esos pactos y leyes que se nos anuncian aprisa y corriendo los partidos como meras huídas hacia adelante no solucionarán nada. No se puede ser juez y parte. El sistema es el problema. Si de verdad se quiere terminar con la corrupción insoportable que padecemos no queda otra solución que acabar con el propio sistema causante.
Es preciso por tanto ser conscientes del posible fin de ciclo que se avecina y exigir un proceso constituyente que dé paso a un sistema nuevo, honrado y decente en el que la política no sea una profesión sino un acto de servicio, en el que los jueces sean verdaderamente independientes y en el que el pueblo español esté real y eficazmente representado en unas instituciones fuertes, legítimas y nacionales.
A este respecto y echando una mirada a la rica doctrina del Tradicionalismo político español, encontramos dos figuras que siempre defendió el Tradicionalismo y que acabarían con el problema: el Mandato Imperativo y el Juicio de Residencia. Para los que ignoren en qué consistían sendos mecanismos los explicaré brevemente:
– Mandato Imperativo: consistía en el compromiso y la fidelidad que adquiría todo diputado elegido en defensa de las propuestas concretas (programa electoral diríamos hoy), por las que se designó, no pudiendo actuar según criterio propio ni en beneficio propio.
– Juicio de Residencia: al terminar el periodo por el que fue elegido, cada diputado (o cargo público) debía rendir cuentas de su comportamiento público y aún moral. En tanto no se demostrase su honestidad, debía permanecer privado de movimientos y confiscados sus bienes. Así se conocían sus bienes de forma inmediatamente anterior a su toma de posesión y de forma posterior.
Este es el camino, no hay otro. Todo lo que signifique intentar una regeneración, una reforma, una reconversión del sistema acabará en fracaso  y será un engaño más. Hay que repetirlo como un mantra: EL SISTEMA ES EL PROBLEMA.
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