»Uniformidad» cultural de la población, base para una exitosa unidad política nacional

(Iván Guerrero)
Es un hecho que para gozar de un orden político institucional aceptable una nación debe ser consciente de que todos sus habitantes poseen tradiciones y costumbres comunes entre ellos, pues toda comunidad política humana se forma, se nutre, se cohesiona y por último se fortalece así.
Si tenemos en cuenta que una raza en concreto de hombres y mujeres por su carácter y forma de ser es capaz de crear una cultura propia genuina y la cultura es la que nos hace y nos identifica como pueblo y como nación entonces a la conclusión que llegamos sería el ser necesaria una cierta uniformidad racial (aunque hay ciertos »expertos» que dicen que no existen las razas humanas) y a la vez cultural. Y eso no significa ser »racista» o cosas parecidas como se menta por ahí constantemente por hablar así, ya que pensar de esa forma es de idiotas, no, es simplemente ser realista.
En fin, si aceptamos que debe haber una cultura común adaptada y aceptada de forma natural durante generaciones por todas las personas de esa nación entonces dentro de esa cultura debe caber inevitablemente la religión ya que toda nación se forja mediante la religión y se hunde irremediablemente al alejarse de la misma pues es la religión (queramos o no verlo así en nuestro mediocre mundo moderno) la base moral de una civilización y alejarse de ella es alejarse de unos principios morales sin los cuales no puede existir ninguna comunidad política ordenada civilizada ya que sólo mediante leyes civiles no se puede corregir y a la vez regular el carácter »pecador» humano. Y tampoco podemos ignorar a nuestro hacedor pues eso sería como escupir a la cara a nuestros propios padres biológicos siendo esto de desagradecidos a la vez que de malos hijos.
En un pasado ancestral la uniformidad »racial», cultural y religiosa eran tenidas en cuenta (aunque ahora se diga lo contrario) para conseguir un orden político sostenible. Sin ir más lejos, en nuestra época de apogeo todo lo que nos dividía socialmente era, poco a poco, reducido. Se sabía que para llegar a un orden político aceptable se necesita, de base, cierta uniformidad en las costumbres, la cultura y por supuesto la religión ya que ésta última es como dije que moldea caracteres al ser neutralizadora de pecados y potenciadora de sanas costumbres. Sin todo esto todas las instituciones serán débiles pues se asentarán siempre en »arenas movedizas»
Desde hace un tiempo todo eso se está invirtiendo. Por un lado está la estúpida y mediocre educación anticristiana recibida por el pueblo con el objetivo de convertirle en una máquina productora y consumidora sin corazón al servicio de una plutocracia »demoníaca», además de los arcaicos regionalismos, y por la otra está el ya gran número de variedad racial y cultural que puebla (y poblará) España haciendo que nuestra identidad como pueblo se difumine para dar forma con el tiempo a otra totalmente distinta a la establecida durante siglos por estas tierras. Ese regionalismo arcaico y el »multiculturalismo» (el mundo ya es de por sí multicultural) chapucero sólo traerán con el pasar de los años enfrentamientos internos al no poder entenderse ya los habitantes del país desembocando con ello España en un debilitamiento del Estado y a una posible disgregación del mismo, cosa está contenida en las mentes de la plutocracia desde hace largo tiempo para conseguir totalmente su principal objetivo, el imperio globalista »satánico» mundial.
