2 de octubre de 2018 0

Y SEGUIMOS CON EL “NO ES ESO”

En el diario “EL CORREO”, de Bilbao, aparece una entrevista a José M.ª Ruiz Soroa. Se trata de un Abogado que periódicamente firma interesantes artículos en el mismo diario. Recientemente ha presentado un libro que ha titulado “Elogio del liberalismo”. Por considerarlas interesantes, reproduciremos algunas preguntas y respuestas de la entrevista.

 

  • Aclare entonces qué es el liberalismo.

Es el conjunto de ideas que, en la práctica, se ha traducido en la democracia liberal que hoy tenemos en occidente. Y lo más valioso de ella no es el aspecto democrático, sino el liberal.

  • En el libro habla de tres valores: individuo, libertad y ley justa y necesaria para delimitar el poder.

La democracia liberal es la democracia limitada, absolutamente disminuida desde su entrada. Y eso a nadie le gusta. La democracia consiste en los límites, son lo más valioso y sin ellos no habría nada.

  • ¿Y dónde se coloca la raya que marque hasta dónde hay que legislar para garantizar la libertad del individuo?

Ése es un debate constante porque cambian las circunstancias y la vida social. Temas que hace cien años parecían propios de la vida privada, como el familiar o el sexual hoy en día se han vuelto públicos. Es normal que así sea. Pero siempre tiene que haber una raya. Y en muchos aspectos, nuestras sociedades occidentales están pasándose de la raya, se está legislando sobre el pensamiento.

  • ¿Y no lo comparte?

Se están convirtiendo en delito puras manifestaciones de pensamiento. Se está condenando a raperos simplemente por expresar ideas. Ideas absolutamente deplorables desde mi punto de vista, pero no sancionables.

  • El sistema no es tan perfecto.

El sistema, desde el punto de vista arquitectónico, no tiene ningún defecto grave. Otra cosa es si los que lo habitan viven de acuerdo con las reglas. El problema es el funcionamiento de las instituciones, de la clase política, de la justicia. Eso sólo se arregla cambiando comportamientos. Pero a los partidos no les apetece nada decir ´el problema somos nosotros y nuestro comportamiento hace un capitalismo de amiguetes´.

  • Se asocia liberalismo con neoliberal económico y el ultracapitalismo.

Es un error. El liberal está en contra de cualquier poder excesivo y su receta es siempre limitarlo. Y esto no se aplica sólo a los gobiernos o los estados, sino también al mercado. El mercado puede generar situaciones de poder inmensas.

  • ¿Y cómo se consigue ser un buen político?

Con la práctica y con vocación. E n nuestro sistema, la selección de las élites políticas la realizan las propias formaciones, y éste es su mayor fallo. En los partidos sólo sale adelante el que no pone pegas, el obediente, el que adora al líder. Seleccionan al revés, a los peores, no a los mejores.

Hemos reproducido las preguntas y respuestas más interesantes de la entrevista: las que se refieren a los principios del liberalismo y la explicación que un liberal da de por qué las cosas van mal con el sistema liberal imperante.

Para que nuestros lectores se den cuenta cabal de lo funesto del liberalismo, aplicado a la política, les recomendamos que lean y relean el texto reproducido y reflexionen sobre el mismo.

La buena intención del entrevistado es evidente. Los numerosos artículos que viene publicando en el citado diario lo avalan. Esa buena intención le lleva a criticar el funcionamiento del actual sistema político. Que es una consecuencia del liberalismo que defiende.

Habla de una raya que no se debe traspasar, pero en ningún momento determina dónde debe ser colocada. Y es que el liberalismo es incapaz de poner un límite a los abusos que origina la profesión de fe en una libertad ilimitada. No puede salir de la contradicción que supone limitar a lo que se ha declarado absoluto e ilimitado.

Por eso el liberalismo, en la pluma o en la boca de sus más ilustres defensores, es una utopía. Una colección de buenas intenciones. Es lo que nos enseña la experiencia. Las declaraciones que hemos reproducido nos recuerdan al, ya famoso, “no es eso” de Ortega y Gasset en tiempos de la Republica. Y nosotros le contestamos como venimos haciendo siempre: “sí es eso, ¿por qué habría de ser de otro modo?

 

 

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