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29 de abril de 2026 0

Javier Barraycoa analiza su minucioso trabajo sobre el atroz genocidio de La Vendée, la primera cruzada moderna

(Una entrevista de Javier Navascués).-

Javier Barraycoa Martínez (Barcelona, 1963). Es Doctor en filosofía (1993) y profesor titular en el Departamento de Derecho y ciencias políticas de la Universidad CEU Abat Oliba de Barcelona. Es profesor de sociología y se ha especializado en el análisis de los imaginarios sociales y fundamentos antropológicos de los comportamientos sociales y políticos. Ha publicado una veintena de libros sobre temas sociológicos, históricos y políticos. Algunos de ellos ya son imprescindibles para el pensamiento contrarrevolucionario como Eso no estaba en mi libro de historia del Carlismo, Eso no estaba en mi libro de historia de la revolución Rusa, Protestantismo y ahora un libro que pretende divulgar la gesta de los campesinos vendeanos contra la Revolución francesa: El genocidio de La Vendée y la primera cruzada moderna.

¿Puede decirnos en breves palabras qué ocurrió en la región francesa de la Vendée durante la Revolución francesa?

Aquellos que habían proclamado los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y votado la primera república revolucionaria de la modernidad, decretaron el exterminio de toda una región de Francia. La culpabilidad de esas tierras eminentemente de campesinos, era haberse resistido a la implacable persecución religiosa que la revolución estaba llevando a cabo y a la ejecución del rey. La chispa que hizo brotar la revuelta fue una leva masiva para nutrir al ejército republicano que se batía contra las potencias europeas. La revuelta campesina se convirtió en un levantamiento armado contra la República y la Convención nacional, dominada por los jacobinos, decretó entonces el exterminio de la Vendée. Podemos afirmar que estamos ante el primer genocidio moderno que coincide con el nacimiento de la “democracia republicana”.

¿En qué consistió la persecución religiosa?

Fue gradual hasta acabar en sangre. Tras la proclamación de la Asamblea nacional, en 1789, se suprimieron los “privilegios” en Francia. Ello comportaba, de paso, eliminar muchas prebendas eclesiásticas tradicionales que sostenían a la Iglesia. Después empezarían las desamortizaciones de las propiedades de la Iglesia. A ello se seguiría la aprobación de una Constitución civil del clero que sometía a obispos y sacerdotes al Estado y sus nombramientos habrían de ser “democráticos”.

Sólo los sacerdotes que la juraran -los “juramentados”- tendrían sueldo del Estado y parroquias. Los que no juraron -los refractarios- se quedaron sin cargos y sostenimiento económico. La sorpresa fue que la mayoría de católicos sólo quisieron asistir a oficios con los refractarios. Varios decretos obligaban al juramento y si no a multas, prisión o deportaciones. Luego vendrían los asesinatos masivos de sacerdotes refractarios. Ya en pleno terror jacobino, incluso la iglesia juramentada fue denostada y se proclamó una artificial “religión” de Estado: la del Ser Supremo. Pocos meses después caería Robespierre y los suyos. En este proceso, unos 40.000 sacerdotes refractarios fueron asesinados, exiliados, deportados o escondidos por sus feligreses.

¿Por qué La Vendée resistió con más fuerza que otras regiones francesas igualmente católicas?

Una de las claves es la predicación en esos pueblos vendeanos, en el siglo XVI, de San Luis María Grignon de Montfort. Recorrió esas tierras que habían sido “enfriadas” espiritualmente”, como en tantas otras partes de Francia, por el jansenismo. El jansenismo era esa herejía, que al igual que los más duros calvinistas, afirmaban que casi nadie podía salvarse. Los sacerdotes de influencia jansenista negaban la extremaunción a aquellos moribundos que consideraban que no se habían arrepentido perfectamente. O aconsejaban no confesarse y no comulgar porque el hombre era indigno de las cosas divinas.

