8 de abril de 2019 0 / / /

Yo marco la casilla

Ante ciertas declaraciones de S. S. el Papa o de algún cardenal, arzobispo o conferencia episcopal, es frecuente que aparezcan manifestaciones de desacuerdo y anuncien que no van a marcar en la Declaración de la Renta, la casilla en la que se indica el deseo del declarante de que un pequeño porcentaje de su contribución pase a manos de la Iglesia.

Yo también discrepo de las actitudes de muchos miembros de la Jerarquía, incluso de S. S. el Papa. Son cuestiones que no afectan al depósito de la Fe o a la disciplina. Que manifiestan las preferencias personales de los declarantes sobre cuestiones de orden temporal. Pero en ningún momento se me ha pasado por la cabeza dejar de marcar la cruz en la casilla en cuestión.

En cierto que la Iglesia padece hoy una profunda crisis. Pero ello no es nada nuevo. Algunos insisten en que la presente no ha tenido semejanza en ninguna otra anterior. No lo puedo comprobar. Pero en una revista religiosa que todos los meses dedica dos páginas a la historia de la Iglesia, leo que San Hipólito (+235) se enfrentó al Papa Sixto. Se ve que lo de ahora no es nuevo.

Dejar de marcar la casilla, es el primer paso para alejarse de la Iglesia, el principio de una apostasía. Además de los diez Mandamientos de la Ley de Dios, están los de la Iglesia, que siguen en vigor. De ellos, el quinto nos manda ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Dejar la casilla sin marcar es infringir el quinto Mandamiento de la Iglesia. Infringirlo conscientemente.

Y yo, cometeré otros pecados, pero ese no. Hace bastantes años le repliqué a un sacerdote progre: “ni con eso, ni con agua hirviendo me echan ustedes de la Iglesia”. Me había comunicado una disposición absurda de uno de esos consejos pastorales con los que han suplantado en nuestra diócesis a la autoridad del Obispo.

Dejar de marcar la casilla es, para mí, iniciar un camino para abandonarla. Y a eso no estoy dispuesto. Porque no quiero atraer sobre mí la eterna condenación. Fuera de la Iglesia no hay salvación. Aunque se salven muchos infieles que, sin culpa suya, no pertenecen a la misma. Pero ese no es mi caso. Ni el de esos que alardean de que no van a marcar la casilla. Con ese acto, que para ellos es una protesta, están sacando un billete para el infierno. Puede ser que, por la misericordia de Dios, el tren descarrile antes de llegar. Pero malo es sacar el billete.

Yo marcaré la casilla. Aunque desapruebe muchas actitudes de la Jerarquía en todos sus escalones. Ellos darán cuenta a Dios por sus obras. A nosotros no nos corresponde juzgarlas. Si no estamos de acuerdo, las pasamos por alto. Por alto se pueden pasar porque se trata de cuestiones opinables de orden temporal.

Los medios de comunicación actuales muestran una gran diligencia en darnos a conocer esas actitudes discutibles del Papa y la Jerarquía. Ante ellas me callo y pido al Señor por el o los responsables de las mismas. Es lo único que puedo hacer como hijo fiel, que pretendo ser, de una Iglesia, que el mismo Dios fundó para mi salvación.

Por todo ello MARCARÉ LA CASILLA.

Un carlista.

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