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25 de mayo de 2021 2

Aclarando algunos conceptos (sobre “Las iglesias vacías”)

(Por Carlos Ibáñez) –

Muy interesante el artículo de Javier Urcelay “Las Iglesias vacías. Las buenas razones”. Lo demuestra la cantidad de comentarios que ha suscitado.

A lo escrito, nos creemos obligados a añadir algunas consideraciones.

En el primer párrafo se refiere a la configuración arquitectónica de los templos modernos. Hay que tener en cuenta que ella ha sido impuesta por las necesidades de cada caso. En la década de los cincuenta, al despedirse de la diócesis de Bilbao, don Casimiro Morcillo creó nuevas parroquias. Conocimos el caso concreto de una de ellas. Llamó al sacerdote que había elegido como párroco. Sobre un plano de Bilbao delimitó una zona y le dijo:

“Esa es la nueva parroquia que Vd. ha de regir; procúrese el templo y todo los demás necesario”

El sacerdote en cuestión puso manos a la obra. Como solución inmediata habilitó como templo una lonja vacía. Luego se dedicó a buscar un solar en el que construir el nuevo.  Lo encontró. Pero su disposición no le permitía orientarlo hacia el oriente ni darle la forma externa de los templos tradicionales. De todas formas, construyó un templo capaz, que cumplía los requisitos fundamentales. Le dotó de algunas imágenes de valor artístico, procedentes de conventos y parroquias que se habían abandonado. Y añadió viviendas para los sacerdotes, aulas para la catequesis, cuartos para oficinas y salas de reunión. Todo ello necesario para la vida parroquial. El conjunto se parecía más a una casa de vecindad que a los clásicos templos conocidos. La necesidad, no las buenas razones, se impuso.

Por la misma época se construyeron más templos en Bilbao. Hubo que conjugar la necesidad con la tradición. En una parroquia no tuvieron más remedio que aprovechar un hueco bajo el nivel de la calle. Es la iglesia “subterránea”. En otro solar el templo se pudo orientar al naciente y se dotó de campanario. Con las formas innovadoras que permiten las modernas técnicas de construcción. Por eso, la crítica contenida en el primer párrafo, ha de tomarse con reservas.

Respecto al resto del artículo, todo lo que se dice es verdad. Y somos muchos los católicos que nos vemos tentados al desaliento, ante lo que vemos. Para ellos van las líneas que escribimos.

No es nada nuevo que en la Iglesia hay muchos fallos. Los ha habido siempre. Se cuenta que un ministro de Napoleón le dijo a un cardenal que en veinte años acabarían con la Iglesia. El purpurado le contestó: “pierden Vds. el tiempo, casi dos mil años llevamos nosotros destruyéndola desde dentro y aún no lo hemos conseguido”.

La Iglesia es de fundación divina. Pero está constituida por hombres. Y de ahí radican sus fallos, que se han dado desde su fundación.

Por nuestra edad, hemos vivido la crisis de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX y en lo que llevamos del XXI. Y los avatares experimentados han hecho crecer nuestro amor hacia ella. La salvación, que nos prometió el Señor, nos llega a través de ella. Y fuera de la Iglesia no hay salvación. Al menos para los que en su seno hemos nacido y crecido.

Hay muchos fallos en la Iglesia. Pero estimamos que es más importante fijarnos en nuestras faltas personales que en la de otros hermanos en la Fe. Nuestras faltas podemos corregirlas, con la ayuda de Dios. Las de los demás no dependen de nosotros. No nos queda otra posibilidad que rezar por ellos. Así hemos superado el desánimo con que Satanás nos ha tentado.

Militamos en el Carlismo por amor al prójimo. Porque queremos una sociedad mejor para todos. Si propugnamos el reinado social de Cristo, es por las grandes ventajas de orden espiritual y material que del mismo se derivarían para todos. Las soluciones de orden temporal que defendemos son las que dicta el sentido común y que han proporcionado justicia, paz y libertad a los españoles de todo tiempo.

Como proclama nuestro himno, luchamos por Dios. Y de Dios recibiremos el premio. Tenemos la victoria segura; pues vivimos para la eternidad. En nuestra niñez, en los tiempos de la Cruzada, se nos quedó grabada para siempre la imagen del requeté caído con la frase que rezaba: “ante Dios nunca serás héroe anónimo”. Además de ser muy emotiva, es una verdad.

Dediquémonos a cumplir bien nuestras obligaciones para con la Iglesia, sin hacer caso de los fallos que apreciemos en ella. Que la victoria la tenemos asegurada.

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2 comentarios en “Aclarando algunos conceptos (sobre “Las iglesias vacías”)

  1. jose maria

  2. Josep María de Sanjuan Llop

    Apreciado señor.
    En mi opinión el escrito del señor Javier Urcelay no necesita de que nadie vaya detrás a hacerle ninguna aclaración. Se entiende bien y se ajusta a la realidad al 100 por 100.
    Con todo el respeto hacia su persona no creo que el hecho de lo que explica de su Bilbao natal, y que doy por cierto, implique el cambio de rumbo y de estilo que se dió a los templos a raiz de las innovaciones y reformas surgidas con el Vaticano II en el sentido de desacralizar las iglesias y el culto divino.
    Los frutos hablan por sí solos.
    Atentamente,
    José María de Sanjuan Llop

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