22 de enero de 2017 0

Acerca de la Monarquía

Últimamente parece que se ha abierto la veda mediática (¡Ya era hora!) sobre los desafueros, malas prácticas y peores intenciones del anterior inquilino de la Zarzuela. Y esto ha llevado a muchos españoles, una vez más, a preguntarse sobre la utilidad real de la monarquía en España y si quizá sea llegada la hora ya del advenimiento de una nueva república. Para responder a esta pregunta, a mi juicio, cabría primero hacerse otra pregunta: ¿Existe real y verdaderamente monarquía en España?

Retrotrayéndonos un poco en el tiempo recordamos que este hombre fue elevado a la jefatura del estado a título de rey por el General Franco (por decisión personal) como heredero de un régimen nacido de una guerra, saltándose a la torera la legitimidad dinástica y por tanto los usos y costumbres monárquicos. Accedió al puesto jurando una serie de cosas (los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional) que luego traicionó faltando a su juramento. A partir de ahí perdió la legitimidad de ejercicio (si es que tenía la de origen, que hemos visto que no) y se vio envuelto en una serie de circunstancias políticas que mancharon aún más su carácter de ejemplar jefe de estado. No hay más que recordar el 23F. Hoy ya no hay duda de su implicación en la trama golpista, no para volver a un sistema dictatorial como los ignorantes o los propagandistas del régimen nos venden, sino para solidificar su puesto en entredicho tras la calamitosa acción de gobierno de la UCD promocionada por el propio jefe de estado. Pero también ha tenido problemas de índole económica que se han trocado en corrupción: sus tramas con personajes de la calaña de Prado y Colón de Carvajal son bien conocidas, o sus negocios con países como Arabia Saudí, o sus últimas andanzas con su yerno Urdangarín. Pero quizá para el pueblo español sufriente y sufridor, que apenas puede llegar a fin de mes, lo que más molestó fue su irresponsabilidad elefantiásica (nunca mejor dicho) en las labores de “jefe de estado”. Y aquí es donde respondemos a la pregunta. ¿Ha sido realmente un monarca como mandan los cánones? La respuesta sólo puede ser una, NO, pues de monarca no tuvo nada, es esta una república coronada por un supuesto monarca que ni reina, ni gobierna, ni es responsable de sus actos. Eso sí, es inviolable. Las últimas publicaciones acerca de sus andanzas en temas de faldas parece que han colmado el vaso de la paciencia de muchos españoles.

Pero no queda aquí la cuestión, su heredero, D. Felipe (fiel seguidor de los pasos de su padre), haciendo caso omiso a las Leyes de la Monarquía española, decide casarse desigualmente, en aras de una, imposible por antitética, “democratización” de la monarquía que, evidentemente, muchos españoles tampoco entienden. Si a ese guiso se le adereza con la ceremonia desacralizada de su juramento como rey o el augusto silencio sobre temas clave de la política española como los separatismos amenazantes y envalentonados, se acaba creando un caldo de cultivo absolutamente contrario a la monarquía por considerarla sencillamente inútil, innecesaria y parasitaria.

Visto que lo que en realidad en España tenemos no es una monarquía, ¿Tiene sentido esa crítica a la Monarquía generalizando de tal modo? ¿Sería posible y necesaria una nueva república? Los ejemplos precedentes no son precisamente halagüeños. La I república de 1873 a 1874 fue un auténtico desastre: inestabilidad política y social, guerra de los cantones, cuatro presidentes distintos en menos de un año, etc. etc. Acabó con un pronunciamiento que dio paso a la Restauración de la dinastía liberal. Y la II república fue aún peor: golpe de estado previo, constitución sectaria, levantamientos anarquistas constantes, golpes de estado, violencia política, persecución religiosa y el frente popular revolucionario que acabó dando lugar al levantamiento cívico-militar del 18 de julio de 1936 y a la consiguiente guerra civil. Pensar hoy en una república es retrotraernos irremediablemente al frente popular del que se sienten herederos directos las izquierdas actuales e incluso los separatismos varios. Pensar en una república hoy es volver a la idea de que la república es solo para los republicanos, el resto no tiene derecho a la existencia tal y como pasó antaño; pensar en una república hoy es admitir un régimen federal que permita la desmembración de España; pensar en una república hoy es tolerar un laicismo de estado mucho mayor que el actual y que engarza con aquél que propició la guerra civil.

No, la solución no es republicana. Tampoco el simulacro de monarquía o república coronada que tenemos hoy que esa sí merece todo tipo de críticas. La solución es monárquica. Pero de una monarquía auténtica y de verdad, en la que el Rey reine, gobierne y sea responsable de sus actos, en la que, si falta a la legitimidad de ejercicio, se le pueda deponer y en la que prime sobre todo el bien común de la nación a la que sirve.

-una monarquía legítima, de origen y de ejercicio como he explicado antes.

-una monarquía realmente popular, no elitista ni populista ni mucho menos populachera.

-una monarquía fiel a las raíces católicas de nuestro pueblo sin las que nada se puede entender.

-una monarquía tradicional, que apueste por la tradición política acorde a nuestro pueblo adaptada a los momentos presentes.

-una monarquía social, que prime el interés de los más débiles y desfavorecidos, haciendo realidad aquélla frase de D. Carlos VII: “si la Nación es pobre, vivan pobremente el Rey y sus ministros”.

-una monarquía representativa, donde el pueblo español esté realmente representado políticamente a través de las organizaciones naturales y los cuerpos sociales intermedios. Más sociedad y menos estado. En palabras de hoy, una monarquía real y verdaderamente democrática.

-una monarquía foral, que permita la descentralización característica y tradicional de la España de siempre que haga que las distintas regiones, reinos, principados, señoríos, provincias y municipios tengan una vida autárquica dentro de la irrevocable unidad de la Patria.

-una monarquía templada, nada que ver con la absolutista, que necesite de la aprobación popular de la gestión del gobierno.

Esta es la verdadera y a mi juicio única solución. Un régimen profundamente español, enraizado en lo más hondo de nuestro ser y henchido de patriotismo por encima de todo. Ya está bien de partidos que dividen, ya está bien de autonomías que disgregan, ya está bien de liberalismos que priman lo individual sobre lo colectivo, ya está bien de falsos monarcas inútiles y parasitarios. ¡MONARQUÍA REAL YA!

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