Ello fue, por un lado alejando a las gentes de la práctica religiosa. Por otro lado, en sentido contrario pero confluyente, la Ilustración fue otro de los factores secularizadores. Grignion de Montfort predicó el amor misericordioso, no cejaba en confesar y administrar los sacramentos, propició las devociones populares y promovió la erección de Calvarios enormes en los caminos, ante los cuales las gentes se conmocionaban. Frente al “predestinacionismo” restrictivo (pocos se salvan) de los jansenistas, predicó la “Omnipotencia Suplicante” de la Virgen María que abría las puertas del cielo. Los lugares de su predicación coincidirán más de un siglo después con la llamada “Vendée militaire”, esto es, los lugares de los levantamientos campesinos que llevaban en su pecho cosido un Sagrado Corazón con el lema “Dieu Le Roi” (Dios El Rey”.

Algunos señalan que la revuelta campesina fue una manipulación de nobles y el clero.

Más bien lo contrario. Los campesinos vendeanos eran plenamente conscientes que sin el apoyo de una nobleza con formación militar, las protestas durarían bien poco. Fueron a buscar a sus castillos a los nobles y ellos se resistieron a liderar un movimiento que sabían que a la postre sería perdedor. Pero la insistencia de los campesinos, su entusiasmo y finalmente su apelación a la conciencia católica, les animó a encabezar lo que podemos considerar la primera cruzada moderna. Nobles como Henri de la Rochejaquelein, de Lescure, de Bonschamps, d´Elbée, o de la Charette, dieron ejemplo encabezando a los campesinos y por ello muriendo o cayendo heridos de gravedad en la primera línea de combate. La guerra empezó a inicios de 1793 y se puede considerar que hubieron varias guerras vendeanas tras terribles derrotas y nuevos levantamientos. Los ejemplos de devoción y caridad cristiana fueron interminables. Los vendeanos no fusilaban prisioneros, sino que les hacían jurar que no se volverían a enfrentar a ellos y les dejaban marchar. Este hecho fue algo insólito que ni los propios blues (soldados republicanos) se podían creer.

¿Y por qué se habla de primer genocidio moderno?

Tras la terrible campaña de 1793, salpicada de victorias y derrotas, el llamado Ejército Católico y Real, estaba agotado y casi exterminado. Entonces, en 1794, París decidió enviar un ejército para simplemente exterminar la región matando hombres, mujeres y niños yarrasando y quemando todo lo que encontraran a su paso. Este ejército se dividió en columnas para entrar en la Vendée. Fueron conocidas como las “columnas infernales” comandadas por el General Turreau. Se puede hablar de primer genocidio por qué se señala una población específica -no combatiente- para ser exterminada, se le da una cobertura legal (los decretos de la Convención) y se proponen medios de exterminio masivo. Así, se propusieron desde contaminar fuentes y ríos con arsénico hasta usar gas tóxico para eliminar a grandes poblaciones. También se propuso usar minas para derribar poblados enteros. Muchas de estas ideas no se llevaron a cabo por falta de capacidad, no por ausencia de ganas. Pero sí tenemos documentados desuello de cadáveres para curtir cuero con las pieles de los vendeanos, quema de cuerpos para conseguir su grasa (especialmente de mujeres), asesinado indiscriminado de mujeres acusadas de ser “surcos reproductores”, fusilamientos a cañonazos o ahogamientos masivos en el Loira.

¿Y por qué no se habla de estos acontecimientos y casi nadie los conoce?

La historiografía académica, especialmente en Francia, está controlada por elementos izquierdistas que son los herederos del jacobinismo de la revolución francesa. Los institutos de historia consagrados para perpetuar la memoria de la Revolución francesa, han estado controlados tradicionalmente por reconocidos militantes comunistas. El silencio sobre los acontecimientos ha sido sepulcral. Con motivo del doscientos aniversario de la revolución francesa, un joven historiador vendeano, Reynald Secher, realizó una tesis doctoral desvelando el genocidio.

