El horror nuclear: 80 años de Hiroshima y Nagasaki
(Ahorainformacion.es) –
Estos días conmemoramos 80 años de la detonación de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Todavía se debaten las razones por las que los Estados Unidos decidieron bombardear con ellas a un enemigo ya derrotado.
La versión más favorable a los norteamericanos argumenta que las bombas pusieron punto final al conflicto, evitando una invasión terrestre que hubiese costado cientos de miles, cuando no millones, de vidas.
Existen sin embargo otras versiones que apuntan más bien a la necesidad de los EEUU de demostrar su poder destructivo para así erigirse en la potencia hegemónica de la posguerra.
El horror vivido en Hiroshima es narrado por sus protagonistas en el interesantísimo documental «Hiroshima: el día que cayó el cielo». A través de las fotos de un periodista presente pocos momentos después de la explosión, el documental recrea con toda crudeza la desesperación de la población civil compuesta en importante medida por niños y adolescentes que habían sido enviados allí por temor a los bombardeos en otras ciudades.
La decisión de detonar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, recordemos, obedecía a la necesidad de medir con precisión los efectos de las bombas. Ambas ciudades no habían sido víctimas de bombardeos convencionales durante la guerra y por ello resultaban idóneas para tan terrible experimento.
Testimonios de los médicos atendiendo a los heridos revelan el empeño de las fuerzas de ocupación estadounidenses en ocultar al mundo la dimensión humana de la tragedia así como los efectos de la radiación; tan nocivos como la propia explosión.
El documental está disponible en YouTube en el enlace a continuación.

Un comentario en “El horror nuclear: 80 años de Hiroshima y Nagasaki”
Antonio Jesús Sanabria Santiago
El objetivo real de esas bombas sobre dos ciudades sin estructuras militares, fue que representaban la oposición religiosa (Nagasaki) y obrera (Hirosima) al mikado japonés. Nagasaki era el principal nucleo católico e Hirosima el punto de referencia del movimiento obrero japonés, que seguía los planteamientos de la Primera Internacional. Hiro Hito no fue juzgado por los crímenes del ejercito japonés, sino que continuó en el trono como aliado de los vencedores.