Sufrió amenazas, intentos de comprar su silencio e incluso el robo “físico” de su tesis doctoral poco antes de ser defendida. Él siguió para adelante y se le cerraron para siempre las puertas de la carrera académica. Pero su tenacidad y sacrificio han permitido sacar del silencio la epopeya vendeana. A él le debemos haber superado lo que él mismo definió como “memoricidio”: el intentando de volver a matar -con el silencio y ocultación- a las víctimas del genocidio. Se calcula que entre los muertos en combate y las víctimas no combatientes, en la Vendée fallecieron cientos de miles de personas. Y Secher calcula que el 50% de las viviendas fueron derruidas a la par que los campos -el sustento de la población- fueron arrasados.

¿Hubo otras resistencias similares?

Sí, pero sin tanto peso y contundencia. Al norte de la Vendée, en la Bretaña francesa, se produjeron también levantamientos, pero no tanto como un ejército, sino como guerrillas. Fueron los conocidos como Chouanes. También en la Normandía. En Lyon, con motivo de la resistencia de algunos girondinos frente a las depuraciones de Robespierre, se levantaron contra París. Pronto ese movimiento de resistencia fue liderado por los gremios de obreros católicos y monárquicos de Lyon.

La Convención parisina decretó también el aniquilamiento de Lyon y la supresión de su nombre de todos los mapas y documentos oficiales. Se empezó a derruir físicamente la ciudad, pero la caída de los jacobinos impidió semejante salvajada. En el Rosellón francés, los campesinos se sumaron a las tropas españolas que entraban por el sur con motivo de la ejecución del Rey. Tras la derrota de las tropas españolas sufrirían la represión revolucionaria. O también, en el país vasco-francés, muchas poblaciones fueron acusadas de ser fanáticos católicos y pro españoles. Se decretó su traslado masivo a zonas pantanosas. Más de 2.000 murieron por enfermedades en las ciénagas a las que habían sido arrastrados.

¿Se está recuperando la verdadera memoria histórica?

Estamos acostumbrados a sesgadas memorias históricas. En el caso de la Vendée se puede decir que se ha conseguido romper la espiral de silencio. A Secher le han seguido otros valientes historiadores. La región, que durante casi doscientos años quedó subsumida en un silencio que atenazaba su inconsciente colectivo, ahora está orgullosa de sus antepasados. Cada verano miles de jóvenes peregrinan rezando por los caminos que recorrieron las columnas infernales. En las parroquias se conservan vitrales rememorando las gestas militares. Ahí ha nacido el ya conocido parque temático Puy de Fou con la intención de reivindicar la historia cristiana de Francia y preservar la memoria del genocidio vendeano. Fruto de esas iniciativas ha salido la película “Vencer o Morir”, o cómics para niños y jóvenes, estudios, libros, en fin hay un renacer que coincide con la profunda crisis de identidad que sufre Francia. Mi libro es un humilde tributo a esos mártires que pretende, de modo divulgativo, dar a conocer sus gestas y reflexionar sobre lo que nos ha traído la modernidad.

¿Alguna última cosa a añadir? ¿qué podemos hacer?

En una visita del Cardenal Sarah a Puy de Fou, en la homilía de la Santa Misa que celebró, llamaba a no olvidar nunca a esos mártires y los comparaba con el genocidio que están sufriendo los cristianos en África. En eso coinciden el Islam y la modernidad, en el declarado odio al cristianismo. Una manifestación de ese odio se expresa actualmente en los continuos ataques a la familia. Para la modernidad, decía Sarah-, “Las familias son hoy como otras vendées a las que hay que exterminar”. Y culminaba con un llamamiento: “En adelante, en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de cada hombre de buena voluntad, debe librarse una `Vendée interior´. ¡Todo cristiano es espiritualmente un vendeano!”. Y eso es lo que podemos hacer: tomando su ejemplo, hemos de forjar un corazón resistente como aquellos vendeanos, frente a las tempestades anticristianas de la modernidad.

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